Los pies descalzos de la parca se mueven por el césped recién cortado, el aroma a hierba y rocío de madrugada le acompañaban en esa danza que se daba debajo de la luna entre el viento de primavera y la túnica de colores violetas y rosados, traslucidos y que le daban un aire fantasmagórico, en ese momento donde la oscuridad era más potente, justo antes de un amanecer. Es silencioso como un zorro, y ligero como el aleteo de una mariposa cuando abandona la zona del jardín de aquella cabaña donde los demás descansaban, percibiendo las miradas de las parcas que no necesitaban dormir y preferían cuidar de los humanos. No presta atención, porque su instinto le introduce en aquel bosque, metiéndose profundo hasta donde la esencia de alguien que había visto crecer, pero nunca más había visitado, aguardaba. Donde sus pies pisan, el pasto se vuelve luminoso de un violeta claro, no marchita la vida alrededor de él, al contrario, brinda color y fortaleza a la misma. - —Es un lugar encantador, este, que tienes aquí… — -su voz hace acto de presencia, sonriendo suavemente al mago al seguramente, haberlo tomado por sorpresa. Rowen había estado algo distante, tal vez abrumado por ver a las cuatro parcas descender y hablar sobre un plan, sobre entrenamiento, sobre profecías. Por ello, Elysium necesitaba ese instante antes de que el sol saliera, para conectar con su protegido. - —¿Es acaso mi presencia no un deleite y más una molestia para ti, mi pequeño Rowen?