La verdad es que la creación de un plan de agroecología fácilmente podría implementarse si realmente existiese una política de Estado para ello. Sin embargo, para crear e implementar un plan como este, se debería comenzar por examinar las regulaciones existentes, muchas de ellas obsoletas e ineficientes. Por ejemplo las fumigaciones de agrotóxicos tanto terrestres como aéreas y las que se implementan en las cercanías de los ríos, arroyos u otras fuentes de agua y la normativa que permite fumigar a 10 y 30 metros de cualquier fuente de agua. Por otro lado, tampoco existe ninguna regulación que prohíba la fumigación, aérea o terrestre, en zonas que no son reconocidas como zonas pobladas. Podría desarrollarse una producción agroecológica y orgánica mucho más importante de la que ya existe, pero lamentablemente los productores orgánicos están constantemente amenazado por las fumigaciones de agrotóxicos, tanto en sus predios como en las fuentes de agua cercanas a estos. Además, muchos de ellos se encuentran rodeados de monocultivos agrícolas, principalmente por soja transgénica, entre otros, donde periódicamente son fumigados por venenos altamente tóxicos, que permanecen tanto en el agua como en el suelo por largos periodos.











