- La no despedida -
Las horas pasaban una tras otra, y el mayor sonido que se escuchaba era el movimiento de pies y manos de una impaciente y nerviosa Dyna.
Desde que se despidió de Allen apenas hubo amanecido el día, a la rubia le había dado tiempo de asearse, preparar un desayuno más o menos aceptable, limpiar por encima la casa, y empacar todo lo que creía de utilidad para la vuelta hacia Arco.
Tan sólo le quedaba algo por zanjar, y a quién necesitaba para ello... se marchó mientras dormía y aún no había dado señales de vida.
Un nuevo resoplido más un cambio de posición hizo crujir la silla en la que estaba sentada. Observaba el escaso equipaje junto a la alacena: una pequeña bolsa de viaje y una guitarra recién reparada.
Frunció el ceño mirando el instrumento, un regalo que de seguro fue hecho con la mayor de las buenas intenciones, pero que para ella empezaba a resultarle igual que veinte monedas de plata por los servicios ofrecidos.
- Como no aparezcas... te la cargas -Musitó, dirigiendo aquella amenaza hacia una puerta que no parecía tener intención de abrirse en ningún momento.
El llanto de uno de los bebés, seguido por el del segundo, alertó a la chica, y olvidándose momentáneamente de Thenon y su ausencia, corrió escaleras arriba en busca de Bordeaux y los críos.
Aquello era lo único que le mantenía con la cabeza en otro lugar. Los momentos que pasaba haciendo compañía y prestando su ayuda a la albina eran los únicos en los que no atendía a las miles de réplicas que tenía preparadas para abordar a Thenon en cuanto llegara. Pero era precisamente por eso, porque quería que lo primero que se encontrase nada más volver fuera a ella, que en cuanto tenía la oportunidad, bajaba a esperarlo aunque viera las horas pasar en un lento silencio desesperante.
La tarde comenzaba a caer sobre la ciudad, y habían sido varias las veces que estuvo a punto de sucumbir a su impaciencia, resistiendo las ganas de salir a buscarle. No podía creer que un hombre hecho y derecho como era él se hubiera largado sin más, incluso sabiendo que ese mismo día ella volvería a Arco sin tener la certeza de cuando regresaría de nuevo a Linde.
Y lo que en un principio era un sentimiento de nervio y vergüenza, se empezaba a convertir en rabia, y un enfado llevado por la frustración. Y fue con esas últimas emociones a flor de piel cuando arrancó un trozo de papel y comenzó a escribir.
No dudó, no tachó, y en el papel arañado por la pluma podía leerse algo más que las palabras que estaba plasmando.
- ...Hasta cuando sea... que nos volvamos a ver... Dy... ¡...!-Unos golpes en la puerta sobresaltaron a la muchacha, que se levantó casi tirando la silla hacia atrás, dejándolo todo para correr y abrir.
En milésimas de segundos una serie de sentimientos enfrentados se revolvieron en su pecho, por una parte quería sonreír de forma aliviada -en ningún momento dejó de confiar en que él llegaría, antes o después-, y por otro lado, las horas de espera la obligaban a arrugar el entrecejo y explotar en forma de serio cabreo.
Pero no pudo ser ni de una forma ni de otra; todo aquel remolino de emociones cayeron a la altura de sus pies cuando al abrir la puerta a quién encontró de golpe no fue a Thenon, sino a Ezra, que tal y como planearon, el pelirrojo se pasaría a buscarla para hacer juntos el viaje hacia la ciudad costera.
La rubia tardó en reaccionar, y una vez despertó de su desilusión... le invitó a pasar, despidieron a Borde, recogió sus cosas, y ya estaban cruzando el umbral de la puerta cuando un último vistazo hacia el interior de la casa le mostró aquel papel sobre la mesa.
- Dame un segundo... -Rogó al pelirrojo, adentrándose y acercándose al mueble.
“Dyna” escribió finalmente, concluyendo aquella nota con una firma que le supo amarga, y a esas alturas, más triste que enfadada.
















