Se encontraba en medio de la noche, cruzando cables y dándose pequeños toques eléctricos en la punta de los dedos cada vez que formaba erróneamente el patrón que necesitaba para darle vida al pequeño robot que estaba casi terminado. Había perdido toda noción y consciencia sobre el tiempo, y no percibía el paso de los segundos, los minutos y las horas como usualmente lo haría. Frustrado, agarró una pequeña pinza de metal y la tiró contra la pared, descargando en el lanzamiento la frustración que sentía al no poder finalizar el proyecto. Se agarró el cabello con las manos y soltó un leve gruñido, enojado consigo mismo. Se quedó en esa posición, como si la respuesta a aquel circuito fuera a aparecer en la mesa a la que miraba fijamente, hasta que de repente sus oídos captaron el fuerte sonido de una alarma. Fijó en los orbes el reloj de mesa que había a su lado. 3:17 a.m. No podría ser una alarma ni nada por el estilo... Y entonces comprendió al ver por la ventana el fuerte resplandor amarillo y anaranjado de las llamas situadas unos pisos arriba, iluminando todo el edificio con fulgor. Rápidamente se puso sus sandalias de conejito y salió de su departamento en pantalón y sin camiseta, evitando que el pánico se adueñara de su persona.
Momentos después se encontró en la calle frente a la unidad residencial, observando cómo los bomberos luchaban con las llamas, pero sus ojos de repente se fijaron en algo que para Jules tenía mucha más importancia. El chico lindo de al lado, al que a veces solía saludar y observar discretamente por la ventana, estaba al lado suyo, con nada más que un sexy bóxer color blanco puesto. Sus ojos se desviaron pero su cabeza no, intentando no llamar la atención del castaño para que no lo descubriera analizando esos lugares indebidos. Después de alimentar la vista por unos segundos lo miró a la cara, y le dedicó una media sonrisa lasciva, aunque no lo estuviera viendo en el momento.