El espejo de la ruina.
Entraron. Les abrí las puertas de mi ciudadela pensando que la lealtad se pagaba con la misma moneda, pero solo trajeron antorchas. He visto cómo reducían a escombros lo que tardé en construir mientras yo permanecía inmóvil, observando mi propia derrota con la frialdad de quien ya no tiene nada que perder.
'This is who I really am'. La canción suena en el eco de mis pasillos vacíos y finalmente lo entiendo: el monstruo no era el chisme, ni el juicio ajeno, ni la sangre traidora. El monstruo era la parte de mí que bajó la guardia, la que permitió que cruzaran la muralla y profanaran mi santuario.
Hoy acepto mi herida no como una cicatriz, sino como una nueva extremidad. Me han llamado culpable, me han llamado cobarde... y he decidido que tienen razón. Si para cuidar lo que amaba tuve que convertirme en el villano de su historia, que así sea. Lo acepto.
Me miran y no me reconocen; yo me miro y por fin me encuentro. Gracias por nada. Gracias por el incendio, por la traición y por empujarme al abismo. Aquí, en la oscuridad absoluta, es donde mi alma finalmente ha dejado de pelear para empezar a reinar.
Come break me down. Marry me, bury me. Ya lo hicieron. Ahora, observen lo que queda.















