Te Ofrezco, Maridalia Hernández.
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Te Ofrezco, Maridalia Hernández.
Para quererte no necesito tenerte, te quiero libre conmigo o sin mí. Te ofrezco mis brazos para estar juntos o te doy mis alas para dejarte volar.
Jaime Sabines
Si no tienes donde quedarte, te ofrezco un espacio en mi corazón.
-sisii
Para quererte no necesito tenerte, te quiero libre conmigo o sin mí.
Te ofrezco mis brazos para estar juntos o te doy mis alas para dejarte volar.
–Jaime Sabines.
–🌵.
¿CON QUÉ PUEDO RETENERTE?
¿Con qué puedo retenerte?
Te ofrezco magras calles, ocasos desesperados, la luna de los corroídos suburbios.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente a la luna solitaria.
Te ofrezco mis antepasados, mis muertos, los fantasmas que hombres vivientes han honrado en mármol: el padre de mi padre muerto en la frontera de Buenos Aires, dos balas a través de sus pulmones,barbado y muerto,envuelto por sus soldados en el cuero de una vaca; el abuelo de mi madre -con tan solo venticuatro años- encabezando
una carga de trescientos hombres en el Perú, ahora espectros en desvanecidos caballos.
Te ofrezco cualquier agudeza que puedan contener mis libros, cualquier hombradía o humor en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco ese meollo de mí mismo que he salvado,de alguna manera: el corazón central que no comercia con palabras, no trafica con sueños,y está intocado por el tiempo, por la alegría, por las adversidades.
Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista en el ocaso, años antes de que hubieras nacido.
Te ofrezco explicaciones de ti misma, teorías sobre ti misma,
auténticas y sorprendentes noticias de ti misma.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; trato de sobornarte con la incetidumbre, con el peligro, con la derrota.
- Jorge Luis Borges.
Te ofrezco un amor cálido y duradero, honesto y lindo, de confianza y completamente nuestro.
DΣMON.
Pero ay Dios, nose que hacer para conquistarla, solo se que quiero estar a su lado y darle todo su espacio y lo bonito que se merece en esta vida.
Esta es mi oferta…
Te ofrezco que te quedes conmigo, en casa, tirados en pijama y mesa de camilla para el tiempo que en breve viene, ver la tele, dormir o hablar, arreglando el mundo a nuestro ritmo como excusa para terminar con un cónclave de besos. Te ofrezco olor a café recién hecho los domingos por la mañana, o si quieres, firmamos una cláusula y olerá así todos los días de tu vida. Te propongo abrir las ventanas cuando llueva, para cuando entre la humedad disfrutes del olor a tierra mojada; o no, mejor aún, salimos a la terraza y mojarnos de esa lluvia, que lo de “carpe diem”, ha quedado más como frase para tatuaje, y poca gente lleva lo lleva a cabo. Te ofrezco noches de compás, de baile y de whisky, de impaciencia al esperar un taxi, y disfrutar de una hamburguesa mientras llega. Te ofrezco mi camisa del día anterior para que desayunes con ella sin nada debajo, con un moño recogido y el rimel corrido. Prometo pequeños grandes detalles, llevarte agua helada a la cama por la mañana cuando nos despertemos con resaca, tardes de “gordo”, comiendo paquetitos de patata, doritos, chocolate y demás grasas saturadas. Te ofrezco leerte en braille, sonrisas por palés, algún que otro mal rato sabiendo que lo que viene después, va a ser como volver a conocer tu geometría una y otra vez. Te prometo besos, pero no besos cualquiera, no como los que se dan las parejas por costumbre al verse que es como un piquíto sin ganas, yo te ofrezco tempo, temple y nervio en cada uno de los que te de. Te doy la posibilidad también, de un poder que pocos tienen, y que envidio de parejas que conozco, el mirarse y saber exactamente lo que pasa por tu cabeza en ese momento, para bien o para mal, porque en los tiempos que nos han tocado, ya no se respetan ni la miradas y las que hay escasean. Te ofrezco ponerte el mundo cuesta abajo, para que todo te venga rodado; cien primaveras, cien veranos, cien otoños y cien inviernos, y los que no nos de tiempo de vivir, nos lo vamos imaginando por el camino. Así que tu precúpate de sonreír, que de provocarte las sonrisas, me encargo yo…
—
Una noche sin café