El éxito no llega con un chasquido de dedos, el éxito llegará con esfuerzo y tesón. #autonomos #lucha #teson #esfuerzo #emprendedores (en Community of Madrid) https://www.instagram.com/p/BvvodyWF7n2/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=1sp6f12g66isv
Son las cinco. Esa hora ingrata y despistada, cuando siempre es pronto o tarde para realizar cualquier tarea. Abro la puerta de mi coche, dejo mi pequeño bolso en el asiento del copiloto y enciendo el motor. Ya en la carretera, siento en mi pecho la congoja y, sin querer, piso un poco de más el atrayente acelerador. Hoy, más que nunca, necesito llegar cuanto antes.
Cierro la puerta de mi casa y me apoyo de espaldas en ella, con los ojos cerrados. El nerviosismo aumenta, pero consigo domarlo, casi disfrutarlo, degustarlo, pues en minutos abriré la válvula, y saldrá, intimidante, el vapor acumulado.
Cuatro patitas irrumpen, súbitamente, sobre mis muslos. Mis dos compañeras han bajado las escaleras con premura para saludar (¡Hola!, te esperábamos. ¿Cómo ha ido el día?).
Ya en mi habitación, frente al armario abierto de par en par, despacio, conteniendo la creciente desazón, me quito los delicados mocasines, la escueta falda y las medias transparentes. Cuelgo, con cuidado, la camisa rosa en su lugar. La ropa interior de blanco encaje, que lleva todo oprimiendo mi voluntad, queda, avergonzada, bajo mis pies. Rebusco en un cajón y encuentro los burdos pantalones, agujereados y manchados, sin doblar, perfectos para el propósito. Camiseta blanca de algodón, ancha y ambigua, zapatillas viejas con suela de agarre, hoscas, sin indicio alguno del género de su poseedor. Me visto, complaciente, con estas duras prendas, mirándome al espejo de cuerpo entero colgado de la pared. Despacio. Por último, me lavo la cara con agua clara, eliminando todo rastro de pintalabios, de máscara oculta insomnio. No la voy a necesitar.
Ahora soy yo, sin trucos, sin artificios.
Salgo a la calle, con mis dos perras, ansiosas ambas. Ya conocen el destino a dónde se dirige, inevitable, la tarde. Sienten perfectamente mi estado de zozobra y saben a lo que precede. Tantas veces repetido el ritual. Les gusta. Orbitan, danzarinas, sueltas, a mí alrededor. Dejamos el pueblo atrás y nos encaminamos, contenidas las tres, por la pista forestal.
A mitad del trayecto, viramos a la derecha, por donde no hay camino ni sendero ni ramal, solo el tupido y silvestre bosque mediterráneo.
Una vez perdida de vista la carretera de tierra, comienzo, lentamente, a transformar mi andar en trote, vigilando con atención el suelo, poblado de piedras sueltas, piñas, troncos podridos.
(Un poco más rápido.)
Mis compañeras, una a cada lado, custodias, jadean, expectantes, deseosas. Saborean la libertad de la velocidad, disfrutan compartiendo las migajas de su naturaleza conmigo. Corremos, las tres, largo rato, sintiendo, las tres, como nos vamos transformando, despacito, en tierra, en agua, en viento.
(Más rápido.)
El trote se convierte, poco a poco, en galope. Siento que con cada zancada voy dejando atrás la sordidez humana, el no entender nada, el desear no entender nada. Corro, a través del bosque. Veo como los arboles me esquivan, cada vez a más velocidad. Cada vez más rápido.
(Salta.)
Salto zarzas, espinos, que a mi paso aprovechan, alevosos, para arañar unos pedacitos de mi piel atravesando la parca tela del pantalón. Oigo el resuello implacable de mis perras, pero no consigo ubicar su posición. No importa. Más rápido.
(Más.)
Levanto la mirada del contingente suelo y la clavo, sin indecisión alguna, al frente, mientras mis piernas se esfuerzan en sostener la ciega agilidad. Mi respiración se vuelve cada vez más sonora, sibilante. El palpitar de mi corazón, in crescendo, sube hacia mis sienes, haciendo perfectamente audibles la sístole y la diástole. Soy madera seca, soy musgo, hierba.
(Más rápido.)
Ahora la inclinación del terreno me lleva hacia las negras nubes. Me eleva durante kilómetros. Doblo más las rodillas, ateridas y magulladas. Me golpeo con las ramas bajas. Sé que mañana, mis piernas estarán llenas de hematomas, azules, verdes. Da igual. Ahora puedo volar.
(Sigue.)
Aparto con mis brazos, enérgica, las hojas que aparecen frente a mis ojos, sin cerrar estos, por el miedo, ni un segundo. Soy Cierzo. Soy Levante. Soy Bóreas.
(Más rápido.)
Las gotas de sudor caen por mi torso, por mi espalda. Sigo corriendo.
(Continúa.)
Tras largo rato, ahora, comienza como siempre, el dolor; primero en el pecho, mis pulmones gritan. Los muslos lloran. Al cabo de interminables minutos mi estómago comienza a convulsionar, amenazando con vomitar. Corro más rápido. Siento pequeños mareos, previos, ya lo sé, a perder, solo, momentáneamente, la visión. Con el poco aliento que queda, grito, aúllo, adolorida, contusa. Pero más que un grito, lo que consigue salir de entre mis labios es un lamento, un sollozo desesperado, una exhalación angustiada, animal.
(Sigue.)
Sigo corriendo, rápida, atormentada, trastornada. Se velan mis ojos, de manera intermitente. El dolor en el pecho, ahora, es penetrante. Quema. Siento fuego en mi garganta, fuego en mis bronquios. Mi cuerpo, todo él, chilla, berrea cada poro. “¡Para!” vocea él a viva voz, haciendo tretas para engañarme, lastimándome incluso, para que acate su desesperada petición.
(No te detengas.)
Y ahí, justo ahí, al borde del desfallecimiento, al borde del síncope, de sucumbir, ahí, es cuando mi alma se abre, como flor de almendro, como conciencia despierta.
(Siente.)
Corro y corro colérica. Y siento, intensamente, que en mi interior, algo guerrea, algo más grande que mi vulgar materia limitada. Algo más potente, más obstinado y tenaz que mi organismo al completo. Es mi espíritu, fuerte, nervudo, hercúleo, que es capaz de ignorar su envase, pues este, al fin y al cabo es finito, endeble, y él es eterno. Lucha, pugna, batalla impetuoso contra mí para salir a través de mi aliento.
Tras un escalofrío final, me desdoblo, en tres. Un paso por delante va mi alma, la Veo. Un paso detrás va mi cuerpo. Lo Veo. Yo estoy en algún lugar, indefinido, corriendo sin descanso, como alimaña, entre los dos.
(Sigue.)
Y ya no experimento ningún dolor. En algún lugar quedó el sufrimiento, que ya no me atenaza. Delante de mí, desbocada, veo mi esencia, mi ánima. Grande. Implacable. Tiene mi forma desnuda, pero desdibujada, difusa en los bordes, nebulosa. Corre, inclemente, frente a mí, dándome, descuidada, la espalda. Estiro los brazos, quiero tocarla, como siempre. Casi, puedo tocarla. Corro frenética con los brazos extendidos, inconsciente, entre de encinas, entre brezales.
Mi alma galopa a la misma velocidad que yo,
pero a un
solo
paso
de distancia.
No veo el suelo. No veo los árboles. En mi mirada solo existe, ya, ella, a un paso, siempre a un paso, de mí.
(Continúa)
Entonces, de manera inoportuna, pierdo el pie. La inercia de mi velocidad me lleva hacia adelante, sin tocar el suelo. Veo, ahora, la tierra húmeda, las hojas secas, las piedras, acercándose peligrosamente. Mi alma trastabilla, está cayendo también, reduciendo su velocidad, quedando, justo, debajo de mí. Me abato. Me desplomo. Me derrumbo sobre ella, y acto seguido, sobre mí, cae también mi cuerpo, indolente, lastimado y olvidado detrás en la persecución.
Cuerpo, voluntad y alma. Volvemos a ser un solo Ser. Otra vez.
(Respira)
En el suelo, sofocada, ahogada, giro para buscar aire, boca arriba. El dolor ha vuelto, colérico por el desplante, se desquita con las sangrantes plantas de mis manos, que ágiles, amortiguaron la caída. Respiro, sollozo. Los oídos chiflean a la vez que el aire inspirado con avaricia aviva mis dormidas extremidades. El sudor entra en mis ojos, irritando. No puedo hacer nada más que inspirar y exhalar desesperadamente. Absolutamente nada más.
Aparecen, cada una por un flanco, mis compañeras, que comparten conmigo sonoramente la avidez por el oxígeno. Se tumban a mi lado, con la boca abierta y los ojos entrecerrados, intentando recobrar el resuello.
Con mucho esfuerzo, consigo solo mover un poco la cabeza, hacia un lado y a otro, y mirar sus cansados ojos como olivas negras. Me buscan con su fatigada mirada.
Sé que ellas, mudas, aceptando la realidad tal y como se presenta, sin prejuicios, han sido testigos mudos del magnífico y liberador milagro. Ellas y el reservado monte, que hospitalario, siempre me acoge entre sus brazos cuando necesito convertirme en bestia, en elemento, en Ser.
Hace mucho, mucho tiempo, este señor de barba de la izquierda enseñó a su hijo, que con esfuerzo y tenacidad se podía conseguir todo lo que te propusieras. Llevo toda mi vida deseando este momento y por fin ha llegado y lo he conseguido y ha sido por él y no todos los días puedes decir un cuanto admira a su padre. Gracias Ignacio!! #rocknrollmadridmarathon #finisher #maraton #lucha #teson
Que mas da que todos digan que no puedes, que no te conviene, que pases a otra cosa, hay veces que pasar a otra cosa es imposible, sin intentar cumplir tus sueños antes, el fracaso esta sobrevalorado, de cada caida se aprende una nueva forma de levantarse, y de tus constancia sacas nuevas fuerzas, rendirse no es opcion, la unica forma de ser feliz es seguir tus sueños fracaso tras fracaso, hasta la victoria siempre o nunca...
El despertar fué terriblemente confuso, pero en el horizontese presentía la victoria, una victoria dura, una victoria luchada y conseguida gracias al tesón, al coraje, a los cojones...
En fin, una victoria merecida y enormente reconfortante...
Sin previo aviso, la tormenta volvió llenando de oscuridad el entendimiento. Más algo había cambiado, ya conocía el terreno que pisaba, sus pasos ya no eran torpes e inconscientes. Sabía que hacer, como huir de esta locura, más no era, ni mucho menos su intención, ya que sabía como hacer frente a la tormenta. Y eso era presisamente lo que pretendía. Solo era preciso el minucioso estudio de los pasos a seguir, y la determinación, que ya sentia nacer en mi interior, para llevarlos a cabo. Y por fín, tras una breve serie de pasos desorientados. Todo comenzo a encajar, y la tormenta desapareció dejando paso... A los cada vez más numerosos rayos de sol, que cargaban cual húsares contra las huidizas sombras de mi conciencia...