Emma a Bruce
Querido Bruce,
Me he despertado esta mañana encontrándome con un improbable y hermoso día con cielos azules y brillantes y esas pequeñas nubes blancas que se mueven con rapidez. “Vale”, pensé. “No voy a pasar este espléndido día de la maravillosa Londres dentro de esta casa a punto de derrumbarse, fregando el suelo y pensando en fantasmas. La pregunta es: ¿Cómo convencer a Julian de que deberíamos salir y divertirnos?
Subí al piso de arriba y encontré a Julian tomando café en la cocina. Le dije:
“—Jules. Sabes esa cosa que quieres que haga, ¿la cual he estado rechazando? Si vienes conmigo y pasamos un buen rato hoy por Londres, lo haré.
Una gran sonrisa se posó en su cara. Dijo:
—¡OKAY!
En realidad, lo dijo mientras ya salía por la puerta. Tuve que traerlo de vuelta para que cogiera una chaqueta.
Bruce, nos los pasamos genial en Londres. Cogimos un viaje en barca por el Támesis. Fuimos a una tienda de disfraces. Vimos la Torre de Londres y también fuimos a Fortnum y Mason’s y tomamos el té. Julian se comió todos los sándwiches de pepinillos porque yo los odio. Fuimos al Ojo de Londres, el cual es una versión más espectacular que la noria del embarcadero de Santa Monica. Ningún demonio nos atacó esta vez, y Julian alquiló una cabina entera para que pudiéramos abrazarnos y hacer arrumacos.
En medio de los arrumacos y los abrazos, Julian se detuvo y me miró a los ojos con una mirada intensa. Sabía que quería preguntarme algo, y por un momento pensé… bueno, la verdad no importa.
—Emma —dijo—: ¿Qué te parecería mudarte conmigo a Londres?
Dije:
—¿A que te refieres? Ya estamos aquí.
Me explicó lo que estaba pensando, que si conseguíamos arreglar Blackthorn Hall, podríamos vivir en ella hasta que Dru o Ty o Tavvy (o los tres) crecieran y quisieran mudarse allí. Me explicó que Helen y Aline estaban haciendo un gran trabajo dirigiendo el instituto de Los Ángeles y que no nos necesitan en realidad. Además, están pensando en formar una familia pronto así que tal vez no quieren a demasiada gente por el instituto. Dije:
“—Pero pensaba que te gustaban Los Ángeles, y a todos los que conocemos viven allí.
Él me dijo que eso no era del todo verdad. En Londres, estaríamos más cerca de Ty, y que habría prácticamente la misma distancia con la costa este, donde Dru está, y por supuesto Mark y Cristina también están en Nueva York la mitad del tiempo. Creo que se percató de que no sabía que decir, porque añadió:
—Es sobre nosotros teniendo un hogar, uno que formemos juntos. Ser mayores, y tener una vida de gente mayor”.
Bromeé un poco, diciendo que éramos bastante jóvenes, y él dijo:
“—Sé que la mayoría de la gente que salen cuando son adolescentes acaban rompiendo. Crecen y cambian. Quiero que nosotros vivamos las cosas importantes juntos, para poder cambiar juntos. ¿Tiene eso sentido?”
Le dije que sí, aunque la verdad me asusté cuando mencionó la idea de ROMPER como concepto. Así que le besé, lo cual nos distrajo a ambos, y cuando nuestra cabina se detuvo en el suelo, todos aplaudieron y silbaron. Los ingleses son más lujuriosos de lo que había supuesto en un principio.
Estaba agotada para cuando llegué a casa y descubrí que nuestro amigo fantasma había estado activo en nuestra ausencia. En el polvo del suelo del comedor había escritas las palabras
ENCONTRAD LA TABERNA DEL DEMONIO
Ahora, ¿Qué narices significa eso? Aunque la verdad, estuvimos bastante satisfechos al ver el mensaje. Al menos es una pista para empezar a desenmarañar el misterio de nuestro fantasma y su banda de plata.
Ps.: Bruce, sé que te mueres por saber que es lo que Julian quería que hiciera y lo cual he estado rechazando. ¿Te acuerdas cuando comenté que fuimos a una tienda de disfraces? Bueno, se ve que Dru hizo que Julian viera “Los Juegos del Hambre” la última vez que estuvimos en casa, y él deseaba pintarme así.
Las cosas que hacemos por amor.
—Emma
Texto original de Cassandra Clare ©
Traducción del texto de Niloa Gray ©
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