Cuídalo, no sabes las veces que le ha tocado bailar solo, porque a lo mejor antes de ti hubo una que casi hizo que dejara de creer, que le rompió el corazón, que le hizo arrepentirse de haber sido tan cursi, tan sincero y tan real, pero afortunadamente no lo logró.
Y así como lo ves, por dentro sigue queriendo ser el Power Ranger blanco que tenía de pequeño, se emociona y le brillan los ojitos cuando le mandas algo empalagoso, cuando le dices despacito al oído que tus futuros son con él, cuando con canciones y poemas le dices lo que a veces la cabeza batalla en expresar, cuando le pones atención a sus partidos, a sus videojuegos o lo acompañas con los amigos para presumirte y para darte unos buenos besos.
Así que, porfa, no hagas que ese buen tipo se arrepienta de serlo, porque ya hay muchos cabrones que sólo juegan y van repartiendo dudas después de visitar la cama, y él no es de esos, te bastó ver su sonrisa para saber que era diferente, te trata como su niña chiquita, te consiente como su princesa, te coge de manera salvaje, te cuida como su mayor tesoro y te sigue viendo como todo lo que soñó y un día se le cumplió.
Por eso cuídalo, presúmelo, valóralo, dale a diario de ese amorcito rico que le haga olvidar los malos tragos, porque ese vato lleno de pasado, de poesía y con esa alma tan chingona, mereces toda la cabrona pena, porque él también es el tipo de vato al que miras y no sabes si invitarle un cafecito, una cerveza, una vida o las tres juntas.














