Me gusta el toc toc de las gotas de lluvia en mi ventana mientras duermo, las melodías tristes, el atardecer en tonos rosados y naranjas, la risa contagiosa de mi madre, las plataformas elevadas en las fachadas de las casas adornadas con flores, las casas antiguas con historias paranormales, la bebida caliente oscura, la vegetación entre grietas, los hoyuelos en las mejillas de alguien que sonríe, el sabor de las uvas merlot añejadas pasando por mi boca, la irreverencia alimenticia de los postres, el maullido de mi gata cuando llego a casa, el calor de la lana en las manos en una mañana fría, las máquinas que producen letras, los museos, los remolinos azules y amarillos de la noche estrellada de Van Gogh, el trasporte público vacío, la quietud de las bibliotecas, las manos tocando un piano, las calaveras, lo sensual de la seda, el color de las hojas de los arboles cuando las atraviesa un rayo de sol, el sonido del agua chocando contra el mundo,los programas de asesinatos, las sábanas blancas, los colores de los sellos en un pasaporte, la textura de unos labios en mi espalda, la flor típica de los países bajos...
No me gusta las vecinas espías, repetir restaurantes, los ojos pesados por el sueño, el optimismo desaforado, las lágrimas que no pueden salir, la dependencia de los perros hacia su amo, el frio de los quirófanos, los semáforos largos, la cebolla, las personas lentas al caminar, las narconovelas, la insistencia de los comerciales, el precio exagerado de los tiquetes de avión, la luz mientras duermo, los ring tones, la desconexión que produce la anestesia general, el llanto de los niños, el amarillo neón, la producción en serie de las obras de arte, la rumba, las vibraciones sonoras demasiado altas...