Arabella Saltzman le intrigaba en demasía, la joven parecía estar cubierta por capas y capas de dureza, las cuales se encargaba de proyectar al exterior, siempre tan dura e indiferente con la mayoría de las personas, siempre tan difícil de descifrar. La morena resultaba interesante para cualquiera que estuviese a tan solo unos centímetros de ella, era un misterio por completo y cada palabra que cruzaba contigo te dejaba con un sabor y ganas de saber más acerca de su vida. A Kenneth no le había llegado aquel efecto hasta que la conoció más, porque al verla por vez primera definitivamente le había resultado atractiva, eso nadie lo negaría, pero solo había sido eso en un primer momento. Cuando hubo cruzado las primeras oraciones con ella algo le llamó su atención, no sabía que era pero había algo en la menor que le habían dejado ansioso por conocer más de ella. Le había ocurrido aquello en una sola ocasión, la chica se llamaba Alexis Moenning y cuando él le había entregado absolutamente todo de sí, para ella fue mucho más sencillo tirar todo a la basura y engañarlo con el primero que se le puso en frente. Desde ese instante, a Ogden le entró un rechazo tremendo a las relaciones amorosas, un desprecio por todo lo que las mismas envolvían, un sentido de repulsión hacia ellas, en ese momento fue como si de su propio cuerpo emergiera un escudo completamente nuevo a los anteriores, forzándolo a cerrarse a ese mundo y transformándolo de cierto modo a lo que era ahora. Las personas solían decir que el castaño se había vuelto así por despecho, y probablemente así era, pero él no quería echarle toda la culpa a la joven pues no la tenía. Lo cierto era que las relaciones amorosas nunca habían sido lo suyo, nunca había confiado en lo que las mismas representaban ni tampoco en poder mantener una de una forma correcta. Con esa decepción, todas esas ideas volvieron a su cabeza reforzadas y con una base firme, completamente seguro de que creía en ellas y de que la formalidad no era para él. Así que, cuando Arabella apareció de pronto en su vida como un torbellino, se refugió aún más en su burbuja. Tenía miedo, y probablemente nunca admitiría aquello, miedo a dos cosas: principalmente a lastimar-la con sus actitudes, y en segundo lugar a que él fuera el que finalmente resultara lastimado. Y nunca lo admitiría porque ahí terminaría por demostrar lo mucho que le atrae la morena, y que -al final- también le importaba. “Y es por eso que me gusta charlar contigo, podríamos decir que me mantienes con los pies en la tierra, además vuelves las cosas un poco más interesantes” reconoció, al final dando un ligero encogimiento de hombros. Bella había llegado a sacudir de cierto modo su mundo, con esa actitud tan indiferente y fría que en ocasiones tenía con él no hacía más que hacerle querer estar mas cerca de ella. “Por supuesto que las hay, a la maestra de química, a esa chica Thalia, por supuesto a ti. Hay bastantes en realidad, no soy tan bueno conquistando chicas Arabella, aunque tú pienses lo contrario” el cinismo con el que hablaba parecía hasta cierto punto irreal, y cómico también a algunas personas, pero Kenneth solo lo hacía con el afán de molestarle un poco. “Esa imagen de niña ruda e indiferente, como si no quisieras estar cerca de mi, como si te resultara repulsivo. Te felicito por tu gran actuación” le sonrió ampliamente tomando la botella y dando el último trago a la misma, un trago largo y que provocó un ardor en su garganta nuevamente. “Soy amable solo con las personas que me agradan Bella, lo que tú no entiendes es que no quiero ‘tirarme’ a todo lo que se mueve, por más que te aferres a esa idea” explicó con una sonrisa más bien ladina, no le agradaba demasiado que la contraria pensara así de ella, que esa fuera la única imagen que comprendiera. “Eso es perfecto” respondió, el comentario de la fémina acerca de enamorarse si le había dolido, pero él mismo se lo había buscado, estaba consciente que una chica como Arabella no se enamoraría de él nunca. “No, por ella definitivamente no, es otra persona pero eso ya no importa” ¿en verdad lo creía tan estúpido como para regresar con la castaña que le había roto el corazón? “Justo ahora no tengo idea, de hecho me siento bastante idiota por haber estado con ella. En su momento supongo que fue su físico, pero además, al principio era… diferente a la Alexis que hoy conoces”
Le daba miedo la facilidad con la que el contrario podía introducirse debajo de su piel sin ningún esfuerzo, sin siquiera pretenderlo o quererlo, lo hacía y listo, de la misma manera en la que se respira o se habla, algo tan natural que lograba que la morena se congelase por completo, nunca en ninguna realidad, hubiese pensado que el chico que tenía fama de mujeriego y de ser, hasta cierto punto, un verdadero idiota fuese precisamente quien lograra precisamente aquel efecto en Saltzman, cuándo le conoció cayó en cuenta de que era, sin lugar a dudas, una persona atractiva, agradable a la vista y no tenía las agallas para negar que inclusive en una primera conversación le agradó su manera de pensar, aunque Arabella estaba acostumbrada a que no todo es tan bueno cómo se piensa y cuándo al final Kenneth comenzó, de a poco, a formarse aquella reputación a Arabella no le quedo de otra más que cerrarse en una burbuja, algo que hacía con frecuencia, pero que de cualquier manera y sin esperarlo era diferente en compañía de Ogden, era mucho mas notorio, lo cuál sólo lograba que aquello que se empeñaba en ocultar tanto se notase si te fijabas con sumo cuidado, el hecho de que a la castaña le aterraba tan sólo el pensar en mostrarse vulnerable en compañía de su contrario. Nunca había sentido algo igual, o al menos similar, la única persona con la cuál creyó que había algo cómo aquella emoción que tanto reprimía había sido con Conan, su ex-novio, la realidad era distinta, mientras Arabella entregaba todo el contrario no podía evitar dejar de ser él, razón por la cuál nunca le culpo realmente, no le importaba demasiado lo que pasase con él, pues de a poco comprendió que aquella relación había nacido de su necesidad, o más bien miedo, a no estar sola, pues era la época en la que, muy a su pesar, en algún momento tuvo que admitir sentirse vulnerable. La música seguía retumbando en sus oídos de la misma manera en la que el olor a cigarrillo y perfume le inundaba las fosas nasales, pero aquello por vez primera no le importaba, estaba aún más concentrada en las reacciones ajenas, en el movimiento y cambio en las facciones, en algún indicio, se sentía cómo aquella frase que había escuchado en algún momento, algo entre las líneas de ni siquiera sabes que esperas, y era justamente lo que sentía cada vez que tenía aunque fuese el mínimo contacto con el contrario. Una sonrisa mucho más sutil que las antes esbozadas le decoró los labios, era la primera vez que de una extraña manera el contrario le dedicaba un halago que no ocultase dobles intenciones, o al menos, lo esperaba. “Gracias supongo” susurró con un ligero carmín en las mejillas, imperceptible gracias a la poca luz “Siempre es un honor mantener a raya a alguien que se siente Apolo” soltó de repente sin poder contenerlo, costumbre suponía ella. “Aunque tu también haces las cosas más interesantes, debo admitir que tienes más materia gris de la que pensaba” bromeó con una mueca demasiado fugaz, parecía probable el hecho de que el contrario no hubiese caído en cuenta de la misma. Entreabrió ligeramente los labios por la sorpresa al mismo tiempo que juntaba ambas piernas con el pecho, para después mascar el labio inferior de manera ausente. “Thalia no te ha dicho que no y la profesora de química seguro que ya se te lanzó encima” murmuró con un ligero tinte de molestia, ambos tomaban aquella asignatura, y la chica no era tonta, se había percatado de aquel juego que ambos se traían entre manos. “Eres mejor para conquistar chicas de lo que pienso Kenneth, no soy idiota” finalizó tajante, volviendo a aquella actitud ligeramente retadora “No estoy actuando Ogden, no se porqué te empeñas a creer tu historia romántica en la cuál me la paso arrancándole los pétalos a las flores para saber si me quieres o no” respondió mientras con una mano se tallaba los ojos con un poco de fuerza, dejando que el delineador se corriese tan sólo un poco. Una carcajada salió de sus labios mientras le miraba con incredulidad, negando con la cabeza un par de veces “Eso se lo puedes decir a alguien que no te conozca, si esa no fuese tu intención, ¿Porqué tienes una chica nueva cada tercer día?” preguntó de manera ligeramente irónica, dejando que de cierta manera se denotara la molestia que aquello le causaba, principalmente por las pobres chicas que después terminaban llorando un par de días, en la mente de Arabella, aunque pudiese celar-le nadie merecía aquello. “Me sorprende que sea otra persona, estaba convencida que tenías una piedra por corazón” mustió aunque la curiosidad le picaba, quería saber quien era ella, no sabía si cómo método de tortura o para de una buena vez por todas convencerse de que aquello era de alguna manera extraña utópico. Escuchó con atención la explicación que salía de los labios ajenos, asintiendo de cuándo en cuándo para que de cierta manera se diese cuenta de que le escuchaba “El amor es ciego, siempre terminas enamorado de alguien que no lo vale, que no lo sabe o que es idiota” masculló con un ligero tinte de humor. “Espera” comenzó entre-abriendo los labios ligeramente. “¿Estás diciendo que Alexis antes no sólo tenía dos neuronas si no tres?” preguntó enarcando ambas cejas “Siempre se aprende algo bueno, aunque no me agrada, no me agrada para nada”