Cuando descendieron y accedieron a los pasillos de la petrolera, Lilah se llevó el brazo a la cara, tapando su boca y nariz. Palpó casi al instante sus bolsillos, asegurándose de que había cogido su inhalador y se tranquilizó al notarlo en el bolsillo interior de su chubasquero. En un movimiento rápido y disimulado, se deshizo de su sujetador y tiró de la costura central del mismo en un intento de descoser las copas. Tras varios intentos, lo consiguió, y cedió una de las dos copas a Thomas, llevándose la otra a la cara, sosteniéndola con la mano, tapando su nariz y boca.
—No es la mejor mascarilla del mundo, pero algo hará.