La privacidad que brinda la noche parece ser el escenario ideal, cuando el palacio está en calma, y las posibilidades de ser visto se reducen notoriamente. Tampoco debería ser extraño para nadie verlo por el pasillo de las habitaciones de los empleados, con dirección a una habitación en particular. La necesidad de control, de información, es lo que impera en su mente, respuesta que busca obtener a aquella simple tarea que había depositado en las manos del guardia. Capaces, espera. Golpes firmes contra la puerta de madera, que pronto se abre y muestra la presencia del menor. ---Necesitamos hablar, Yoon,--- tono formal, aquel dedicado a cualquiera de sus subordinados, evocando el uso de las apariencias en caso de que alguien estuviera viendo o escuchando. Y no duda en hacer lo propio, adentrándose en terreno contrario.