seen from Malaysia
seen from Australia

seen from Maldives
seen from Singapore
seen from United States

seen from United States

seen from United Kingdom
seen from China
seen from Mexico
seen from China

seen from United States

seen from Australia
seen from Russia
seen from China
seen from United States
seen from United States
seen from Sweden

seen from Italy

seen from Malaysia
seen from United States
INFINITO.
Primer Tiempo
Prólogo
La primera vez, exactamente, no la recuerdo; ni siquiera la sé. Pero, la primera vez que recuerdo, fue de esa manera. Se escuchaba el sonido del tráfico como el de los árboles, como el del oxígeno. Caminamos; las personas se veían igual que otros días, igual que nosotros. Se paraban, se sentaban. Reían, se miraban; caminaban de igual forma. Probablemente estarían haciendo lo mismo, quizás hasta en un asunto más importante estaban.
Y el sol coronaba las siluetas de las edificaciones, sólo iluminaba. Las sombras de las copas caían sobre nosotros. Decidí sentarnos ahí, supe, por alguna razón, que ese era un buen lugar. El contexto indicaba que era el momento preciso; lo sentía como esos días sin tiempo, que parecen nunca acabar. Era de día, y entonces recordé, la primera vez que vi a través de algunas pupilas, lo mucho que me gustaban los ojos, las miradas, y las cejas pobladas. La primera vez que pareció el reloj se detuviese.
- Ya, dime- me sacó de mi ensimismamiento su pequeño tono ansioso. Sonreí.
- ¿De verdad quieres que te lo diga todo? ¿Todo, desde el principio?
- Sí.
- Es una historia muy larga, a decir verdad. Y más cuando está en mis palabras. Supongo que en los detalles es donde más me pierdo. ¿Realmente quieres escucharla toda?
- Sí, por supuesto.
Cabizbajo, me reí.
- Todos, siempre solían decirme: “Escucharte es tardar un año para algo de una hora. Dices hasta cuando moviste un dedo, cuándo parpadeó, y cómo lo hizo”.
- Bueno, sí. ¡Ya empieza!
¿Con qué empezaría? En realidad sabía la época, más o menos el tiempo de lo sucedido. Pero no sabía cómo empezar, en ese momento.
Volteé a ver a los demás transeúntes alrededor. Existe una enorme cantidad de relatos y sucesos en el mundo. Hay una gran diversidad en cuanto a hechos que pueden suceder y han sucedido a muchas personas; cada quien tiene su historia. Todos tenemos un inicio, un desarrollo, un nudo, clímax y un desenlace. ¿Qué haría diferente mi historia de la de los dos jóvenes que se alcanzaban divisar a unos cuántos metros de nosotros? Se veían felices. Tranquilos, pero felices.
Si nos fijamos detalladamente, todos esos cuentos, novelas o películas que son protagonizadas por personajes humanos no son más que historias creadas o experiencias vividas por una persona, todo está dentro de lo posible. Y que sea posible es lo que hace a cada historia tan cautivadora, tan amenazante. Si no fuera así, ¿qué nos quitaría el aliento al momento de que nos imaginamos en el lugar de cada personaje?, ¿qué nos colocaría en esa posición, si no nos pudiera llegar a suceder a nosotros? Porque así es, esto alguna vez nos podría llegar a suceder.
Entonces unos chicos pasaban en sus patinetas, con sus pantalones apretados, frente a nosotros. Se sonreían, y el viento les despeinaba los cabellos. Recordaría más. Todos los relatos se van componiendo a base de simples sucesos, entrelazándose. A menos de que sea una novela fantástica o mitológica, todos los hechos sucedidos no son más que los momentos comunes dentro de alguna experiencia humana que se van uniendo para formar ese tejido, todo ese sistema que es una historia.
Por eso dicen que me pierdo, que soy distraído. Por eso todo el mundo siempre me decía que tardo mucho, para todo. ¿Qué sería si, a su vez, no se conjugara con sentimientos y emociones? Lo que sea puede llegar a convertirse, de la más insignificante cosa, hasta lo más especial. Y esa historia deja rastros, en cada uno. La historia que nunca se detiene sino para concluir por definitiva, es eso, lo que muchos llamamos con el práctico término, sencillo, común; fácil, de “Vivir”. Y eso sí que sería tan sólo más fácil.
- Y, ¿entonces?
¿Cómo empezaría? Aún seguía buscando entre mis alrededores una buena oración.
- Bueno, primero que nada, no quiero proponer esto como una historia personal. No quiero, en absoluto, que sea como una autobiografía. Quiero que todo lo que yo te cuente tú te lo imagines como cualquier otro cuento. Como alguien a quien no conoces, como un personaje más, un personaje cualquiera- mi acompañante asintió. Naturalmente, soltó unas cuantas risas por las expresiones de mi rostro-. Vamos a comenzar en el tiempo que creo es el adecuado. Describiéndote las cosas de aquel entonces. Te advierto, puede que este relato te confunda, y que no entiendas. De la misma manera me pasó a mí. Sobre todo, y mucho más, a mí. No sé cómo estén las cosas; todo, o la mayoría de esto, al menos, sucedió y va sucediendo dentro de mi cabeza- quizá por ese motivo no hubieron conversaciones particularmente largas, pensé-. Te aclaro, quizá y, simplemente, me lo imaginé. Talvez fue mi mente quien inventó todo esto. Pero eso sí, esa es la manera en la que yo lo vi, en la que lo viví. Y, creado o no, eso no significa que no sea real. Aunque sea para algunos pocos, aunque sea para mí. Eso es independiente del juicio de cada uno, creer o no.
Mientras hablaba, arrancaba las hojitas del esponjoso recubrimiento verde en el que nos encontrábamos postrados. Se quebraban las fibras y se abrían entre mis dedos como si ya tuviesen indicado el camino. Noté que también hacía lo mismo. Las horas dormían como en aquella vez.
- Bueno, entonces lo primero que tendremos que hacer es ponerle cara a la historia. Será Santiago. Santiago Madrigal…
Y ahí fue cuando él abrió los ojos. Una vez más, de nuevo, los pulmones de Santiago se inundaron, presionando contra sus costillas, para soltar dióxido de carbono. En el mismo lugar, en el mismo momento, porque era de día.
- De igual manera, este cuento talvez te resulte aburrido. Santiago era un muchacho que podría ser igual a muchas personas aquí, o esas que van por allá. Nunca poseyó ningún objeto mágico, ni algún súper poder, desgraciadamente. Santiago era un adolescente que nació y vivió en una ciudad en pleno desarrollo. Dentro de algún estado, al sureste de un país. Pero Santiago creía en muchas cosas: creía que le había tocado existir en un mundo llenísimo de posibilidades, mas, sin embargo, que cada oportunidad estaba bien escondida debajo de alguna piedra, y creía que no todas las personas eran capaces de verlas; capaces de buscarlas. Y también creía firmemente –cuestión que le entristecía- que moriría sin haber conocido algunas cosas y sin saber siquiera de la existencia de las otras. Lidiaba, día tras día, con eso. Santiago creía en los astros; en los horóscopos. Santiago creía en el futuro, en el destino, Santiago creía que todos veníamos en este mundo por algo. Santiago no era la persona más buena del mundo, ni siquiera estaba cerca de serlo, sin embargo Santiago creía que existía un Dios que lo veía en todo momento, en cada instante. Que estaba con él, y que estaba por él. Santiago creía en muchas cosas. Santiago también creía en las personas.
Cuando volví a ver las figuras de los edificios, los rótulos, las ventanas, algunos vidrios brillantes, otros viejos y quebrados. A lo lejos, como recuadros, unos negros, unos claros, se veían. Cuando vi el transitar de la población de aquí a allá, todo ese panorama urbano, tuve que sonreír.
- Todo sigue igual que cuando estaba antes. Igual, porque está diferente. Porque siempre lo vi cambiando, nunca, nada, estuvo estático. Aunque éste lugar haya cambiado de cuando solía venir, sigue siendo el mismo. Porque cuando venía ya había cambiado, y cuando regresaba ya lo había vuelto a hacer. Miro a este lugar y puedo pensarme como si de nuevo estuviera en ese tiempo. Todo sigue igual, sigue estando diferente.
“Santiago creía fielmente en eso. Que le había tocado vivir en la época de los cambios. Que por eso todo se le cambiaba y se le iba. Nada era de verdad, ni nada era absoluto. Santiago decía que cuando vivía había de todo, en todos lados. Hasta las cosas que uno no podía llegarse a imaginar, al otro día ya eran una realidad.
Le miré. En mis pupilas se destaparon uno por uno los recuerdos proyectados por los efectos de la radiación ultravioleta que forman circulitos. Dejé de romper el verde del césped.
- ¿Sabías que entre mayo, junio y julio siempre me agarra la melancolía? Después vuelve en diciembre y se va a finales de enero.
Se rió conmigo. Cuando nuestras miradas se prolongaron, volvió a preguntar:
- ¿Cómo es que te acuerdas de todas esas cosas?
Se regresaron como un desfile frente a mí. Cada paso, cada toque. La respiración, su aliento, su mirada; su sonrisa. Yo sonreí al verle.
- Cuando algo te es importante, recuerdas hasta la ropa que traías puesta ese día. Y cómo se veía, para ti, todo lo demás.
Cuando dirigí la vista al teléfono celular, lo primero que quise fue ver la hora. Y entonces vi el nombre de la canción.
- Ya se cómo empezar- me reí-. Santiago creía obstinadamente que su vida era una playlist; un video musical. Veía todo y a todos como si le cantaran y actuaran de acuerdo, por doquier. La música, conforme a la situación que vivía, era la manera más precisa de definir cómo veía y cómo sentía lo que le rodeaba.
“Porque Santiago podía ver, podía escuchar, podía oler, saborear. Por eso, Santiago pudo llegar a sentir muchas cosas.
***
- ¿Y cómo empiezo esto? ¿O por dónde? Deberían dar instrucciones más precisas. Quizás primero el nombre, el grado y el grupo, y la escuela. O talvez primero el nombre de la escuela. Menos mal, no tiene que ser a mano.
“¿Cómo quieren que me acuerde desde el Jardín de Niños? Con trabajo, apenas y me acuerdo de la vez en que empujé a mi supuesto mejor amigo de aquel entonces, y de aquella vez en que ese pequeño gordo se orinó frente a mí mientras se comía un sándwich. Aunque, bueno, quizás y me podría acordar de otras cosas, si tratara.
“¿Qué cosas debería poner? ¿Será que todo? Pues, de la familia, dos papás, dos hermanas, y yo, el de en medio. Isabel, dos años mayor; Ana Sofía, seis menos que yo. Y Ana Sofía porque no se dieron cuenta. Aún me acuerdo del día en que llegaron y me dijeron “vas a tener una hermanita”. Eso explica el por qué seis años.
“De mí. ¿Qué cosa de mí? Parece que no fuera suficiente la fotografía. Bueno, pues, un metro y tal vez sesenta centímetros, ¿debería poner mi peso? Pondré que no sé, que no me he pesado. Ojos cafés, cabello negro. Rizado, por mamá. Dicen que la cara es de papá, aunque yo diría que por partes. Principalmente, la quijada, como un bolillo, sí, de papá. Y también la nariz, tan redonda que parece una pera. Para bien, el perfil, de mamá. La mirada que parece triste y cansada, es porque pudiera dormir todo el día. Gracias a Dios, la piel heredada de mi madre nunca ha dado problemas. Los dientes, a la fuerza. Cómo no recordarnos, a Isabel y a mí, entre lágrimas, goteando después del engaño.
- A ver, vengan. Quiero ver cómo van los dientes- nos decía mi padre cuando estos ya colgaban como péndulos en sus raíces. Los sobaba con las almohadillas de sus dedos. Nosotros, quietos siempre, le confiábamos, cuando él se asomaba al negro interminable de nuestra boca abierta como una cueva. Y entonces sólo se escuchaba el ruido del desgarre, y corríamos llorando ensangrentados mientras papá se quedaba lavando el diente. Y lo veíamos reírse.
“Después, un manotazo en la boca si nos veía chupar los huecos. Recorrer la lengua por la superficie blandita, ondulante entre los resquicios de carne tierna, era la diversión del momento. La cosa rica que no debíamos hacer. Mamá casi nunca pegaba. Pero, sin los manotazos de mi papá y sus salvajes extirpaciones, quién sabe cómo hubiésemos tenido la mandíbula mi hermana y yo. Y ahora Isabel recibe halagos de los dentistas.
“Moreno, como la familia de mi madre, que vinieron de los mares de más arriba, después de las montañas; de otro estado. Isabel también. Ana Sofía nació blanca, era como una piedrita de río, como la familia del padre de mi padre; como el misterio de los ojos azules del padre de mi madre y su antecedencia francesa. Nació blanquísima, pero su naturaleza de anfibio se resistió y obligó poco a poco a su piel llenarse de melanina. Las manos y su cara, largas como las de la bisabuela, suspiraba la familia de mi papá cuando la veían. Mi mamá me lo confirmaba, porque yo nunca la conocí.
“El cuerpo y la complexión, pues por McDonald’s.
“Papá era como los dientes, siempre dolía más. Mamá casi nunca me pegaba. Como tradición, yo pendía de los cinturones y el hombre me zangoloteaba hasta que me soltara. Nos pegaba cuando nos salíamos a la calle, cuando no hacíamos las tareas. Nos pegaba cuando hablábamos con personas que nos decían que no debíamos hablar, cuando las vecinas se quejaban de nosotros, cuando dejaba que me pegaran. Nos pegaba cuando no queríamos comer, nos pegaba cuando llorábamos mucho; le pegaban a Isabel cada que le contestaba a mi mamá. Papá nos esperaba en el marco de la puerta, recargado, cuando no queríamos levantar los juguetes del suelo y guardarlos en el baúl, con el cinturón en mano.
“A Ana Sofía crecer no le dolió, porque cuando ella llegó papá ya casi no pegaba, mamá casi no gritaba. Cuando llegó Ana Sofía casi a todo se le decía que sí, y todos le decían que sí. Cuando Ana Sofía nació, crecer ya no dolía, y por eso tuvo que usar brackets cuando le salieron los permanentes.
“Ana e Isabel, a simple vista son más papá; su cara es como sus máscaras. Yo también, pero más mamá. Y no sólo de cara, si no de espíritu. Porque a mí me gustaba tender las sábanas por la mañana y darles palmaditas en las bombas de aire que se formaban en los bordes de los cojines, como ella hace. Preguntar “¿qué vamos a comer hoy?” y ayudar, dándole ideas, a mamá para que siempre comiéramos algo diferente. E Isabel no. Isabel jugaba fútbol con mi papá, pateaba duro con la punta del pie, y reía estruendosamente igual que él. Isabel les caía bien a las personas cuando yo casi no hablaba. Ana Sofía nunca dejó de ser el bebé, y por eso nos obligaron siempre a reírnos cada que ella decía “cono”. Porque fue la primera palabra que aprendió a decir, en medio del Car-Service de McDonald’s. Y después de ese día, ir a McDonald’s fueron risas obligadas y conos de helado para la más pequeña.
“Isabel siempre fue más papá, yo más mamá, y Ana Sofía siempre la más pequeña. Y así fue hasta aún después de que nos mudáramos. Cuando un día de repente mi mamá nos levantó de noche, subió almohadas al auto y arrancó. Y ese día la vi por primera vez. Y ese día fue la primera vez que sentí encenderse la boca del estómago tapizada de fósforo y exhalé monóxido. La vi salir, y la vi entrar en la camioneta. Luego papá entró con ella.
“¿Qué más quería papá? En mi casa se comía rico, siempre olía a lavanda el piso. Jugábamos Nintendo en las tardes, jugábamos a hacernos bolita en los sillones. Aunque mamá siempre terminara llorando, era divertido. En las noches, Isabel y yo nos turnábamos para sobarle la espalda y las pantorrillas. Entré y ahí habían cobijas tiradas en el suelo, olía a humedad y mal aliento. Mi mamá nos regañó y dijo que regresáramos al auto.
“Fue la primera vez que vi su rostro, cuando mi carro se interpuso al taxi y yo bajé para colocarme detrás del vehículo, para que no pudiera escaparse. Estaba muy oscuro y sólo alumbraba un farol de luces amarillas por delante.
- Qué mala madre eres. Mira qué horas de la noche son y tú traes aquí a tus hijos- fue lo que mencionó cuando mi mamá se le puso enfrente. La mujer ni siquiera pensaba en bajarse del auto.
“Y después de ese día nos mudamos. Y después de ese día yo ya no pude volver a verla, ni a ella, ni a mi papá casi. Pero Isabel siempre fue más con él, y Ana Sofía siempre fue la más pequeña.
“Pensé en todas las cosas que pasaron antes de ese día. Tenía muchos primos, éramos una familia muy grande. Crecí al lado de muchas personas. Las navidades olían a rojo, a dorado, a ponche de frutas, a abrir los regalos después de las doce, cuando yo era más chico. Recordé a mis amigos, jugaba a las escondidas y yo cabía detrás de una llanta. Cuando tocábamos las puertas de las casas y después salíamos corriendo. A papá, enseñándome a manejar la bicicleta y a Isabel, que ya sabía, montada en gran su bici color verde. Y también recordé lo que pasaba antes de que mi papá decidiera dejar el alcohol y cómo podían llegar a cambiar las cosas después de una simple decisión.
- Mala madre- se rió mi mamá-. Son las tres de la mañana y yo pase lo que pase aquí traigo a mis hijos conmigo. Y dime, tú, ¿sabes dónde están los tuyos?
“Por eso yo dije que con mi mamá después de que nos mudásemos. Porque me enseñó a pintar sobre manta, porque me hacía esos postres con duraznos, porque me ayudaba a aprenderme las poesías, porque cuando se me olvidaba y me quedaba dormido, ella llegaba y me tapaba con una colcha. Porque siempre estaba ahí, conmigo. Aunque fueran las tres de la mañana y hubiera mucho frío. Y porque no le gustaba cuando la gente tomaba. Y porque tampoco a mí. Y porque ese día, de nuevo, el olor que desprendía la camisa de mi papá era ese. Mi madre se echó a reír, después de escucharla, y luego introdujo sus manos en la delgada apertura del vidrio del taxi para enrollarlas en la maraña del cabello de Tamara.
“No me di cuenta de lo jóvenes que eran mis padres porque crecí con ellos. Nunca me detuve a pensar por qué mis amigos de la secundaria siempre me preguntaban que cuántos años tenía mi mamá. Hasta después de ese día, porque antes yo creía que mis papás ya lo sabían todo.
- Si te vas, cuando vuelvas me vas a encontrar colgado de un poste- mis huesos también temblaron cuando los escuchaba escondido atrás de la puerta. Pero en ese momento no comprendía que mi padre era demasiado orgulloso como para eso, y que aquella frase no era una amenaza, sino un reto. Sin embargo, nos fuimos. Y fue verdad, porque, cuando regresamos por los muebles, mamá y yo vimos a mi padre colgado en el poste. Y no en uno, como el había dicho, estaba su cara pegada en todos y cada uno de los postes del lugar.
“Ana Sofía nunca lo supo, pero Isabel sí, y después de que un día de julio a las cuatro de la mañana el teléfono sonara, y después de que comenzaran a llamar a mi padre ya no por su nombre, si no por “Diputado”, se le olvidó por completo todos y cada uno de los errores que en antaño hubiese tenido. Y los que pudiese llegar a tener. Y a ella sí pareció olvidarse de cómo dolía que te quitaran un diente flojo.
- ¿En qué estaba pensando? ¿A quién demonios le va interesar esto? Mejor borro todas las mamadas innecesarias. Las tareas no deberían de tratarse sobre la vida de una persona porque uno vuela. A ver… ¿Escuelas?... una, dos, tres… Bueno, desde que tengo memoria las escuelas y los domicilios por los que he caminado se han pasado de largo. Tres kinders, tres primarias, tres secundarias, ¿sí, no? Hasta ahorita, una preparatoria. Para bien o para mal, acostumbrado a las despedidas ya estoy. Me gusta… ¿qué me gusta? Me gustan muchas cosas. Sí, me gustan muchas cosas y no sé cuál es mi materia preferida. Quizás todas, quizás ninguna.
Puse punto final y coloqué el puntero del Mouse en la palabra “imprimir”.
- Ah, sí. Santiago Madrigal. Ahora tengo dieciséis años casi cumplidos, y curso el primer semestre.
***
- Cuando Santiago se encontraba justamente parado enfrente, no se pudo percatar. Las cosas pasaron frente a sus ojos como pasa todo lo que no importa mucho.
“Y es que así sucede, uno no se da cuenta cuando se unen los rumbos, cuando se bifurcan otros, cuando el destino decide torcerse. Como filamentos de las hojas del pasto que marcan su propio paso al romperse.
Y ahí fue cuando Santiago comenzó a aprender, de lo mismo, verdaderamente. Aquellas veces el sol salía todas las mañanas, las hojas de los árboles aún soplaban el viento pintado de amarillo con sus rayos. Así se veía. Porque, aunque no se diera cuenta Santiago, en aquel tiempo, cuando todo empezó, aún era de día.
New Post has been published on TeleA2Z VoIP directory portal - post your free listing now! | VoIP forum | buying & selling offers
New Post has been published on http://telea2z.com/50-best-android-games-from-2013-so-far.html
50 best Android games from 2013 so far
Android gaming has been one of the slow-burning apps trends of 2013. There have always been good games available for Google-powered smartphones and tablets, but it’s the increase in the quantity of quality titles that’s been significant this year. Yes, Apple’s iOS still gets a fair few games first and/or exclusively, but Android is noticeably higher in many developers and publishers’ priorities, leaving the virtual shelves of Google Play and Amazon Appstore well stocked.
Here’s a reminder of some of the best Android games released in 2013 so far, which will hopefully provide a few download ideas for veteran Android gamers and newcomers to the platform alike, whatever your gaming tastes, drawn from The Guardian’s weekly best Android apps roundups.
All prices are correct at the time of writing, and bear in mind that (Free) almost invariably means (Freemium), so expect in-app purchases.
Rymdkapsel (£3.29)
There’s something rather marvellous about Rymdkapsel: an addictive, accessible game that offers a twist on the real-time strategy genre. The emphasis is on building a space-base through Tetris-like block-placement, while fending off waves of enemies. It’s simple in all the best ways.
Real Racing 3 (Free)
EA’s racing threequel was controversial due to being the first freemium game in the much-loved series – free to play, but you pay to speed up repairs and unlock new cars faster. The game sees you racing more than 45 cars over 900 events, upgrading as you go. The graphics are spiffing, the handling works beautifully, and updates have provided extra content since its release.
Bejeweled Blitz (Free)
Another freemium game from EA, but this time one offering match-three puzzling based on the famous Bejeweled brand. This re-engineers the game as a series of 60-second rounds where you have to score as many points as possible, using power-ups to bump up your performance, and comparing your efforts to friends.
Tiny Thief (£1.99)
Tiny Thief was the latest game from Rovio Stars, a new publishing business that’s part of Angry Birds-maker Rovio. No birds or pigs here, though: it’s inspired by classic point’n'click adventure games, with the teeny-burglar hero exploring six quests to uncover delightful puzzles and surprises.
The Room (£1.49)
Atmospheric puzzler The Room has been taxing brains on iOS and Android alike, getting you to explore a carefully-crafted 3D room solving puzzles. Everything’s designed around touchscreen controls, and the puzzles themselves are genuinely brain-frazzling, providing a decent challenge.
Nimble Quest (Free)
Having made its name with Tiny Tower and Pocket Planes, Nimblebit’s latest freemium game was more of an action title, blending Snake gameplay with RPG-style characters and upgrades. You swipe your party of heroes to guide them through levels of increasing difficulty. It’s very one-more-go-even-though-it’s-2am addictive.
Temple Run 2 (Free)
Endless runner Temple Run has been a massive hit on smartphones of all stripes, and its sequel added new features without spoiling the basic premise: swiping to jump, slide and turn your way through scenery to escape an angry, giant monkey. A recent update added sprinter Usain Bolt as a playable character, too.
Crazy Taxi (£4.02)
Sega’s Crazy Taxi has thrilled as an arcade game, a console game and now a mobile title too. The game – a port of the Dreamcast console version – sees you speeding through San Francisco-esque streets collecting and delivering passengers in the most hair-raising way possible, with two modes and a bunch of mini-games to prolong the action.
Galaxy on Fire 2 HD (Free)
Fishlabs’ Galaxy on Fire space epics have always been reliable sources of mobile entertainment, and the latest installation is no different. It sees you shooting and trading your way across the galaxy, with more than 10 hours in its main campaign mode, and additional quests unlocked through in-app purchases.
The Simpsons: Tapped Out (Free)
This is now one of publisher EA’s most successful game franchises on any device, putting you in charge of rebuilding Springfield after a nuclear meltdown. There are appearances from all the TV show’s main characters, with in-app purchases used for virtual donuts to aid your progress.
Hundreds (£3.25)
Circular puzzle game Hundreds sees you tapping on circles in each level to make them (and the numbers inside them) bigger – adding at least 100 points overall without them touching. Which sounds slightly tortuous written down, but the game’s genius is its stripped-down simplicity, wedded to stylish visuals and fearsome addictiveness-factor.
Where’s My Mickey? (£0.64)
Disney had a big hit with its Where’s My Water? and Where’s My Perry physics-puzzle games, before applying the formula to Mickey Mouse. The game sees Mickey collecting water over more than 100 levels split into five episodes, with more available as in-app purchases.
Spelltower (£1.32)
Word game Spelltower involves swiping tiles of letters to make words as they rise from the bottom of the screen, a bit like Boggle meets reverse-Tetris (I said a bit). Five modes offer depth, and the gameplay is very moreish indeed.
Blip Blup (Free)
Blip Blup is a hypnotically-addictive puzzle game from UK studio ustwo, which gets you tapping to fill a screen-full of tiles with colour. The complication being walls and obstacles that get in the way of your colour-pulse’s path. There are more than 120 levels to work through, with an in-app purchase used to remove the game’s advertisements.
Fieldrunners 2 (£2.01)
The original Fieldrunners remains one of the best tower-defence games for mobile devices, and its sequel adds plenty of new features. If you’re new to the genre, it involves placing towers to fend off increasingly tough hordes of enemies, building mazes to contain and destroy the marching troops before they reach your base.
CSR Racing (Free)
Freemium drag-racing game CSR Racing was one of the biggest iOS hits of 2012, but its Android version has been justifiably popular this year. The game sees you buying, upgrading and racing a range of cars from Audi, BMW and other manufacturers, with an emphasis on customisation – and in-app purchases used to fund the action.
Cut the Rope: Time Travel (£0.62)
Cutesy monster Om Nom appeared in this, his third Cut the Rope game for Android. This time round, there’s a time-travelling theme as he tries to feed sweets to his ancestors. The gameplay remains cutting ropes to solve physics-puzzles across six locations, although this time there are two on-screen monsters to feed, not one.
Sine Mora (£3.99)
This visually-impressive shoot ‘em up won bags of critical acclaim on console before its Android debut. It’s a horizontally-scrolling game whose graphics would blow you away, if there weren’t lots of enemies trying to do exactly that. It also does a good job of catering to more casual shmup players while a well-tuned scoring system gives experts a lasting challenge.
Despicable Me: Minion Rush (Free)
Gameloft’s official endless-runner game for the Despicable Me movies has been (apologies for this) a runaway success. It puts you in the shoes of a scampering minion for this Temple Run-style game, leaping, sliding and dodging obstacles and enemies, while earning (or buying) power-ups and costumes to boost your chances.
Super Hexagon (£1.99)
I remain dreadful at Super Hexagon, spending most of my time with the game fighting the urge to throw my phone through the nearest window in frustration at my ineptitude. This is precisely why a fervent fanbase of hardcore gamers love it: a “minimal action” game that demands fast fingers and razor-sharp thinking.
Ravensword: Shadowlands (£4.63)
Crescent Moon Games has won plenty of fans for its Ravensword RPG games, which are one of the franchises aiming to provide Skyrim-style open-world thrills on mobile devices. The latest sees you exploring a vast fantasy world, fighting and questing as you go.
Dropchord (£1.93)
The heyday of Guitar Hero and Rock Band may have faded on console, but mobile is seeing a resurgence in innovative music games. Dropchord is the work of Double Fine Productions (of Kickstarter fame) that sees you manipulating an on-screen laser beam while dodging scratches and collecting notes. Neon-tastic visuals and a 10-track electronica soundtrack add to the fun.
Tetris Blitz (Free)
The huge popularity of Bejeweled Blitz persuaded EA to try the freemium formula for the most famous puzzle game of all: Tetris. The Blitz element means two-minute sessions to score as many points as possible, boosted by power-ups, while competing against Facebook friends’ performances.
Pixel Defenders Puzzle (£1.39)
As someone with a long-term Triple Town habit who’s also played an RPG or 17, I fell hard for Pixel Defenders Puzzle. It involves matching pixels and characters to make more-powerful characters, who then attack enemies at the top of the screen. Basically it’s Triple Town (also amazing, but released before this year so not in this roundup) with extra fighting, and a fantasy-RPG theme.
Diner Dash (Free)
Billed as “the world’s #1 hit time management game”, Diner Dash took its time to come to Android, but was worth the wait. The game involves seating, serving and saying tara to diners as efficiently as possible to collect tips. It’s a freemium game, so in-app purchases are used for boosts and upgrades.
1941 Frozen Front (Free)
This excellent strategy game from publisher HandyGames is set on the eastern front of the second world war, letting you play as either the German or Russian forces. It’s a turn-based wargame with infantry, tanks and bombers to command, with pass-the-device multiplayer supported as well as a campaign mode.
Ionage (Free)
Ionage is a real-time strategy (RTS) game set in space “where you use giant floating space platforms to do battle in a steampunk themed story of galactic conquest”. It’s also exclusive to Android, and while it plays nicest on tablets, developer Twice Circled claims it’s been “resourcefully optimised” for smartphones too.
Real Boxing (£0.99)
Great boxing games are few and far between on console, let alone mobile. Real Boxing was a palpable hit, though, with its 30-fight career mode, 20 beefy boxers to duff up, and very impressive graphics – particularly if your device is packing a Tegra 3 processor.
Pac-Man +Tournaments (Free)
The freemium bug is infecting the most famous of game characters, as shown by Namco Bandai’s reboot of Pac-Man earlier this year. It mixes the original arcade game with a new Tournament mode with online leaderboards. In-app purchases are used to buy virtual tokens to play the weekly tournaments, but if you’re not fussed about those, you can play for free.
Toy Story: Smash It! (£0.64)
If Angry Birds went 3D, with the birds replaced by Buzz Lightyear and the pigs replaced by aliens, it might look like Toy Story: Smash It. Disney’s game makes for colourful knock’em down fun as you scoot around 60 levels chucking balls at the aliens’ defences. In theory, it’s for children. In reality, parents won’t be able to resist sneaking a go.
Punch Quest (£0.63)
Punch Quest is the first game (to my knowledge) that lists one of its key features as the ability to “punch an egg that turns you into a magical gnome”. It’s a quirky, creative action game with a stripped-down control system that works perfectly on touchscreens.
My Muppets Show (Free)
It’s time to play the music… This game from Disney turns the Muppets into a free-to-play resource management game, with a musical twist. It involves recruiting a house band from more than 20 Muppets, then keeping them happy and levelling up their skills to make beautiful music. Optional in-app purchases of virtual diamonds help to keep things swinging.
Tekken Card Tournament (Free)
And another freemium revamp for a much-loved brand, with beat ‘em up franchise Tekken transforming into a card-battler game. You build a deck of moves, then battle virtual and real opponents – with a range of real-world collectible cards due to join the fun too.
Mushihimesama Bug Panic (£2.99)
This is an old favourite from Japanese developer Cave, with bullets flying all over the shop, a punishing-yet-rewarding difficulty curve, and three control systems to suit your playing style. As shoot ‘em ups go, it’s one of the toughest for casual players, but rewarding nonetheless.
Ninja Village (£2.99)
If you’re looking for time-sucking addictive games on Android, anything by Japanese developer Kairosoft is a good bet. This game sees you building a ninja clan and sending them into battle, while also building their village into a prosperous settlement.
Deep Dungeons of Doom (Free)
This pixelly-retro action game was one of the launch titles on the Android-based Ouya console, and has also been making friends on iOS. The Android version is very fun indeed, getting you to plunge down dungeons fighting and looting in a touchscreen-friendly format.
Sonic The Hedgehog (£2.36)
Sega is certainly cashing in on its fleet-footed blue hedgehog: the original Sonic game follows two episodes of Sonic 4, Sonic CD and Sonic Jump onto Android. The famous Mega Drive game has been accurately ported across, with extra Tails & Knuckles, a remastered soundtrack and a new Time Attack mode.
Kingdom Rush (£1.30)
There are lots of tower defence games on Android, but Kingdom Rush more than holds its own in the crowd though. The game has a fantasy setting, all orcs, elves and wizards. You’ll be protecting your kingdom against more than 50 enemies, with all manner of upgrades and abilities to fuel your strategy.
Gentlemen! (£1.99)
Described as a “Victorian era head-to-head arcade battle for tablets”, this two-player game sees your dapper duellists hurling knives, bombs and even homing pigeons at one another in a fight to the death. One of the best share-the-device multiplayer games on Android.
Pet Rescue Saga (Free)
People are playing Candy Crush Saga (also out before 2013) in their tens of millions, and while this follow-up hasn’t yet reached those heights, it’s well worth a look. Synchronising with the existing Facebook version of the game, this offers 72 levels of block-puzzling action – with cutesy animals and social leaderboards thrown in.
Dungeon Hunter 4 (Free)
Gameloft’s dungeon-crawling adventure is back for its fourth iteration, and like the third instalment, this is freemium. Expect more fantasy-themed hacking and slashing, as you wander through sprawling underground environments laying waste to enemies.
Into the Dead (Free)
Into the Dead is yet another zombie apocalypse game – Android is flush with these – but one with plenty of creativity and originality at work as you fend off the shambling undead. A cross between an endless runner and a first-person shooter, with plenty of charm.
The Sandbox (Free)
The Sandbox is one of a clutch of pixel-art creation-games to have appeared this year, inspired by Minecraft but with an emphasis on 2D worlds rather than 3D. The game offers 71 levels to work through, as you trigger chemical reactions, generate lifeforms and try to build the Pyramids.
Brave Heroes (Free)
This colourful action-RPG sees you putting together a team of heroes, carefully balancing their skills and devising tactics to fend off foes, levelling up as you go. Released by Korean firm Com2uS, it’s got plenty to love for Western gamers as well as players in its home country.
Frozen Synapse (£2.50)
If you like a real challenge with your games, then Frozen Synapse is £2.50 well spent this week. It’s a turn-based strategy game originally released for computers, as you guide your squad through a succession of levels. 55 missions to play by yourself plus five multiplayer modes make this a treat.
Angry Birds Friends (Free)
Angry Birds Friends isn’t a new game, as such: it’s been available to play on Facebook for some time. Both that and the mobile game give Angry Birds a social refit so that you’re competing in weekly tournaments against your Facebook friends. Bragging and gifting is built in, as are in-app purchases.
Might & Magic Clash of Heroes (£2.99)
This game may come from a well-established RPG game franchise, but its Clash of Heroes incarnation is a more modern beast: a puzzle-RPG. That means you’ll be battling monsters and looting dungeons, but with the battles built around match-three puzzling. Publisher Ubisoft promises more than 20 hours in its campaign mode, plus multiplayer modes to challenge friends.
Chuck’s Challenge 3D (Free)
Chuck’s Challenge comes from the same brains that invented popular puzzler Chip’s Challenge. That means 125 levels to find your way through, overcoming obstacles and solving puzzles as you go. The game also includes a level creator to make your own and share them with other players – or just browse and play what the community has been creating.
Magic 2014 (Free)
Trading card game Magic: The Gathering continues to have a large and devoted fanbase. They’ll be the people excited about this latest digital version, updated for 2014 with new cards, opponents and campaign levels to test your skills. As a free download, the game comes with three decks with five unlockable cards each, but more decks, cards and content can be bought via in-app purchase.
Plants War (Free)
Finally, another engrossing game from South Korea, this time from publisher Gamevil. It’s a game based around plants defending their forest home from invading beasts. Which might sound a bit like Plants vs Zombies, but instead this is a meaty real-time strategy game with depth in (again, sorry) spades.
Now it’s your turn: Cross at your favourite games being left out, or want to explain why one or more of the ones included are essential downloads? Please do pitch in with a comment.
sundays afternoons
tipical sundays afternoons. travel in time. remember when he and i were one.