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Algo acerca de estar en el bosque, lejos de las normas estrictas y las miradas vigilantes de la corte que permitía respirar. Uno fácilmente podía permitirse sonreír, sentarse frente al fuego y simplemente escuchar los sonidos de la naturaleza a su alrededor, relajarse, palabra que jamás estaba en el vocabulario de la realeza. Y aparentemente tampoco en el del caballero, parado de pie junto al carruaje.
Su postura era tensa, y su mirada atento vigilaban el bosque como si este poseyera ojos que le espiaban desde las sombras. No obstante, la postura de Sir D’Evreux siempre resultaba tensa. Demasiados años en la guerra quizá, o tal vez fuera un rasgo que provenía de ser un muchacho de cuna pobre, rodeado de nobles.
-Su alteza -comenzó, sin moverse de su sitio, tal cual un guardia se tratara -con el debido respeto, no creo que debamos detenernos aquí -podía notarse en el modo en que hablaba que no estaba seguro de tener el derecho de hablar pero la situación no le dejaba otra alternativa.
Su mirada captó la de uno de las damas de compañía y esta claramente le advertía sin palabras que cerrara su bocaza. Su trabajo era proteger a la princesa y si ella quería detenerse pues él debía obedecer y asegurarse de que nada le sucediera. Pero estando allí en medio de la nada, parecía un riesgo innecesario. Desde luego que él estaba habituado a largos viajes sin descanso, noches en vela montando guardia, escasas raciones de comida. No podía pretender lo mismo de la próxima regente, siquiera del resto de las damas.
Inspiró aire profundamente y se movió de su posición, decidiendo en cambio por examinar el perímetro mientras permitía al convoy que descansara un momento.











