white witch - thysania agrippina (erebidae)
author; dreed41, inaturalist.org
no credit needed
seen from Türkiye
seen from Macao SAR China
seen from United States

seen from Saudi Arabia
seen from United States
seen from Japan

seen from Yemen
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Malaysia
seen from Netherlands
seen from Singapore
seen from Germany
seen from United States
seen from Romania
seen from Malaysia
seen from China
seen from United Kingdom
white witch - thysania agrippina (erebidae)
author; dreed41, inaturalist.org
no credit needed
made clothes for ocs i made w maria...they r twins
Thysania agrippena, the White Witch is the largest moth in the world in terms of wing length. This Erebid moth is found throughout central and South America in the tropics. It's pretty spectacular. #thysania #thysaniaagrippina #whitewitch #moth #whitewitchmoth #erebidae #largestmoth #amazing #nature
-Penumbra-
Abrió los ojos, clavando la mirada en el oscuro techo de aquella estrecha habitación sin ventanas. Se arremolinó entre las sábanas en un gesto nervioso, y corrió haciendo soniditos cantarines hasta llegar a la pared de en frente de su cama, donde descansaba el único mueble que adornaba la estancia: una simple mesita de madera, y sobre ésta, un espejo en el que no conseguía verse aún reflejada, debido a su pequeña estatura.
Cogió un cepillo del cajón de la mesita y salió de la habitación como una polvorilla.
- ¡Peinar! ¡Peinar! ¡Peinar! –Dijo la chiquilla pellizcando la falda de la mujer que parecía preparar el desayuno.
- Luego, ahora no.
- Péiname… –Insistió estrechando levemente el ceño en un gesto triste mientras se daba golpecitos con las púas del cepillo en un lado de la cabeza.
Thysania suspiró apartándola con la mano, cada mañana era igual y maldecía haberla malacostumbrado así.
La chica se rindió sentándose en una de las sillas del pequeño comedor, mientras se daba tirones del pelo con el cepillo, y cambiaba la expresión de dolor del rostro según éstos eran más o menos fuertes por los enredos.
- Toma anda, come y calla –Le dijo la mujer en tono severo mientras le dejaba delante un cuenco con una papilla cremosa de color blanquecino. –Trae esto, pesada, que eres una pesada.
La niña sonrió comiendo torpemente y con ansias, mientras Thysania le cepillaba el pelo desganada, pero de manera cuidadosa.
- Hoy bajaré al pueblo, necesito comprar cosas, ¿podré dejarte sola toda la mañana?
- ¿No hay cuento hoy?
- No, hoy no, al menos ahora, cuando vuelva a la tarde te contaré dos. ¿Te parece bien?
- ¡Sí! –Respondió entusiasmada empezando a girar la cabeza para sonreír a la mujer, pero ésta interrumpió el gesto tirándole del pelo para que no se moviera. La chica obedeció manteniendo la sonrisa, tras una pequeña queja por el tirón.
Al cabo de un par de horas, la mujer cumplió lo advertido y dejó a la niña tras la puerta principal, bien cerrada.
La casa quedó entonces completamente oscura, siempre que marchaba al pueblo y la dejaba sola, sellaba las escasas ventanas y toda rendija por donde entrase la luz del día.
Y en la oscuridad de la salita principal, podía verse la silueta de la pequeña mecerse entretenida, hablando sola o con sus manos, y canturreando una canción que desde que tenía uso de razón la había acompañado.
Durante esos cuatro años se había acostumbrado a estar así, cada vez que Thysania se marchaba, su única compañía eran las sombras de aquella humilde casa. No le importaba, no tenía miedo, aunque a veces le parecía ver a su alrededor extrañas formas que se movían en las zonas más oscuras, “Es tu imaginación, eres una chica lista, no te asustes de la nada” recordaba una y otra vez aquellas palabras dichas por la única persona que conocía y adoraba; al hacerlo sonreía con confianza, esperando paciente su regreso, mientras volvía a sus juegos infantiles en la penumbra.
Prólogo
El sonido de los cascos de un caballo rompieron el tranquilo silencio nocturno mientras la tierra, sacudida por el galope, salpicaba las hierbas que crecían a los lados del sendero.
La luz de la luna se filtraba por entre las hojas siendo ésta el único foco que alumbraba el camino hacia el lugar acordado. Y allí estaba ella.
La silueta oscura de la mujer se podía ver a lo lejos, y a medida que se acercaba, el jinete estiró de las riendas para ir aminorando la velocidad de su montura.
- ¿Cómo tendré que cobrarte el tiempo de más que me has hecho esperar? –Dijo la voz proveniente de la encapuchada.
- He venido lo más rápido que pude… ¿Qué más quieres arrebatarme, bruja? –El hombre bajó del caballo con un bulto entre los brazos.
- No escucho nada… el trato queda inválido si la criatura nació muerta. –Sentenció estirando un poco el cuello, curiosa y desconfiada, mirando fijamente lo que aquel hombre traía consigo. –No hará falta que…
- No está muerta, está agotada. –Frunció el ceño, y al mirar al bebé su rostro se tornó triste y angustiado. –Es… ¿Es necesario esto?
La mujer apretó los labios con impaciencia, y adelantó los pasos que restaban hacia él al observar el gesto protector con el que abrazaba lo que ahora, y desde hacía nueve meses, iba a ser suyo.
-Lo es. –Dijo adelantando las manos. –Dámelo, no será bueno que a estas alturas te retractes en lo que acordamos, sobre todo para ti y tu mujercita.
- Pero... –El hombre subió la vista mirando a la encapuchada con ojos suplicantes.
- ¡Dámelo!
- Puedo darte todo el dinero que quieras. –Comenzó a decir rápido, a la desesperada. –Pide la cantidad que desees y…
- ¡No quiero vuestro asqueroso dinero! –La rabia comenzaba a brotarle por todos los poros de la piel. – ¡La vida de tu mujer por tu primogénito!, ¡Ese era el trato!, ¡No aceptaré nada más!
Por mucho que aquel padre lo deseara, no había ni un alma más que ellos dos y el bebé, y los gritos que la mujer lanzaba al aire quedaban protegidos por la flora y fauna de aquel recóndito lugar.
No esperó mucho más para volver a insistirle.
- Por favor…
-¡He dicho que no! –Esa última protesta fue acompañada de un golpe en el suelo con el tacón de la bota, y sin pensarlo dos veces, levantó una mano, con los dedos en forma de garra, en dirección al rostro del hombre. –O dejas de hacer y decir estupideces… o lo único que conseguirás con esto será una mujer viuda…
El hombre comenzó a respirar de forma agitada, observando un extraño brillo púrpura en los ojos de la encapuchada. El leve silencio que se hizo durante unos segundos se rompió con el llanto del bebé que acababa de despertar, y ambos adultos se sobresaltaron ante el agudo lamento.
Sin querer malgastar un minuto más de su valioso tiempo, la mujer se acercó lo suficiente para arremeter contra el hombre y arrancar al infante de sus brazos.
- Has puesto demasiada resistencia en algo que fue tu propia elección. –Replicó ella tratando a la criatura de forma brusca, escondiéndola de la vista de su padre bajo la capa. –Si no sabes cumplir tratos, no los hagas. –Tras decir esto, se ajustó la capucha y se giró, dándole la espalda, alejándose de él con paso decidido y acelerado.
La mandíbula se le tensó, los labios le temblaban aún manteniéndolos apretados, estaba de espaldas, vulnerable, era el momento perfecto, jamás pensó que lo tendría tan fácil. El hombre ocultó un momento su diestra entre los pliegues de su chaqueta, para descubrir segundos más tarde el fino cañón de una pistola. Las manos le sudaban y le temblaban pero ella estaba cerca, no podía fallar.
Apuntó con toda la firmeza que le fue posible, giró lentamente el tambor preparando la bala, la mujer paró alarmada ante aquél evidente sonido, y un disparo hizo que los pájaros que descansaban en los árboles cercanos salieran en desbandada.
La boca del cañón de la pistola humeaba, y la mujer sonreía bajo la capucha, aún de espaldas al hombre que se sujetaba la zona izquierda del pecho, guardando un dolor silencioso, e intentando retener la sangre que salía a borbotones de forma inútil.
Las piernas se le aflojaron cayendo de bruces al suelo, y mientras el corazón se le vaciaba, no pudo más que ver como la mujer que antes tenía en frente, también estaba detrás de él.
Fue incapaz de hacerse cualquier pregunta ante aquel fenómeno que le desconcertó, y su muerte se vio acompañada por la siniestra sonrisa de la encapuchada, y las mariposas que deshacían por el aire al fantasma que le asesinó.
Thysania agrippina - Ghost Moth