—¿Crees que este color me quede bien?— preguntó terminando de pintar sus labios sin levantar la mirada a la persona que estaba a su lado —¿O debería probar otro?—
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—¿Crees que este color me quede bien?— preguntó terminando de pintar sus labios sin levantar la mirada a la persona que estaba a su lado —¿O debería probar otro?—
—Se encontraba de pie en medio de una habitación de la cual había perdido consciencia con el paso del tiempo, que tampoco sentía. Sus orbes de azul profundo escrutaban el techo y al mismo tiempo él escrutaba en sus pensamientos. Volver allí después de haberse ido sin previo aviso... ¿Era una buena idea? Ni siquiera sabía por qué se había ido, y no podía hacer más que cuestionarse lo mismo todo el tiempo, sin obtención de respuesta alguna. Estaba desconectado de la realidad y completamente inconsciente de la mirada de alguien más sobre su persona.—
No tenía ánimos de hacer absolutamente nada. Había bajado a la piscina temprano en la mañana y, desde ese momento, había estado recostada en una de las reposeras. La paz y el silencio en el lugar la acompañaron todo el tiempo, pero poco a poco fue llegando gente, que tampoco le molestaba, de hecho, le gustaba la distracción que le brindaba observarlos. --Espera, se te cayó esto-- le dijo a la persona que pasó a su lado, recogiendo el objeto que estaba a sólo centímetros de ella.
-- ¡Por qué me hacen esto! ¿Es que no ven cuánto sufro? --Se quejó con un deje de tristeza, caminando por el pasillo mientras le hablaba a una barra de jabón con forma de pizza que había encontrado al entrar en el baño de su habitación. -- ¡Está para enamorarse! --se lamentó antes de soltar una sonora carcajada. -- ¿Verdad que sí? --le preguntó a una persona que caminaba por allí. -- Si no supiera ya que es un jabón me la habría comido hace un buen rato --le comentó, sin fijarse en quien era pues, aún mantenía la vista fija en el trozo de "pizza".
—Hay una chica que me ha estado siguiendo desde que salí de la habitación. Me guiña el ojo, me tira besitos, y es linda, pero…tiene una cara de violadora que no se la quita nadie— Le comentó a la primera persona que logró toparse, esperando que fuera uno de sus compañeros, ya que su vista se mantenía en la silueta de la muchacha tras él. — ¿No quieres ayudarme a deshacerme de ella? De paso, te ganas una increíble tarde conmigo — Agregó curvando una amplia sonrisa sobre sus labios, mirando ahora a la persona la cual se dirigía, y buscando así una manera de convencer a esta a aceptar la propuesta anteriormente dicha.
Sí, supongo...
Murmuró, viendo como el hombre que la acompañó desde el aeropuerto dejaba sus maletas en el pasillo. Le sonrió a Gabriella y se fue; la muchacha esbozó un mohin y observó de reojo sus maletas --¿Por qué demonios tuve tuve que traer tanto?-- Bufó, apoyándose en una de estas, rascando parte de su pierna. -- Como que ahora dormiré en el pasillo-- Técnicamente se podría decir de que Gabriella estaba entablando una conversación sola sobre lo exagerada que fue al llevar tantas maletas, y no estaba para nada consciente de que cualquiera la podría observar como si le faltase más de un tornillo.
Uno de los lugares que la ojiazul siempre tenía que visitar en un hotel era su restaurante. Y así fue. El Restaurante Lae Lay fue el privilegiado en verla sentarse sobre uno de los sofás y pedir que alguien le trajese un jugo. Su concentración se veía completamente robada por el paisaje, por lo que al tomar su vaso no prestó atención suficiente y este se deslizó casi completamente sobre alguien—. Oh, perdón, perdón —susurró, frunciendo sus labios en una mueca—. Mierda, lo único que me faltaba —maldijo por lo bajo, tratando de limpiar con sus manos.
Se encontraba sentado solo en el salón 'Chomtawan', una sala de estar fuera del hotel que ofrecía una maravillosa vista, pero no era por eso que estaba allí. Después de recorrer gran parte del hotel, fue el único lugar que encontró en donde no había nadie más. Llevaba un buen rato ahí, pensando en varias cosas que habían cambiado desde el descanso que les habían dado los del reality. Lo que lo sacó de sus pensamientos fue que escuchó como unos pasos se acercaban. —Linda vista ¿no?— comentó el moreno con el propósito de entablar una conversación y tratar de alejar esos pensamientos, aunque aún no miraba quien había llegado.