Dia 0
Termino el 2017, comenzó el 2018. Mi vida no tiene nada de espectacular… sólo mis más de 100 kilos de persona. Estoy a dos días de cumplir 20 y ya estoy comenzando a experimentar la crisis de la “adultez”.
No trabajo, estoy de vacaciones y no tengo novio, lo que me deja mucho tiempo para pensar y sobre pensar las cosas, como porque ocupo casi todo el espejo cuando me paro enfrente del espejo o porque mis hermanas de cariño me dicen gordita. La verdad es que ya he intentado arreglar este no tan pequeño problema de mi persona, pero como se imaginaran… no lo logré.
O sea, sí. Alcancé a bajar lo suficiente de peso como para que mis compañeras de clases y mi profesora jefe lo notase (todo a esto a un muy caro tratamiento que mi familia pagó) pero no lo suficiente como para que mi cerebro lo asimilara y disfrutara de eso mientras en todo lo que me podía pensar es que no era suficiente, en que seguía siendo GORDA y que un par de kilos menos no iba a solucionar mágicamente mi cero autoestima. Por lo que lo dejé y comencé a comer y a dejar de ejercitar.
Y acabé aquí, comprándome una pesa a escondidas de mi familia y enterándome de la verdad que no quería enfrentar, con una página de Internet diciéndome que tengo Obesidad tipo II y con miles de ideas de cómo solucionarlo, pero sabiendo que sola no podré con esto, no pude en un pasado ni podré hacerlo ahora, pero sin la valentía de pedirles a mis padres de que crean e inviertan en mí de nuevo, porque ni yo sé si no lo dejaré tirado en un tiempo más. Y eso, es lo mi peor miedo. Defraudarlos.











