No me ciño a lo dicho, ni niego lo hecho, me dirijo multilateralmente, entre los tiempos y mis versiones, entre mis palabras pensadas y las escritas. Lo que miré ya no lo es, y eso no me agobia, el cambio de mi posición y el aspecto de los lugares y las cosas, hacen infinitas mis memorias, mis ideas sobre lo que viví… comprendo mi fragilidad, mi incapacidad por entender mi relación con las cosas por completo.
Pero al ser consciente de esas borrosidades que nublan mi hacer y pensar, vivo más tranquilamente, no me condeno y al contrario me vuelvo más dócil con el mar que me rodea, me siento inmerso en un sistema complejo e inabarcable, y así dispongo mis fuerzas hacia donde deseo, sabiéndome diminuto, impotente y fugaz.











