• Don't fall in love with me •
Ya se encontraba en el auto, solo que en vez de pedirle a su padre que la dejara en el departamento, le pidió que la llevara directamente al colegio. Aquella cita con John la había planeado, pero luego de la charla que habían tenido la noche anterior, no estaba muy convencida de ir o no. Al llegar al colegio le pidió a su sobrina que dejara su maleta en su habitación, dándole la llave con cuidado, pidiéndole que la guardara, que ella luego la recogería. Sin duda estar en familia le había hecho bien, pero de cualquier modo no había dejado de pensar en todas las cosas que le habían pasado desde su llegada al colegio, incluido, el beso. Apagó su celular, guardándolo en el bolsillo de su chaqueta, sin querer ser interrumpida. Caminó rápidamente, casi corriendo, hasta las gradas que él le había dicho, notando las luces apagadas, como antes, intentando localizarlo. Luego de unos segundos lo hizo, acercándose a él, sentándose a su lado, para luego abrazarlo, como le había dicho que iba a hacer cuando habían hablado.
Mickey estaba ahí desde la mañana que había llegado temprano, no se había encontrado con Bianca porque ella estaría bien con su idiota, y él quería estar solo con su estupidez y miseria, a veces tenía esos momentos de distracción, donde el papel de idiota terminaba y llegaba todo lo que le sucedía. El dolor llegaba y Mickey quedaba ciego, como un nene que no puede ver la luz. Sentado en una de las gradas, con su botella de vodka, era la idea perfecta de deprimido sin sentido, pero cuando vio acercarse a Mía, con esa hermosa cabellera que a él le encantaba, sonrió, mirando la bolsa de regalo que tenía a su lado. No tuvo tiempo ni siquiera de dársela o enseñársela, porque ella ya estaba sobre él abrazándolo y por más que Mickey a veces necesitaba cierta contención, no iba a rendirse a ella. Sólo le devolvió el abrazo, escondiendo su rostro en el cuello de la chica para dejar un beso casi suave, alejándose a los segundos. - No pensé que ibas a llegar tan rápido.
-Te dije que estaba en la entrada de mi casa, no queda tan lejos. – comentó encogiéndose de hombros. Realmente no sabía cómo actuar, sentía ese miedo hablarle, toda la vida lo había sentido, pero se había pasado aquello, en cambio ahora lo sentía más latente que nunca. -Quiero mi regalo, Silver. – le hizo aquel reproche bromeando, guiñándole ligeramente un ojo. Ella no tenía nada para él, la habían tenido encerrado todo el fin de semana largo y ni siquiera chocolates había comprado para regalar a los demás, puesto que a ella no le gustaban. Ese miedo que sentía al estar con él no debería de existir, pero lo hacía, y era demasiado molesto para la rubia. – Querías verme, aquí me tienes. – le sonrió tiernamente, apoyando sus manos en sus propias rodillas, estirando las piernas
Mickey dejó la botella a un lado acomodándose un poco en el asiento para mirarla desde donde estaba, le sonrió de lado aun concentrado en la nada, tratando de quitar lentamente la melancolía que él sentía, lo cual era difícil, pero lo hacía. Tomó la bolsa de regalo, Mickey no era de los que esperaban a que la persona viera lo que él traía, lo mostraba y listo. Así hizo, le mostró aquel Mickey de peluche. Lo había comprado con la compañía de su hermana y era realmente caro, porque lo habían comprado en una sucursal del Disney en Paris, ya que no podían ir de un día para el otro a ese lugar al que siempre Mickey quiso ir. - Para que te acuerdes de mis orejas -bromeó un poco acercándoselo, era realmente tierno el regalo, y el peluche era suave como para abrazarlo cuando uno dormía.
Tomó aquello, sacando el peluche con cuidado, sonriendo automáticamente al verlo. Su hermana mayor solía tener una colección de esos, pero habían sido quemados en uno de los ataques de odio de Amy, los cuales pasaban seguido últimamente. Aquel peluche realmente le había gustado, además, había sido un gesto tierno y con sentido, porque la rubia le daría mucho uso. —Mickey, es hermoso, eres hermoso. — respondió abrazando al ratón y luego a él, alejándose solo un poco. —Bueno, cuando no duerma contigo, dormiré con él, y te recordare a ti, y a tus orejas. — comento sonriendo, sin alejarse de ninguno de los dos.
El chico rubio sonrió contento porque le gustaba el regalo, era un gran alivio pero no dijo nada, sólo se sintió levemente extraño por tanto cariño por parte de Mía, cuando antes decía ser bastante callada o alejada. Era extraño para Mickey, pero ahí estaba alejándose un poco aun manteniendo la sonrisa tierna que lo caracterizaba. - Exagerada -bromeó un poco elevando su mano hasta el rostro de la chica para acariciarlo con suma suavidad. - Estás así como un tanto exageradamente melosa y no creo merecérmelo.
-Ya no te tengo miedo, no ahora. – le contestó sinceramente, dejando el peluche en su falda. No había sido el mejor fin de semana, pero el hablar con su padre le había abierto los ojos en muchos sentidos, y en ese tema también. Siempre la habían asustado, su madre, su familia, diciéndole que no tenía que juntarse con él y cosas así, siempre, y ella hacía caso a los demás, como de costumbre, porque no lo conocía. – Pero quédate tranquilo, no voy a acosarte ni nada, solo me agradas, porque fuiste tierno conmigo, y no demostraste tener otra intensión, no me buscaste un uso, y si lo hiciste no se noto. – se encogió de hombros, apoyando su cabeza en el hombro de él. -Tranquilo, tenemos una maldición encima, todo estará bien. – se limitó a decir aquello, y no solo refiriéndose a ellos, sino a él, a todo lo que le había pasado, pero, no iba a hablarle del tema, no quería hacerlo sentir peor.
Mickey era bastante, posesivo no era la palabra, pero tenía poco respeto en el espacio personal. Tomó la mano de Mía como si fuera suya y no le importó llevarla a sus labios para besar la palma suavemente, en un acto distraído, pero bastante consciente de su parte. - ¿Por que ibas a tener miedo cuando te llevas con el peor de los Broderick? -bromeó un poco sin importancia, lo hacia apropósito, el soltar comentarios agresivos hacia John sólo por diversión, como si nada significaran cuando era lo contrario.
Prácticamente le regaló su mano cuando él la tomo, porque ni siquiera se preocupo en quitarlo, solo la dejo allí, sonriéndole como tonta. Esa pregunta había sido extraña, porque no conocía a todos los Broderick, y a John no mucho. - Él se acerco a mí, y todavía tan antipática no soy, además, salimos un par de veces and you know, igual, no es lo mismo, solo me cae bien. – se encogió de hombros, mirando a Mickey desde su lugar. -A ver, Mickey, yo te quiero en mi vida, como amigo o como lo que sea, aunque mamá no quiera, yo sí, y era eso, además, siempre soy así, con los que quiero.
Rió, soltando una leve carcajada, porque Mickey era así. Prefería un tanto de honestidad, antes de que leer las cosas de Ginger o algo así. - Como digas, Mía -rió un poco mas girando los ojos, porque a fin de cuentas, no le interesaba. Él era más que libre y ella también, sonrió apoyando las manos en el rostro de Mía, acercándola lo suficiente para apoyar su frente con la de ella. - No me molesta que estés con cualquiera, me molesta que estés con él. Con un Durham asqueroso -era sinceridad lo que decía, con las palabras llenas de odio y rencor, ese rencor que su padre había empezado un día y nunca terminó.
No se sorprendió al escuchar aquello, es más, alejó su frente solo para reír tranquila, y luego si, volver a colocar su frente sobre la de él. -No eres el primero en decirlo, Mickey. – comento como si fuera algo normal escuchar ataques hacia un Durham, pero Mía lo consideraba un Broderick, obviando que era realmente hijo de la ex pareja de su hermana. – A ver, mamá dice que no, porque es hijo de Durham, ¿qué vas a decirme tú, Mickey?- negó con su cabeza levemente, olvidándose de la cercanía, medio ignorándolo al rubio, solo estando allí, pegada a él, por comodidad.
- Que no vas a estar con él -susurró casi implorándole aquello con seriedad, Mickey pocas veces pedía algo. No pedía exclusividad, no pedía nada, sólo que no estuviera con John. Era algo tonto y egoísta, aunque por parte de él venía de otro modo. Aferró una de sus manos al hombro de Mía, impidiendo que se vaya una próxima vez, como había tardado al reírse. Notó que estaba algo ausente, y no supo como volver a recuperarla, pero ahí estaba casi desesperado por Mía, rogándole que lo quisiera a él y a nadie más. - ¿Mía? ¿Por favor?
-Mickey…- obviamente que no iba a estar con John nunca más, era él quien se lo estaba pidiendo, y no su madre. Suspiró levemente, dejando que su cálido aliento chocara con su piel, ocultando aquella sonrisa que quería asomarse en su rostro. Mía sabía que eso iba a ser complicado, porque se conocía, y sabia que él le estaba pidiendo eso, y ella iba a cumplir, pero él iba a estar con cualquier otra, y ella no podría quejarse. -Te prometo que no voy a estar con John, pero prométeme lo que quieras a cambio, solo, no rompas esa promesa, ¿sí?- así era ella, no iba a pedirle nada, el tendría que dar algo a cambio, casi por voluntad propia.
No escuchó de que promesa se trataba, no quiso y sobre todo, porque Mickey no cumplía promesas. Era algo que no podía evitar nunca, era algo Silver... aunque ni él sabía si ahora era eso. No hizo aquel largo camino esa vez para besar a Mía, podía ser tonto y lento como antes, pero esa vez en cambio atrajo a Mía hacia él con fuerza, sin ser lo suficiente rudo, pero si con cierta desesperación cuando juntó sus labios con los de ella, aun no muy seguro si ella iba a aceptarlo.
Respondió a su beso con el mismo desenfreno, pero de una manera más delicada, porque aunque quería besarlo pasionalmente, ella no era así. Apoyó primero sus manos en los hombros de él, para luego subirlos lentamente, hasta rodear su cuello con cuidado, acariciando su cabello levemente. Sentía que debía interrumpirlo, quería decirle que parara, que ella no quería enamorarse de él, pero no podía, porque su mente decía no, pero su corazón estaba dispuesto a arriesgarse, porque enamorarse de un Silver era un gran riesgo para ella. Se separo lentamente, solo de sus labios, para poder abrazarlo con cuidado, apoyando su cabeza en el hombro de él. -No te enamores de mi, Mickey, no me quieras, luego dolerá más. – era la mejor manera de decirle que era ella la que no quería enamorarse, porque quería cambiar la historia, pero no se sentía con aquella capacidad.
Rió un poco, porque Mickey reía hasta en los peores momentos cuando no tenía que hacerlo, dejó sus manos en la cintura de Mía, entrelazando sus propios dedos para que la chica no pudiera escapar de ninguna manera y tenerla demasiado cerca para que eso sucediera alguna vez. - ¿Quien dijo que iba a enamorarme? ¿Quien dijo que yo me enamoro de alguien que no sea yo o Natalie Portman? -bromeó un poco apoyando sus labios sobre la frente de Mía, aun sonriendo, algo que nunca podía llegar a evitar. - Además, te lo tomas todo a lo dramático, Mía. Nadie se va a enamorar de nadie, no funciona así.
Alzo una ceja primero, pero al escucharlo hablar de Natalie Portman no pudo evitar reírse. Que Mickey fuera así, era bueno para ella, o eso creía. Al ver que la tomaba por la cintura se alejó un poco, para luego tirar su cabello hacia atrás, volviendo a la posición de antes. -¿Por qué no quieres que este con John? Y no vale decir porque es un Durham porque eso todos lo sabemos. – sonrió levemente, pasando los brazos de ella nuevamente tras su cuello, quedando a una corta distancia del rostro del chico. – Bien, ¿cómo funcionan entonces? Seguramente no estamos acostumbrados a jugar el mismo juego, so, explícame, soy toda oídos. – le guiñó un ojo, ladeando la cabeza al mirarlo.
Levantó una de sus manos, soltándola levemente pero no por mucho tiempo, para apoyar un dedo sobre aquel ojo que había guiñado y luego bajarlo por su mejilla lentamente hasta terminar en sus labios. Lo mantuvo con una mínima presión hasta dejarlo ir, cayendo por su barbilla. - No es un juego, Mía, tú crees que hago eso. -admitió alejándose finalmente, acomodándose un poco el cabello de distraído, porque a Mickey no le importaba verse bien o mal, no era cosa de él. - No me gusta Durham, con el tiempo te darás cuenta de todo lo que digo. Él es una mierda, y por más que te trate como reina... pronto todo el mundo se enterará de todo lo que haces y vives con él.
-No, no creo eso de ti, creo eso de todos, y hasta que no se demuestre lo contrario no se qué pensar, bah, no pienso nada de nadie, de ti, que eres tierno y me quedaría en tus brazos siempre, nada más, por ahora. – vio como el chico la soltaba, mirándolo desde esa distancia, para luego acomodarle ella aquel cabello rubio. – Bien, no es un juego, no lo tomare como un juego. – dejo su mano caer, al escuchar todo lo que decía de John, aquellas cosas que por algún motivo dolían. - Bien, no más salidas con Durham. Y te daré la razón, no quiero que todos sepan todo, aunque estando aquí en Soul eso es medio imposible. – alejo su mirada, mirando hacia el estadio, para luego sonreírle a él, acercándose a besar sus labios con suavidad. – Gracias por el peluche, pero, este beso, te lo debía yo.
Se sentó en las gradas luego del beso de Mía, jugando con la bolsa de papel en la que había traído el regalo. Le regaló una mínima sonrisa, de todos modos, Mickey sonreía tanto que nunca se notaba cuando no era realmente una sonrisa con felicidad o no. Quería decir bastantes cosas, pero se quedó con las palabras en la boca, algo le pasaba y ni él entendía que era. Prefería guardarlo, aunque fuera demasiado lejos lo que pensaba. - Ni que fuera yo Ginger, o tal vez lo soy, ojalá fuera pelirrojo -dijo con cierta melancolía sonriéndole a Mía.
Aquel comentario logro hacer añicos el corazón de la rubia, quien se encontraba algunos escalones más arriba. Mía lo comprendía, sabía lo que había pasado y lo doloroso que era aquello, porque conocía una sensación bastante similar a la del rubio. Tomó a su Mickey con cuidado, bajando los escalones esta quedar uno debajo de él, quedando entre sus piernas, las cuales acaricio con cuidado, dejando besos por encima del pantalón, en un gesto sumamente cariñoso. -No sé qué decir, y antes de decir una estupidez, prefiero preguntar, ¿quieres hablar de eso?- levantó un poco la mirada, tirando la cabeza hacia atrás, sonriéndole tiernamente. Si Mickey no quería hablar, ella iba a entenderlo, era un tema algo privado, y ellos todavía no tenían demasiada confianza, aunque la rubia quería confiar en él.











