Alguien llegó y sin remordimientos corto mis alas, clausuró mi vuelo, aniquiló mi deseo de levantarme alto y encarceló mi libertad.
Al principio no me di cuenta, le amaba y lo único que me interesaba era hacerle feliz y ponía en mis manos su dicha y alegría.
¡Tonta! No me di cuenta que yo no tenía porque echarle tal responsabilidad y menos yo cargar con ella. Cada quien es quien construye ese, y el amor propio incrementa el que te amén en la misma proporción.
Así que cuando se fue, me dejó perdida en la oscuridad, con el dolor en la mirada y desplumada de esperanza. Se oye feo, pero así fue.
Con el tiempo aprendí a curar mis heridas, surcí mis alas y de a poco me aventure a realizar mis propios vuelos. Ya no dejo ni mi felicidad ni nada en manos de otra persona. Aprendo cada día a amarme, a extender mi pensamiento y querer mi libertad.
Leregi Renga














