Anoche Dulce Amor tuvo su capítulo final en el Teatro Gran Rex, proyecto que desde #DolceAmore impulsamos aún antes de que Telefé pensara siquiera en consultar por el precio de la sala. Durante el año tiramos muchas ideas que no se llevaron a cabo. No hubo golosinas Bandi como souvenir, no tocó Sergio Dalma en vivo. Ni siquiera sonó El violoncelo de este adaggio en azul por el altoparlante. Tampoco hicieron en casamiento en el Rex como nosotras queríamos. Aún así, hubo muchos momentos bárbaros.
Conseguir las entradas fue complicado. Se entregaban a partir del jueves y, con gente que hizo cola desde la noche anterior, rápidamente se agotaron. Así que tuvimos que mover cielo, tierra y todos mis contactos. Finalmente, gracias a Mechi Ponte -que nos lee en twitter y nos quiere- y Male Guinzburg -que nos cedió generosamente una entrada-, logramos ir las cuatro que conformamos el núcleo duro de #DolceAmore: @chinagus, @paulinaturbio, @lemon_pay y yo.
Éramos pura emoción. Llevamos carteles pero a @paulinaturbio y a @chinagus les daban vergüenza, así que las dejé a ellas con un par de entradas (fila 23 derecha) y @lemon_pay y yo nos fuimos con el otro par (fila 17 izquierda) y los carteles.
En el bar en el que nos juntamos antes estaba Anama Ferreira con su hermosa hija Taina. Hablamos bastante con ella y hasta intercambiamos una entrada (ella tenia el par de una de las mías). También se sacó una foto con @chinagus y nos habló sobre las dificultades de organizar un chorifashion con 150 mil seguidores en la costanera como viene prometiendo desde hace meses.
A la entrada al Rex iban llegando los autos adentro de un vallado adonde no se entendía cómo entraban. Don Pepe (Arturo Bonín) e Isabel (Georgina Barbarossa) estuvieron cerca de media ahora parados ahí. Con @lemon_pay desplegamos el cartel de #RAVIOLADA y ella nos vio, se emocionó hasta las lágrimas y nos tiró un besito.
Mientras, Darío Barassi y Luli Fernandez conducían la previa con los protagonistas (denominados por Marley como "los famosos", vaya categoría analítica) que se apersonaban en el Rex. Nos perdimos gran parte de eso por haber estado en el bar charlando con Anamá y dando los últimos retoques a los carteles pero lo valió.
Finalmente entramos y empezamos a arengar hasta que vino una ocupante de un asiento de atrás a decirnos que la cortemos con los carteles porque no veía nada.
En cinco filas y columnas en derredor nos odiaban todos por temas carteles, gritos y vergüenza ajena. Yo no me preocupé por ponerme a explicarles sobre consumo irónico de industria cultural.
Mientras, Marley entrevistaba a los protagonistas que entraban a la sala en un living conformado por dos sillones blancos y una lampara de pie con mostacillas fi-ni-si-ma.
Entre nuestro despliegue de cartelería, como habrán escuchado los oídos atentos, Marley dijo "ahí tenemos #DolceAmore, público italiano". Así que llegamos a la tele de aire y a través de la boludez magistral del conductor todoterreno que nos pensó extranjeros, completamente ajeno al despliegue irónico que hizo nuestro team durante todo el año en diversas redes sociales, streaming y ravioladas privadas. En cualquier caso, no nos podemos quejar. Llegamos.
Más tarde, mientras en pantalla gigante pasaban un resumen de los últimos capítulos -así como la tele engorda, la pantalla gigante evidencia más lo pobre de las actuaciones que amamos-, salí al aire en el Que risa, todos lloraban, el programa de mis amigas Luciana Faistman y Flor Tejero Ponte en Sin Dial Radio. Anamá pasó por al lado mío y le encajé el teléfono sin preguntarle nada. Me debe odiar por ser tan confianzuda, pero en TEA me enseñaron que el movilero es los ojos del público en el lugar y que hay que conseguir testimonios co-mo-se-a. Y si lo dice TEA...
Durante la transmisión del capítulo grité demasiadas veces "Lleveme Marcos" en los momentos de silencio. Todos sentían vergüenza. Yo también pero no me importaba.
Se gritaba muchísimo en el teatro. Cuando todos se callaban yo hacía comentarios como en mi casa, del orden de "Lorenzo pide un auto, abrí el taller y dale uno Marcos ¿Sos pelotudo?"
Como capítulo final dejó mucho que desear. Para mi la novela terminó el miércoles con el asesinato de Moltalban por parte de Lorenzo para salvar a Angie. Después de eso no pasó nada más y lo tendrían que haber dejado para el Rex. Por cierto, Gerardo Romano fue al teatro, lo vimos entrar, pero en el escenario no apareció y no lo nombraron. Es para destacar la escena en la que Isabel se caracteriza como policía para seducir a su pareja, el comisario Somosa, personaje que cobró gran protagonismo en el desenlace de la serie, no sabemos si para amortizar el gasto en escenografía de la comisaría o si fue porque la trama lo requería.
Cuando después del capítulo las estrellas melodramáticas subieron al escenario teníamos bien en alto el cartel de "Lleveme Marcos". Lo enarbolaba @lemon_pay y yo gritaba fuerte, hasta que Sebastián Estevanez miró hacia nuestro lado y le tiró un besito a Limón. ¡Yo lo vi!
Somosa también estaba muy atento a nuestra cartelería.
Cuando todo terminó nos acercamos lo que pudimos al escenario y le pasé uno de los carteles de #DolceAmore a Georgina Barbarossa, pero no le llegó.
El primer auto en salir del estacionamiento fue el de Nanito con su familia. Corrí varios metros al grito de "¡Es Nanito!" y mientras él le firmaba un autógrafo a una desconocida yo le decía que su personaje es lo mejor que pasó en la novela, y le dejé el cartel rosa doble de #DolceAmore al papá (Nanito iba en el asiento de atrás como corresponde).
Grandes ausencias en el teatro:
Elena (estaba en Charata, mandó saludos y le mandaron desde el Rex)
La gorda recuperada enfermera Luciana (la nombraron al pasar al final)
El mapache Noelia (nadie dijo nada)
NATACHAAAAAA. Yo soñaba con conocer en persona a una actriz, modelo y DJ como Calu, pero ni la nombraron, no dijeron nada de su ausencia. Nada de nada.
Respecto de las dos últimas, sí tengo para decir que estaban Pupi y Tincho el manager, respectivamente.
La noche fue pura emoción y nos divertimos mucho, aunque yo esperaba llorar más. Pero el final fue realmente lavado. De todas formas hay que resaltar el momento en el que, frente al pedido de casamiento de Marcos, Victoria responde entre lágrimas "Cómo decirle que no al hombre que me enamoró dos veces" (en relación a su pérdida de memoria cuando la aplastó en un colectivo que posibilitó que la tira se estire cuatro meses más de la cuenta).
Después fuimos a Güerrin a comer pizza paradas y el regreso fue agotador con corrida al 140 incluida. En el colectivo viajaba más gente que venia del Rex con fotos de Frames Warrior y Victoria Bandi colgadas del cuello. Hoy soy pura afonía.
El interrogante que se abre de momento es ¿Y ahora qué? ¿Volver a entregarme a la lectura, desarrollar una vida académica? ¿O buscar un nuevo regalo de la industria cultural que me permita consumirlo irónicamente y a la vez volver a sentirme niña y hacer amigos?