La pequeña pelirroja se encontraba en la sala común, consumiendo con avidez la historia que se deshacían entre sus manos; Imágenes proyectadas en su mente dibujaban una sonrisa en sus labios. Se encontraba tan absorta que poco notó la compañía, más sus ojos pronto captaron un rostro ajeno. Pandora le dirigió una cortés sonrisa y señaló su lectura. “Creo que esta versión de Sinbad es una de las más increíbles que he leído.” Soltó, pues la facilidad de palabra no le bendecía cuando su tímida actitud, producto de un contacto limitado con personas, se apoderaba de su ser.










