Right Back To You
such-agirl
Seis meses podrían parecer una eternidad cuando se extraña a una persona, cuando hace falta la otra mitad, un pedazo esencial que en su carencia se es imposible respirar, inundando cada madrugada con insomnio repleto de recuerdos, pensamientos, lamentos y algunos de esos “¿Qué hubiera pasado si..?”.
La adrenalina recorría el cuerpo de la rubia, más que una simple sensación, la necesidad de abandonar el bus que la había transportado de vuelta a Central City, donde después de tanto tiempo, sabía que aún encontraría a su objetivo principal. Las puertas de aquel transporte público se abrieron, dando paso a un pequeño cuerpo que corría a toda velocidad, tomando bocanadas de aire en espera de saber retener ese mar de lágrimas que amenazaba con desatarse en grandes cantidades. Finalmente, se detuvo. De pie frente aquella puerta de madera con las cifras que se había obligado a recordar durante todo este tiempo. Dio un pequeño vistazo por la ventana, percatándose que las luces se encontraban apagadas y, por lo tanto, no había nadie en casa. Su mano viajó hasta el bolsillo de aquel abrigo que cubría todo su torso, en busca de ese pequeño tesoro al que se había aferrado todo este tiempo, como si esto tratase de un amuleto en representación a su misma promesa de que volvería algún día. Sujetó la llave del apartamento entre sus primeros dos dedos y giró de ella dentro de la manija. Fuera seguro. Empujó la puerta y, una vez dentro, cerró la misma por detrás de ella. El apartamento seguía tal y como lo recordaba. ¿Lo único que faltaba? Esa pequeña mesa al centro, en donde sonrisas, caricias y besos habían sido compartidos una noche antes de partir. Presionó el interruptor de la luz y se acercó con cautela hacia el estante en donde se encontraban todas las fotos. Había un retrato de su madre, una imagen de un pequeño y adorable niño al lado de su padre, otra con Joe e Iris y, finalmente, el último marco que capturó su atención hasta el punto de tomarlo entre manos y apreciarlo como nunca antes. Trataba de aquella fotografía tomada en el mejor día de su vida, ese baile de invierno en que había tenido la dicha de conocer a la persona más increíble, comprensiva y perfecta que alguna vez pudiese llegar a encontrar. — Mi amor... — Su dedo pasó por encima de aquel joven y apuesto castaño, admirando aquel rostro que se había negado a olvidar, esa maravillosa sonrisa que hablaba por si sola, demostrando la inmensa felicidad que aquellos días habían alcanzado. De repente, un fuerte golpe interrumpió aquella escena que tan abstraída tenía a la chica. Apartó el objeto que recientemente sujetaba y desvió alarmada la mirada, notando como la puerta de entrada habría paso a ese ser maravilloso, al amor de su vida. Se quedó helada y atónita por un rato, pues a pesar de que mil veces había imaginado ese momento, ahora no sabía como debía reaccionar y le aterraba una respuesta negativa de parte de la persona que ahora tenía al frente. — Barry... — Soltó en un pequeño murmullo, llenándose de una sensación indescriptible por el hecho de volver a verlo. Las lágrimas cristalizaron sus azulinas orbes, las mismas que se encontraban posadas sobre su tan esperado acompañante. Aun estática en el mismo lugar, no evitó sonreír, esbozar una pequeña muestra del alivio que tenerlo de nuevo junto a ella le entregaba y, en ese instante, tuvo el valor de poder hablar. — ¿Me extrañaste? —

















