Insisto, el tiempo se dilata, se alejan los segundos de los minutos. Y lo que parecía un acto nimio, un beso efímero se convierte en una acción poética contra la muerte y el fin. La vida emana de aquellos labios, y yo no quiero dejar de recibirla.
Noah Kahan
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Insisto, el tiempo se dilata, se alejan los segundos de los minutos. Y lo que parecía un acto nimio, un beso efímero se convierte en una acción poética contra la muerte y el fin. La vida emana de aquellos labios, y yo no quiero dejar de recibirla.
Fragmento Sueño de una noche
Y ¿cómo es? Vertical, inamovible sobre la horizontal del suelo, tan firme y fuerte sobre la tierra, tan inmutable, como el monte Fuji, ¡sí! Me transmite aquello, un extremado frío en las alturas, que me paraliza e inmuniza al dolor, un calor intenso en su centro de volcán, que me diluye como a una roca en su lava intensa de sensualidad. Tanta próxima al cielo, tan cerca de Zeus y Odín, con acceso directo a las puertas del Olimpo y del Valhala , los dioses no han podido obligarle a elegir, ella ha impuesto su voluntad, de no pertenecerle a nadie, se halla en el punto medio de todas las cosas. Abajo se expande por la tierra, da cobijo a miles de animales, pájaros cantores y zorros caminantes, a miles de plantas, árboles milenarios y flores efímeras.
No me ciño a lo dicho, ni niego lo hecho, me dirijo multilateralmente, entre los tiempos y mis versiones, entre mis palabras pensadas y las escritas. Lo que miré ya no lo es, y eso no me agobia, el cambio de mi posición y el aspecto de los lugares y las cosas, hacen infinitas mis memorias, mis ideas sobre lo que viví… comprendo mi fragilidad, mi incapacidad por entender mi relación con las cosas por completo.
Pero al ser consciente de esas borrosidades que nublan mi hacer y pensar, vivo más tranquilamente, no me condeno y al contrario me vuelvo más dócil con el mar que me rodea, me siento inmerso en un sistema complejo e inabarcable, y así dispongo mis fuerzas hacia donde deseo, sabiéndome diminuto, impotente y fugaz.
Es-es: A la izquierda un ambiente neutro de nada para Él, quizás las olas del mar al fondo, golpeando suavemente sus pensamientos, un ir y venir de luz azul sobre la amarilla, modificando el ambiente suavemente, entre la alegría de existir y la desdicha de saberse efímero.
Maria José me expresa que nos han llevado a pensar que hemos de ser eternos, que nuestra estancia por el mundo ha de dejar una huella visible, que pueda transmitirse, y con ello en cierta medida han creado una angustia que nos persigue, ¿cómo y por qué voy a ser recordado? Como si el simple ejercicio de la memoria de otro, nos salvara de nuestra propia muerte, pero ah, no creo.
Apuntes sobre la muerte
Muerte, aludes al fin, ironía poder nombrarte mientras vivo. Para qué se usa esa palabra si no se puede experimentar cuando hablo. A qué abstracción absurda de la falta de vida te refieres. Detesto que estés contenida en sólo 6 letras y destruyas al llegar, todas las otras posibles.
...
Entonces morir es la inconsciencia de la perdida y la pertenencia, es la ausencia total, que ni lastima ni genera placer, es no ser nada sin poder saber que no se es.
Divisar el paisaje natural, acercarse de todas las formas posibles para nunca encontrarlo de cara, una imagen escurridiza que se va retrasando con nuestro caminar hasta que encontramos de nuevo el duro pavimento y las voces del comercio. ¿Cuán diferente es esto a mirar una película de bellos paisajes desde la sala de cine de un gran centro comercial?
Cuando me preguntan si no lamento no haberme convertido en un director hollywoodense, como muchos otros directores llegados de Europa, respondo que no lo sé. El azar no actúa más que una vez y no rectifica casi nunca. Me parece, sin embargo, que en Hollywood, atrapado en el sistema americano y aun disponiendo de medios sin comparación posible con los exiguos presupuestos con los que habría de desenvolverme en México, mis películas hubieran sido completamente distintas. ¿Qué películas? No lo sé. No las he hecho. En consecuencia no lamento nada.
Mi ultimo suspiro, Luis Buñuel. Cap. Hollywood, continuación y fin, Pg.185
No se puede devolver, es preciso actuar ya, de inmediato, sin más. Es necesario arrojarse al vacío, desprenderse de todo miedo o temor paralizador, para imprimir en el ahora la máxima expresión de vida que pueda surgir de nuestros cuerpos. Y escribir, para no dejarle todo a la memoria pues el olvido acecha ferozmente mientras se amontonan los recuerdos sin sentido.
Hay cosas que uno hace o deja de hacer, a sabiendas que lo van a joder, que lo van a atormentar y hasta a quitar el sueño, pero no es ingenuidad, es una relación contraria hacia el deseo, donde la posibilidad de su no obtención genera a su vez cierto placer, la negación inducida.
Sara
Mis pupilas se dilataron, desbordadas en el atrapar. Estrellas blancas sobre fondo negro, plumaje de cuervo negro satín, protegiendo sus pies la tela oscura gastada de bailar en el infierno, pendientes de lata, la basura no existe, es sólo una desfavorable percepción nuestra de significados mal conjugados. Nieve, copos y cristales dando forma fugaz a su figura de líneas ligeras, suaves y casi diluidas en el rastro de sus movimientos, pequeñas gotas de agua.
El particular, que en su despacho sólo tiene en cuenta realidades, pide que en su interior se le alimenten las ilusiones... Su salón es un palco sobre el teatro del universo.
Prólogo de Francisco Jarauta en Sueños de habitar de Blanca Lleó
Volar con la bala es permitir al vector, una vez liberado, habitarse a sí mismo; es el intervalo entre las ansias de convertirse en sustancia, un medio plástico activo proyectado hacia el futuro, el cual, a su vez, lo recibe. No sabemos por adelantado que será, porque es pura formación (potencial) sin forma
Sanford Kwinter, Volar con la bala o ¿cuándo empezó el futuro? en (Rem Koolhaas Conversaciones con estudiantes). Pg. 90
...a mí, me inundó con su aire caliente, intenso bugir del centro de su cuerpo, me abalanzó hacia el mundo, haciéndome girar para verlo todo, liberó a mi sensibilidad de aquello que la domesticaba, acalló mi mente y dio rienda suelta a mi hacer.
En el jardín del Placer
La noche siguiente.
Un hilo de imágenes empezaba a brotar, surcando la penumbra de mi habitación, la sombra de los árboles entrecruzada con la de mis objetos creaba perfiles, relaciones, intensidades, que servían para apuntalar la aparición de sus cuerpos, movimientos y caricias que con el paso del tiempo se hacían lejanos.
Y mire, hijo, en la vida llega un momento -muy lejano- en el que los ojos, cansados, no toleran ya sino una luz: la que una noche como ésta prepara y destila con la obscuridad, donde los oídos no pueden ya escuchar sino la música interpretada por la luz de la luna en la flauta del silencio
En busca del tiempo perdido, Marcel Proust. Libro 1, Pg. 158