¿Pueden decirme algo si salto a la piscina? --Se preguntó a si misma mientras miraba el agua frente a ella, segundos después suspiró y con una sonrisa, se lanzó al agua, sin saber, que en realidad había alguien que la estaba observando--
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¿Pueden decirme algo si salto a la piscina? --Se preguntó a si misma mientras miraba el agua frente a ella, segundos después suspiró y con una sonrisa, se lanzó al agua, sin saber, que en realidad había alguien que la estaba observando--
Estaba caminando por los pasillos de la mansión. Ya le habían explicado todo del funcionamiento de ésta y ahora debía conocer a alguien que fuera de su agrado. Honestamente, no le interesaba llegar a conocer a la persona, entre menos supiera mejor. Se detuvo ante una gran vitrina con fotos y sintió a alguien aproximarse detrás de ella. No dijo nada pues, entre el nerviosismo de la primera vez y otras cosas, no sabía como podría iniciar la conversación.
"Una mujer inteligente besa sin enamorarse"
Dijo una vez la más grande sex simbol de todos los tiempos, y eso es lo que ella hacía, besaba, entregaba todo de si sin necesidad de algo a largo plazo, y con el beneficio de una buena suma económica, esa era su vida, eso era lo que había elegido y a lo que se había acostumbrado. La rubia cereza se encontraba admirando su nuevo atuendo, un lindo y ceñido vestido de noche de un color que resaltaba cada uno de sus atributos, sus labios remarcó con un rosa suave, cuando el crujido de la puerta al abrirse le llamó la atención. "¿Que ocurre?" Preguntó a la persona que entraba sin retirar la vista de su espejo.
• • •
La morena entra en el lugar sin quitarse los lentes de sol y dejandole a su chofer la libertad de poder dar una vuelta, distenderse y volver en cuanto ella le mandase un mensaje de texto. Helène conducía a la manera de Francia, por la izquierda, los ingleses se complicaban demasiado y además era nueva en el lugar, se perdería sin dudarlo. Buscaba a alguien que la pudiese guiar, encargado, encargada, dueño, dueña, otros clientes. Era una empresaria de renombre, no podía caer en las manos de la prensa sus actividades extracurriculares. Discreción, era lo que buscaba. Y quería ver qué tanto ese lugar le ofrecía.
Caminaba hacia su habitación colocándose la camiseta rosa apagado luego de estar metido en la piscina minutos antes. Todo parecía tranquilo, así que no le importó ir en toalla por el lugar hasta llegar a las escaleras cuando escuchó una voz detrás de él.
Llevaba un buen rato en el recibidor de la inmensa mansión. "Es sólo un pequeño burdel" dijeron "es famoso por la cantidad de chicos y chicas que hay" ellos dijeron. Pues, el lugar era enorme y no había captado ni un simple movimiento desde que llegó. La cosa le divertía, claro que sí. Se apoyó en una de las mesas que habían allí, negando con la cabeza. Al cabo de unos minutos, sintió una mirada en sí, así que se giró. --¿Sí?
Ya que no tenía nada más que hacer en todo el día, decidió pasársela en la piscina. Al menos nadie le molestaría en un par de horas, no en horarios de trabajo. Estuvo nadando alrededor de dos horas, cuando finalmente se acercó a una de las puntas de la piscina olímpica que la mansión poseía, para así salir. Ni siquiera había notado que alguien le observaba.
La castaña recién entraba a la mansión, había escuchado mucho sobre el lugar pero estaba inquieta por los servicios que ejercía, quería un leve descanso de todo el trabajo que se ejercía. Su mirada se fijo hacía ambos lados pero terminó al frente viendo que solo había una persona se acercó sin más. —Disculpe ¿Quién atiende este lugar?— Esperaba ver una recepción o algo por el estilo.