→ Nadie desobedece al rey.
El gran banquete de la noche había terminado ese día. El rey se había levantado de la mesa en donde había convivido con sus dos hijos; Jared y Derian. Sin embargo tras endurecer la mirada, se dirigió hacia Jared, con el semblante frío y calculador, dando entender que pensamientos para nada buenos estaban sucediendo dentro de su cabeza.
--Acompáñame. Tú y yo tenemos que hablar --le dijo, con tono imperativo, dándose la vuelta para darle la espalda. No necesitaba repetirlo dos veces, sabía que su hijo se pondría de pie y le seguiría porque ahí, nadie le desobedece.
Caminó por el pasillo hasta llegar al salón donde residía su cómoda sala, su librero y un escritorio donde se llevaban a cabo todos sus planes maquiavélicos de conquista.
Se acercó a la enorme ventana con las cortinas amarradas y pidió a su hijo que cerrara la puerta. Una vez el muchacho estuvo dentro, se mantuvo en silencio un par de segundos hasta que luego volteó y le dijo --¿Dónde está ese hechicero malnacido al que contrataste? --preguntó, refiriéndose a Andrew.








