Siempre había disfrutado de la tranquilidad que la terraza de la biblioteca le daba, era un lugar lo bastante tranquilo cómo para no terminar golpeando a alguien, además de que siempre se podía fumar allí, era difícil que algún profesor se pasase a aquellas horas, por lo cual la morena se limitaba a disfrutar del cigarro que, de manera sorprendente, llevaba quizá diez minutos en su mano, se había vuelto un hábito, y en verdad lo disfrutaba. Giró de manera lenta la cabeza al notar por el rabillo del ojo una figura, una sonrisa socarrona asomándose de sus labios ante la cercanía que la misma tenía con la barandilla “¿Vas a saltar?” preguntó con un tono medianamente monótono, llevando de nueva cuenta el cigarro a los labios “Te agradecería que me avisaras” prosiguió encogiendo los hombros, regresando la mirada a sus propios pies “Qué así tendré tiempo de largarme, no necesito que digan que te he empujado” finalizó con una mueca.














