basado en esto
Las pertenencias que Stanley llevaba ahora consigo eran muy pocas, pero después de todo ese tiempo encerrado, era lo que menos le importaba. No había familia que quisiera verle la cara actualmente y no los culpaba, quien había hecho las cosas mal era él. Y la única persona que había decepcionado con sus acciones, había dejado de visitarlo al mes y medio del suceso. Le entendía. Pero por esa misma razón, a pie, se dirigía a la última dirección que recordaba que había vivido esta persona.
No fue un camino corto, pero esperaba que valiera la pena y, una vez estuvo frente a la puerta, llamó a la puerta. Esperó y nada. Suspiró, poniéndose no nervioso, pero temeroso. Volvió a golpear la puerta, esta vez un poco más fuerte. Se volteó a medias, ansioso y anticipándose a que la puerta no se abriera. Pero esta vez lo hizo, y entonces rápidamente se giró para saludar. La sorpresa se la llevó él, al ver que se trataba de una pequeña muy bonita pero que desconocía. “Ehm... hola... ¿hay algún adulto con el que pueda hablar?” su voz áspera, seca, esperaba que no la asustara.














