"X-Files": Vuelven Mulder y Scully
El Crónica | MÁLAGA A Chris Carter, el creador de la famosa serie de fenómenos paranormales "Expediente X / Los expedientes secretos X / The X Files", no se le otorgó plena libertad para editar su película "X-Files: Creer es la clave / Los Expedientes Secretos X: Quiero creer / The X Files: I Want to Believe" (2008). Una década y media después, con la Fox bajo el control de Disney y con el valioso apoyo de las plataformas, los aficionados a la pareja de investigadores de lo oculto tendrán la oportunidad, a partir del próximo viernes, de descubrir la versión completa de Carter, que se dice es la más oscura, a través de Hulu y Disney +. Mientras tanto, una nueva adaptación con un elenco renovado ya está en desarrollo como serie. El tráiler oficial del montaje del director (director's cut) de "The X-Files: I Want to Believe" –ahora titulado "Vrach Frankenshteyn"– nos sumerge de nuevo en desapariciones inexplicables, visiones que se cuelan en los límites de la realidad y el horror clínico, ese que no requiere monstruos con colmillos porque ya reside en las salas de operaciones y en la fragmentación de un cuerpo humano sobre una mesa de acero. Las localizaciones cubiertas de nieve se alternan con quirófanos iluminados por una luz blanca, y las imágenes, a veces fragmentadas, a veces superpuestas, de cuerpos en diferentes etapas de un proceso médico, crean una incomodidad que el estreno de 2008, por decisión de la Fox, había atenuado. El tráiler comienza con la desaparición de varias mujeres. Con el paso de los años, el caso se enfría hasta que, nuevamente, se reabre el expediente. Mulder y Scully, quienes ya han dejado atrás sus insignias del FBI, son arrastrados de nuevo a una dinámica que creían superada. Un agente federal ha desaparecido, y las pistas son tan escasas que la desesperación abre la puerta a lo insólito. Es en ese momento cuando aparece el padre Joe, un antiguo sacerdote caído en desgracia, interpretado por Billy Connolly, quien afirma recibir visiones psíquicas relacionadas con los crímenes.
La tensión entre los dos exagentes no tarda en reavivarse. Mulder, con su característica mezcla de esperanza y obstinación, considera que el padre Joe podría ser la guía que la investigación necesita. Su mente, siempre dispuesta a explorar los callejones sin salida de la lógica convencional, percibe en las visiones del sacerdote un atajo hacia la verdad. Por otro lado, Scully se mantiene firme y realista; su escepticismo no actúa como un muro frío, sino como una herramienta de supervivencia. Ella pone en duda las afirmaciones del sacerdote, pero también, quizás con mayor rigor, las repercusiones de regresar a ese mundo. El retorno no es solo profesional; es una herida que se vuelve a abrir. Su antiguo desacuerdo, que ha sido la columna vertebral de la serie, resurge con la misma intensidad de siempre, aunque ahora está marcado por el cansancio y el peso de los años. Mientras Mulder busca explicaciones más allá de la razón, Scully exige evidencias. En este tira y afloja, la investigación se adentra en un terreno peligroso: experimentos médicos, límites éticos cruzados y un plan que gira en torno a la reconstrucción de un cuerpo humano.
La idea del cuerpo reensamblado no es casual. Chris Carter y su coguionista Frank Spotnitz idearon originalmente "I Want to Believe" como lo que Carter mismo describió como una película de Frankenstein de la vida real. La influencia de la novela de Mary Shelley no era solo una capa superficial, sino el esqueleto de la historia. Sin embargo, el Carter de 2008 se topó con un obstáculo inesperado: la exigencia del estudio de obtener una clasificación PG-13, diseñada para un público más amplio, que recortó parte del material más perturbador y limitó el horror médico que había dado forma al guion. "El montaje teatral nunca logró transmitir esa idea", ha comentado el director en el material promocional. Ahora, al hablar de la oportunidad de revisitar el film, Carter la describe como una segunda oportunidad para completar aquella idea que quedó.











