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Dolía. Y no solo por los golpes que minutos atrás había recibido, sino por el hecho de que procedían de una de las personas que más amaba, que más admiraba en toda su vida. Su corazón estaba lo suficientemente maltratado y estaba seguro que cada bombeo significaba una lágrima que su corazón dejaba escapar, transformada en gotas de sangre que emanaban de su labio posiblemente partido. Había huido, sí.. Y sabía que las consecuencias a su vuelta serían muchísimo más graves que las causas por las que se había marchado, pero no podía aguantar ni un segundo más los gritos y discusiones entre las cuatro paredes del lugar que debía denominar hogar. Una vez lejos, se sentó en el escalón de una de las aceras, y se limitó a dejar el tiempo pasar, pensando en qué mierda había hecho en su vida para acabar así.















