Porque no había más eternidad que aquella suave primavera que adornaba sus piernas y sus brazos. Un hombre que realmente ama a una mujer le da la vuelta al mundo para encontrarla, conversa con el micro y el macro, pregunta el paradero de los sueños y también se cuestiona si la esencia es más fuerte que la duda. El viento de la mañana entró en la ventana y ella se acurrucaba en mí para que la protegiese de aquel frío. Tal vez una chica puede volver a soñar con el amor si aquel que la pretende no le reclama sus actitudes extrañas y con el más fino de los silencios insiste con detalles y no palabras porque las palabras cualquiera las dice; y aquel pretendiente dispone de la voluntad para permanecer ante la indiferencia porque a veces la indiferencia no es sinónimo de desprecio sino una especie de escudo porque la chica se encuentra demasiado dañada y tiene que probar si el valor de la pretensión no es una ilusión que se desmorona con la primera muestra de lejanía. Tal vez la chica olvide la vanidad que un día la corrompió y para que esto suceda no se deben prometer más lunas ni estrellas sino acciones que fulminen todo rastro de duda
Teoría de la Fragilidad, Quetzal Noah
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