Soy un poco groupie de los Sutottos. Tienen mi edad, son talentosos y hacen reir. En realidad casi los envidio. SIgo sus espectáculos desde Sujeto Tácito, al cual me llevó mi amiga Agus Colombo porque conocía a Gadiel. Andrés completa el dúo. Finalmente los entrevisté una noche fría en la Ciudad Cultural Konex donde se presentan todas las semanas. Y la pasé genial.
Aquí la producción para Orilla Sur.
Hace cinco años que Andrés Caminos y Gadiel Sztryk son Sutottos, y como el aniversario amerita, están festejando su cumpleaños en la Ciudad Cultural Konex con Lo más mejor, espectáculo que reúne aquello que una encuesta realizada entre el público y los propios Sutottos refleja como lo mejor de sus cuatro espectáculos.Sutottos, Rococco Amplagued, Sujeto Tácito y Colapso cobran una nueva forma, se reconfiguran en este festejo que, en palabras de Gadiel, tiene mucho más de show que de espectáculo. Algo más de una hora dedicada exclusivamente al disfrute de aquello que ya hizo reír, rodeados de vasitos de plástico, regalos y una torta con velitas.
No se conciben como un dúo sino como un grupo de dos personas, y eso se refleja en su hablar, con respuestas complementarias que generan un fluir ininterrumpido de ideas. “Siempre está el deseo de hacer algo nuevo -asegura Andrés-. No sé bien qué es 'un poco más' o si vamos a lograr alguna vez sentirlo suficiente. Por ahora sé que está buenísimo pero que puede ser mucho mejor lo próximo”. Hablan de “trabajar para lo mismo” como clave para avanzar hacia el horizonte que ellos mismos se plantean.
A pesar de haber recorrido distintas salas durante estos años, conservan en Konex la frescura de sus inicios. Y aceptan las críticas como parte del juego, aunque ubican en otros lugares sus referencias a la hora de evaluar el rumbo que están tomando.
¿Qué aspectos de sus números se pierden al darles un nuevo contexto en Lo más mejor?
Gadiel Sztryk: En realidad lo que se pierde es que todo entraba en una obra y acá son partes sueltas. Pero se gana en el sentido de que elegimos las mejores partes, las más intensas.
Andrés Caminos: Para este espectáculo, que es más un cumpleaños, algunas partes un poco duras no convenían. Todo está más adecuado a una sintonía de festejo. Los otros espectáculos tenían mucho humor pero también había más acidez.
¿En qué momento vieron que habían consolidado un público propio?
GS: Creo que un poco cuando empezamos en Konex. Igual no somos demasiado concientes de eso. Sabemos que viene gente que no nos conoce pero es medio difícil reconocer dónde está el público, de dónde viene.
AC: Me parece que se arman como bolas. Hay como si fueran olas, intensidades, que de repente bajan y de repente suben. Y se siente eso en las funciones. La primera vez que nos pasó eso hacíamos el primer espectáculo, que se llamaba Sutottos. Lo hicimos en el teatro Espacio Urbano, en Acevedo y Corrientes, y era a la gorra. Y no se bien qué pasó, pero se armó algo, una bola de gente que venía y se notaba que tenía que ver con el boca en boca.
Ustedes tienen 5 shows ¿Hay alguno que sea el que más disfrutaron, o en el que sientan que explotaron?
GS: Con Sujeto Tácito fue cuando sentimos que el grupo dio un salto, no porque fuera mejor que otros, pero el primer espectáculo, (Sutottos) fue un poco adolescente. Éramos chicos. El segundo (Rococco Amplagued) fue un intento fallido pero aprendimos del error y el tercero fue Sujeto Tácito, que nos sorprendió a nosotros. Y con el cuarto (Colapso) creo que entramos en otra intensidad. Desde la propuesta artística propusimos algo distinto a lo que venía manteniendo nuestra esencia en Sujeto.
¿Cómo se llevan con el rol del crítico?
AC: Lo peor de una crítica mala es que por ahí te saca un poco de gente o no te trae la gente que te traería una crítica buena. Pero a uno le sirve para darse un poco de prensa, para que la gente se entere. Después, más allá de que lo que diga un crítico, tenemos otros referentes dentro del ámbito teatral. Nosotros trabajamos con (Daniel) Casablanca, que siempre colabora con nosotros, nos da una mano grande, es un referente y seguramente su opinión va a valer más para nosotros. O la búsqueda que tenemos. Y después lo que un crítico escriba es interesante en esa medida.
¿Tuvieron que aprender a lidiar con la frustración, con públicos que no se ríen?
AC: A veces la función está muy buena y no se ríen. Tal vez les da vergüenza o no se genera el clima. Por ahí arranca la función y hay alguien que se ríe mucho o arranca con un aplauso, y es algo de una persona pero se contagia. Igualmente nosotros hacemos humor, está claro, pero creo que de alguna manera es como una protección que nos armamos. No lo pensamos como algo que de gracia. Está armado desde otro lado. Da gracia y está bárbaro que la gente se ría, pero inquieta también. Y la mayoría de las cosas están armadas por juegos, con dinámicas. Entonces cuando vos estás conectado con el otro y con el público no estás dependiendo de esa risa.
¿Cómo se logra el equilibrio para que la parodia no sea demasiado obvia y subestime al público pero que tampoco se vuelva elitista?
GS: Nosotros tenemos una formación de teatro y eso en algún punto nos lleva a un lugar medio, no elitista, sino de pensar qué queremos decir, pero a la vez tenemos una creencia en que cualquiera pueda ver el espectáculo. Me parece que en esa combinación aparece esto: cómo hago teatro para que lo entienda mi tío, que es comerciante, y cómo no hago una basura.
AC: En el deseo de ser popular no volverse chabacano.
En sus obras siempre hacen mucho con muy pocas cosas ¿Cómo regulan los recursos?
GS: nosotros estudiamos con un profesor con el que armamos el grupo que se llama Roberto Saiz y él de alguna manera nos inculcó la austeridad de elementos, que te hace desplegar mucho actoralmente, pero en algún momento empieza a ser una limitación. Teníamos mamelucos en una época, y no teníamos objetos. Y estábamos en contra de los objetos. Y entonces no había nada, no había nada, no había nada, y en un momento empezamos a investigar un poco más en el objeto y en el vestuario. Ahora se sumó a trabajar con nosotros Fernando Dopazo, y él nos abrió el mundo de la imagen.
AC: Con las luces también nos empezamos a divertir bastante con Fernando, al principio la frase era “que se vea” y él propuso algunas cosas que hacen que sea teatro.
¿En qué momento sintieron que estaban listos para ponerse bajo su cargo un grupo de personas en las clases de teatro?
GS: Creo que en algún momento nos ganó el deseo de que la gente que viene a ver Sutottos tenga la posibilidad de trascender ese espacio en otro espacio en el que ellos pasan a ser los que actúan.
AC: No porque vayamos a crear sutottitos.
GS: Sino porque está bueno poder desarrollar su poética propia, que es lo que hacemos nosotros acá, que es nuestra. Otros tendrán otra.
AC: También tiene que ver con que nosotros hacemos espectáculos de teatro pero nos interesa le teatro más allá del espectáculo. Hablamos de teatro. Es un teatro en el que pensamos lo popular. Hay un pensamiento sobre el teatro en sí, más allá de hacer una obra. Nosotros lo consideramos en el sentido amplio. Por eso llegan las clases, como un lugar al cual desde el espectáculo no podés acceder.
¿En qué momentos improvisan?
GS: Muy poco. Tratamos de que muy poco, porque es medio peligroso. La primera época, cuando hacíamosSutottos, que éramos tres éramos rrre piolas, el espectáculo que duraba 50 minutos, llegó a extenderse dos horas. Era un regodeo. Había que pasar por eso. La gente respondía y nosotros seguíamos. Pero ahora tratamos de hacer ese trabajo en el ensayo, y en el momento de la función hacer la función. Hay un acuerdo sobre eso, porque sino estás haciendo la obra buscando cosas nuevas y perdés lo que tenés que hacer que es la obra.
AC: Es como que en realidad la improvisación se tiene que hacer mucho más chica. Está pero casi no se ve. Está más para nosotros. Son algunas cosas que las hacés porque te renuevan, te ponen vivo otra vez, pero son flashes que creo que el público no nota.
En el momento inmediatamente anterior a salir al escenario, ¿se preguntan “por qué estoy haciendo esto” o no aguantan las ganas de hacerlo?
GS: Es personal. En los estrenos digo “la verdad que no entiendo por qué estoy acá, prefiero estar tranquilo en mi casa o haciendo otra cosa” pero una vez que salís es como entrar al agua fría: después de un rato ya estás nadando feliz. Igual no pasa todas las semanas porque estaríamos enfermos. Una vez que empezó lo disfruto.
AC: Igual también hay funciones y funciones. No estás siempre igual.