qué te pasa haaland puto

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qué te pasa haaland puto
Reconocer la belleza
Una vez, hablando con una dama por chat, comentábamos sobre sus levantes amorosos. Ella me decía que había tenido suerte, porque siempre le terminó gustando a los tipos que a ella le gustaban:
Ella: -Tuve buena suerte. Siempre le gusté a los tipos que me gustaban.
Yo: -Suerte no. Estabas siendo hermosa. A nadie le gustás porque tenés buena suerte ¿qué estupidez es esa?
Que cada persona asuma el ideal de belleza que mejor le parezca, o se lea la Historia de la Belleza de Umberto Eco (y de paso la Historia de la Fealdad, para variar). Dicho esto, reconocer la belleza es una galantería, y no necesariamente un chamuyo o proceso de levante. Las mujeres que no son ciegas, no son ciegas. Y las que son ciegas no son estúpidas. Por lo tanto creo que es muy saludable que una mujer sepa perfectamente cuál es el tamaño de su belleza. Aclaro algo sobre la belleza según San Acostumbrado, con más palabras que le decía a esta dama:
-¿Por qué carajo pensabas que le gustabas a quienes le gustabas? ser hermosa es también escuchar Pink Floyd, no hablo solo de tu cara, o de los bultos de tu cuerpo.
Confío en que se entienda la idea. Esta chica lo entendió perfectamente, ella supo reconocer esa otra parte de su belleza ni bien la mencioné, o quizá ya la conocía de antes. Me gusta que una mujer sepa qué tan hermosa es, que no me necesite para que la informe al respecto, y que aparte no se asuste ni se ponga a la defensiva si menciono su belleza en algún momento, o cuando menciono ciertas ausencias, como lo hago a veces con mi mejor amiga: “Desde el primer día recuerdo la belleza de tu rostro, porque como no tenés tetas no tuve la oportunidad de demorarme mirando tu escote” (mensaje enviado por cel mientras escribía este post, la respuesta fue un “jajajaja” seguido de puteadas mucho peores que las que se dicen comúnmente en el infierno).
Ella sabe que no tiene tetas, y también se sabe poseedora de un par de faroles infernales que alumbran todo lo que mira; el mejor pelo de todos los tiempos, un excelente gusto artístico (compartimos muchos de esos gustos, de ahí mi subjetivísima calificación de "excelente"); un culo digno de ser manoseado, una capacidad para hacerte sentir querido que sobrepasa algunos límites humanos; unos labios como para chupar naranjas o, como más me gustaría decir, bergamotas; el mejor humor (el mejor buen humor y el mejor mal humor, que es de los peores, y a mis ojos eso también la hace hermosa)… esas cosas, solo por mencionar algunas: la belleza, desde el afuera al adentro y todo alrededor también.
Y creo incluso que el valor de un hombre crece por saber reconocer la belleza de la dama. Si la señorita sabe perfectamente qué tan hermosa es, y si el comentario sobre su belleza no habla de sus (por ejemplo) EVIDENTES ojos claros sino de algún otro atributo menos obvio, ella sabrá reconocer el gesto (ya volveré sobre este detalle, pero la pereza mental de mencionar la primer cosa que te parece linda de la dama, oh ilustre pelotudo, te condena sin remedio, las neuronas y el uso que le des a las mismas es una de las razones que separan a los caballeros galantes de los groseros desubicados, lo que no quita que el caballero galante luego se comporte como un vikingo a la hora de garchar), ella sabrá por donde viene, o (como recomiendo y casi ordeno) le pondrá todas las trampas posibles. Si él es sincero, no tendrá nada que temer, y si es un idiota, tampoco temerá porque ni se la verá venir pero perderá de forma estrepitosa en un juego que ni siquiera sabía que estaba jugando, pobre imbécil. Si tiene la autoestima destruida, o si está mintiendo solo para quedar bien, o si es tarado y tira el tema de su belleza fuera de contexto, traído de los pelos de no sé dónde o simplemente como quién habla del clima (un embole de tema), en cualquiera de esas opciones será desterrado a patadas.
El tipo de mujer que sabe el tamaño de su belleza, también asusta al pelotudo. Es uno de los clásicos ejemplos de cuando el hombre se caga si la señorita le va de frente, si ataca primero, si juega su juego de antemano. Así que saber reconocer tu belleza es también una buena forma de quitarte imbéciles de encima.
El hombre puede hacer lo mismo con su belleza, y nos ahorra malos momentos también incluso a otros hombres, por más heterosexuales que sean(mos). Por ejemplo un taradito que cree firmemente en su simpatía como principal atributo, y en realidad es un estúpido que solo dice pavadas, el peor bufón de la corte, ese tipo no solo molesta a las damas tratando de hacerse el gracioso, sino a mí y a cualquier otro que tenga dos dedos de frente. Cuando el muy anormal se acerque buscando esa complicidad masculina que me enferma, me codee y me diga algo del tipo “que nochecita esta ¿eh? Llena de tetas, jejeje”, sacaré mi bayoneta (arma blanca incrustada en un fusil del siglo XVII que siempre llevo en el bolsillo de atrás del pantalón… casi ni se nota el arma de fuego y su punta filosa) y lo ensartaré parecido a como hacía Vlad Tepes con sus enemigos. Y al otro día desayunaré en un bosque de bayonetas con pelotudos incrustados en ellas, quejándome porque me tapan el sol.
Porque siempre subraya sus chistes estúpidos con una risita paupérrima, con ese “jejeje” de plástico barato, como dejando claro que “ahora es el momento en el que todos nos reímos”.
También lo hace por chat, o en comentarios de redes sociales... eso es mucho más vomitivo, metiendo ese "jejeje" absolutamente innecesario para hacerse odiar con énfasis. Con absoluto y rotundo énfasis.
Cité un caso pero bien saben que hay miles (no voy a quemar todas las posibilidades de futuros post solo en uno).
Así que ya saben, mírense al espejo, tanteen sus bultos, conozcan su belleza y usen esa herramienta a vuestro favor. Eso fortalece vuestra autoestima, se los aseguro. Conocerte te pone a salvo de éxitos absurdos y de fracasos momentáneos. Es que no soporto las bajas autoestimas, realmente me enferman los que se ahogan en un vaso de humildad. Puedo ser indiferente a un egocéntrico pero no a un emo.
La cosa funciona para todos los géneros, pero a nivel sexual creo que el señor hetero corre más peligro de convertirse en un idiota si no se conoce. Un buen garche lo puede convencer de que es el gran macho gran, y un mal garche luego de ese buen garche hará que culpe a la dama por su ineptitud en la cama (yuyal, sofá, baño de avión, piscina, habitación de la abuela con la abuela sorda durmiendo al lado). Porque ya venía convencido de que es un fenómeno basado en la mejor de sus experiencias sexuales, y no en un balance de todas.
No hace mucho tuve una experiencia sexual con una respuesta por parte de la dama sincera pero desmedidamente orgásmica. Es decir, ok, fui un fenómeno en ese polvo, pero vamos... Ni tengo poronga mágica ni siempre gritan gozan y terminan llorando de felicidad orgásmica como esa noche, creerme que siempre voy a conseguir ese resultado con señoritas distintas con gustos distintos que manejan ritmos distintos es una estupidez (incluso esa misma noche en la segunda experiencia el resultado fue favorable para ambos pero ni por asomo llegó a ese absurdo momento que no olvidaré jamás). Igualmente pasa en la vereda opuesta. Un tropezón no es caída y una batalla ganada no es la guerra.
No solo hay que conocerse, sino que en el camino de encontrarse con el otro, uno no besa o garcha luego de haber terminado de conocer al prójimo, de hecho creo firmemente que ahí comienza el verdadero conocimiento mutuo, cuando nos comunicamos con ese otro lenguaje que son los besos, las caricias y las posiciones del Kama Sutra.
Hoy más que nunca garchamos y besamos casi antes de conocer a nadie.
Pero para llegar a esas instancias con esas ventajas a favor de ambos, debemos arrancar bien o mejor no arrancar si vas a terminar comportándote como un pelotudo.
Cuando ese pobre tonto se acerque a la chica de ojos claros y le diga como primer frase de chamuyo “me encantan tus ojos claros” o cualquier mención más poética sobre esos ojos claros o menos creativa referente a esos ojos claros, pensando que es el primer ser humano del planeta que notó la belleza de sus ojos claros, que es el primer ser “inteligente” al que se le ocurrió decírselo… bueno, ese señor está casi condenado a muerte ni bien abrió la boca. Toda señorita de ojos claros sabe que tiene ojos claros, y seguro escuchó millones de veces frases similares referente a eso, desde que era una beba. Viene casi de fábrica aburrida de alocuciones de esa índole (lean otra vez el párrafo hasta acá, repetí "ojos claros" mil veces para que vean lo aburrido que es, para que sientan el 1% del aburrimiento que siente esa dama todas las noches que escucha cosas por el estilo). Es someterla a una tortura inútil, y es lógico que te tire el trago en la cara y te maldiga a ti a y toda tu posible descendencia que por cierto con ella no será. La cosa cambia con otros atributos de su belleza menos evidentes. Cada cual se conoce y sabe (o lo sabrá si se investiga) cuales son esos detalles menos evidentes. Y cuando el otro los vea, entonces se sabrá que hay un interés de conocerse, de ver más allá de lo evidente, de que el otro está usando el cerebro no solo para sí mismo sino para ver a quién tiene enfrente, de buscar toda la belleza del prójimo y no solo una parte de ella.
Prefiero coger con una mujer entera que solo con alguna de sus partes.
Para eso ya tengo mis muñecas inflables basadas en personajes de Disney.
(no tengo los ojos así, vean mi foto de cuando tenía un añito, carajo)
Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo