DEMAGOGOS Pequeño dios o gran farsante
Sofía Crimen
Como una condición humana, somos seducidos por el agridulce sabor del poder, retorcidos e infantiloides sentimientos de placer al sometimiento de los más vulnerables, por medio de mitos, que afectan la psique del sometido. El ingrediente especial de nuestro pastel, el temor, es sin duda una de las armas más poderosas del que ejerce el papel de opresor, y es el móvil del reprimido. La vida diaria se torna menos aburrida con su circo de horrores y morbosidades. Como cualquier placer, solemos querer repetir todo evento que nos proporcione un sentimiento de gozo, probándolo por primera vez desde que tenemos uso razón, nos encanta, llena nuestro ego, nos da una sensación de bienestar, excitante dulzura ácida adictiva. Es un condimento picante a la vida, una liberación al peso de la cordura monótona. Para La Crimen es un juego perverso de niños. Ser humano, animado por sus instintos más primigenios, en guerra consigo mismo para siempre…










