No fue necesario para Lucifer el entrar a la sala en donde se llevaría a cabo la reunión de los principales, para escuchar todo el bullicio que se había formado en su interior. Pudo imaginarse como el Consejo intentaba poner orden mientras entre demonios y ángeles, se echaban la culpa de lo sucedido.
Pocas semanas habían transcurrido desde que cualquier criatura sintió la presencia y regreso de esa Bestia a la que solían llamarle. Para Lucifer, fue cuestión de tiempo que sucediese y solo se limitó en ese momento el asegurarse de que Azazel estuviese bien.
Cuando recibió el aviso del consejo sobre el llamado, no tuvo más remedio que abandonar sus dominios para ir junto con el de cabellos castaños, a quien siempre llevaba en esos lugares por obvias razones.
Entrar y posicionarse en su lugar junto con él, fue lo que hizo una vez que llegaron, aprovechó aún el desorden que había para dirigirse a él:
—Intentemos que esto sea rápido para irnos —masculló por debajo, ignorando la presencia de todos los que se encontraban.
Fue entonces, que una voz hostil se alzó ante todos al darse cuenta de que estaban quienes deberían.
—¡Silencio! —gritó quien se encontraba en medio de aquel conjunto de asientos que podían formar la primera mitad de un círculo conformado por siete en total.
Todos aquellos vestidos con la misma túnica, cambiando si acaso, algún detalle que los distinguía entre los demás. Sus rostros cubiertos en totalidad, solo siendo visible lo que parecían sus ojos. A diferencia de ellos, quienes conformaban el consejo no tenían una forma como la de ellos ni como la de los humanos.
—Lucifer y Azazel —siguió el mismo, empezando con dirigirse a ellos. Algo que ya se veía venir— ¿Qué tienen qué decir al respecto de lo sucedido?