The Art of Tora's Hand
seen from India
seen from United States

seen from Malaysia
seen from China

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Yemen
seen from United States

seen from United States

seen from Poland
seen from United States
seen from France
seen from United States
seen from Latvia
seen from United States
The Art of Tora's Hand
Lluvia https://www.youtube.com/watch?v=QjyqGIsJ0NY
Desde el infarto que Tora había sufrido, repentinamente mi cabeza dio un vuelco, junto con mi corazón, que había sentido miles de espina clavarse, había estado a un paso de perder a la persona más especial en mi vida. No soy de demostrarlo quizás con palabras, no son mi fuerte, por lo que de repente cambie mi vida, lo hice de forma casi sistemática pero me prometí, darle a mi compañero de vida, más atención y una mejor calidad de vida.
Desde aquel problema de salud, dimos un paso importante para ambos, como fue comenzar a convivir, necesitaba estar a su lado, dormir con él y brindarle todo el amor necesario. Tora había aceptado todo aquello, incluso si había sido muy repentino, los dos estuvimos de acuerdo. La decisión de hacer aquello, también era riesgosa, dado que puede generar estrés y era algo que Tora debía evitar por lo que para no hacerle más daño a su corazón, fui quién se encargo de buscar los lugares y de elegir los que me parecían más accesible en cuestión de dinero y de accesos según nuestros puntos de trabajo y movilidad. Cuando había logrado asesorarme bien, también tuve en cuenta el gusto de Tora y el mío para que ninguno se sintiese incomodo ante el cambio y en poco tiempo, logramos ponernos de acuerdo en una casa a la que rápidamente habitamos.
No solo me enfocaba en mi trabajo y en casi convertirme en un amo de la casa, comencé a sentir la necesidad de mimar un poco más a él, de buscar lugares donde pudiéramos olvidarnos nuestras estresantes agendas, e incluso de que posibles fanáticos pudieran reconocernos. Tan pronto como Tora obtuvo la alta médica, conseguí una cabaña que quedaba unos cuantos kilómetros fuera de Tokio.
“Tengo un día de lluvia por si acaso quisieras bailar”
Allí el aire era puro, el sonido de la naturaleza era maravilloso y los dos podíamos disfrutar de relajarnos y mirar películas o jugar algo sea en la consola, quizás hasta un juego de mesa. Incluso podíamos jugar a las cartas, aunque Tora siempre me ganara, tenia más entrenamiento en ello y una impresionante habilidad con sus dedos que me dejaba pasmado.
Los días de lluvia allí, eran magníficos. Se podía oír claramente cada gota caer sobre la madera, el olor característico de la tierra mojada, el aroma de cada planta y observar el infinito cielo, lleno de nubes. Las sillas del patio se encontraban completamente empapadas y sólo podíamos salir para comprar lo necesario, pero nos divertía caminar bajo el paraguas, era Tora quién cargaba dicho elemento al ser más alto y siempre terminaba sorprendiéndome con algún beso inesperado hasta incluso robado.
Para cuando la noche caía, luego de la cena, encendíamos el parlante y colocábamos distintas listas de canciones, algunas las habíamos creados juntos, otras eran listas de cada uno y a veces simplemente dejábamos en aleatorio para escuchar una combinación de cada lista. Cuando menos lo espere, una suave canción de mi elección comenzó a reproducirse cuando Tora tomó mi mano y me tironeo hacia el centro de la sala. Allí se aferro a mi cintura y comenzamos bailar.
Nuestros primeros pasos eran de lo más torpes, por lo que algunas risas se mezclaban pero pronto nuestros cuerpos se adaptaron a ello y seguimos un ritmo que nos parecía de lo más cómodo. La sonrisa ancha que estaba en sus comisuras, era una que había temido tanto perder. Verlo divertirse a mi lado, me hizo querer no perder aquel momento por nada. Quería volver aquella noche perpetua, porque no sólo bailamos unos minutos, lo hicimos hasta sentir nuestros pies doler.
Incluso sí se trataba de una canción de heavy metal, movíamos nuestras cabezas al unísono y nos reíamos o tarareábamos la canción, incluso Tora cambiaba su voz para volverlo todo más divertido. Sólo me daba cuenta de un gran detalle, cada día amaba más a ese hombre.
La visita a aquella cabaña era algo que realizábamos una vez al mes, para disfrutar de nuestro momento, aquel donde podíamos disfrutar como niños.
“Y una noche de luna para cuando quisieras soñar”
Volví a crear un nuevo lugar para ambos, donde nos refugiábamos cada vez que la luna se encontraba en su mayor esplendor, o simplemente se encontraba en su fase más temprana. Cada noche que la luna se encontraba con aquel resplandor, con Tora caminábamos juntos hasta la terraza que la casa tenía y con una copa de duraznos o algún postre que él tenía permitido, hablábamos. De lo que sea, podría ser de nuestro día a día, de algún recuerdo o quizás de algunos conciertos. Música, películas o lo que viniera primero a nuestras mentes, incluso el contarnos secretos que no sabíamos del otro.
Pero una noche, todo ello cambio pero lo hizo para bien, puesto que de pronto Tora comenzó a mencionarme todo aquello que lo ilusionaba o proyectando a futuro. Todos sus sueños, incluso si eran utopías, todas ellas eran tan especiales, porque se trataba de él, mi persona única. Muchas de ellas se trataban de viajes, algunos a partes de Japón que en medio de Tour habíamos recorrido pero que no habíamos logrado conocer tan a profundidad, él quería conocerlos más, recorrerlos. Otros se trataba de lugares alejados, aquellos me parecían los más irreales, debido al miedo a los aviones que Tora tenía, sin embargo su forma de expresarse e incluso de comentar cada lugar, me hacía sonreír como un idiota. No importaba el tiempo que conocía a aquel hombre de metro ochenta de altura, siempre me sorprendía y lo hacía de las formas más penetrantemente posible.
De repente aquella terraza se volvió nuestro sitio predilecto en la casa, por lo que fuimos decorando y ambientándolo según nuestros gustos. Incluso habíamos creado juntos una lista de normas, tales como que sólo entrábamos nosotros dos, nadie más podía pisar aquel lugar que lo considerábamos hasta sagrado, otra norma era que sólo nos reuníamos allí noches de luna llena o de luna nueva.
Los meses habían transcurrido con demasiada rapidez, el tour que nos adentraba a nuestros quince años, nos había mantenido tan ocupados que ni siquiera habíamos podido subir aquella terraza. La salud de Tora había mejorado casi de forma épica, incluso su doctor no podía creer aquello. Aunque se había logrado el alta con rapidez, sus controles eran mensuales y todos ello salían de maravilla, por lo que incluso, el mismo comenzaba a trabajar como si jamás hubiese tenido un infarto, me impresionaba como él podía tomarse las cosas con calma, por mi parte siempre era un manojo de nervios, pero él siempre es tan apacible, nos complementábamos tan bien.
Pero nuevamente el estrés nos estaba consumiendo a ambos e incluso podía sentir que no estaba cuidando de él como realmente lo necesitaba, una cuestión que llegaba a frustrarme a diario. Un buen día, una publicidad en Internet anunciaba sobre un lugar perfecto para un descanso, precisamente muy cerca del mar. Dado que estábamos próximos a las vacaciones de verano, el lugar contaba con muchas actividades pero también con un lugar pacifico.
En secreto decidí pagar una estadía de unos quince días, acomodaría mi agenda de producción para que en pleno párate entre mi cumpleaños y el de Show, pudiéramos escaparnos allí.
Esos días Tora presentaba un cansancio palpable y no podía ayudar a mermar aquello, por lo que incluso no estaba seguro de como tomaría aquel viaje, mis nervios habían aumentado hasta tenerlos de punta y sentir hasta el zumbido de una mosca me cabreaba. Aun así, frente al público y en pleno escenario, podía encenderme como una antorcha y prestarme a ellos, pero lo cierto es que en el fondo de mi alma, me sentía un tanto desgastado. Mucho más al saber que mi compañero de vida, estaba pasando por lo mismo y su corazón debía ser tratado con delicadeza. Conocía a Tora hasta en el mínimo detalle y entendía que jamás me demostraría ni siquiera una mueca de dolor, era terco y muy difícil de entender, pero aquel hombre enredado con una sonrisa pintada en sus labios y sus ojos brillantes, era quién de alguna forma u otra me devolvía a la vida y fue también aquel que mencionó la posibilidad de hacer un viaje. Si, una vez más había adivinado mis pensamientos pero esta vez me le había adelantado y sólo le respondí "quizás", dado que el mismo sabía mi ajustada agenda luego de que acabase las fechas del tour y ante el párate por quince días.
“Tengo un día vivido, buscaré algún refugio en el mar Para que no lo encuentren, para que no se pueda borrar”
En cuanto las luces del escenario se habían apagado en su totalidad y terminábamos de ordenar parte del recinto, junto a nuestro staff me acerqué a mi novio/esposo para mostrarle lo que había conseguido. Los mismos eran dos pasajes de ida y vuelta a las paradisíacas playas de Miyagi. Con la estadía paga en aquel hotel que había reservado con anticipación. Tora no tardo en elevarme entre sus brazos, incluso con su cansancio y gritar emocionado con aquello como si se tratara de un niño de 5 años. No nos importaba si más personas nos observaban en ese momento, ambos estábamos contentos de poder tomarnos unas mini vacaciones.
En aquel hotel, buscaba un refugio en el mar para qué pudiéramos estar desconectados del mundo, y lograr la paz que comenzaba a faltarnos. Una vez nos instalamos en nuestra habitación, el mismo contaba con unos amplios ventanales y desde allí se contemplaba el azul del mar. La arena tenía forma de estrella y era tan mágica que Tora estaba alucinado con tanta belleza. Allí compartimos unos valiosos momentos, nuevamente su sonrisa volvía a tomar vigor, podía notar como incluso su piel parecía de lo más suave.
Paseos por la playa, tomados de la mano o darnos unos chapuzones en el agua, se habían vuelto parte de nuestra diversión. Como una pareja de adolescentes habíamos llegado a escribir nuestros nombres en la arena, incluso prender fuegos de artificio para iluminar una de las noches más calurosas. Observar como Tora comenzaba a des estresarse y disfrutar del ambiente había sido el proceso más reconfortante que jamás había sentido en mi vida.
Para las últimas noches de nuestra estadía, comenzamos a tener noches fogosas, debo admitir que luego de su problema de salud, nuestras relaciones sexuales habían sido escasas, por dos razones. Una de ellas era el trabajo, nuestro poco tiempo libre y la segunda el miedo, si bien podía hacerlo, por alguna razón ambos nos conteníamos, lo hacíamos muy de vez en cuando. Pero aquellas mini vacaciones, había cambiado todo el panorama, incluso fue el propio Tora quién me incentivo para hacerlo. Entre besos y caricias, llegamos a hacer el amor tanto de noche como de día, incluso contemplando el inmenso mar o la luna reflejada sobre la superficie del agua.
Aquel lugar paradisíaco nos había cambiado por completo, logrando renacer la fogosidad que habíamos perdido en el ayer. Quizás se debía a que Tora se sentía más tranquilo, y podía distenderse sin pensar en nada más, aquellos quince días habían volado rápidamente, pero nos prometimos regresar y disfrutar de más días allí, la vuelta había sido tan amena que incluso nos tomamos la siguiente etapa del tour con mucho más calma. Nuestras chispeantes miradas podían hablar y revelar todo lo que habíamos vivido, pero lo podíamos ocultar con una sonrisa cómplice.
Unos días antes de que llegáramos al recital donde anunciaríamos nuestro cambio de nombre, podía sentir la ansiedad de todos los miembros, pero por sobre todo la de Tora, que aunque intentara figurarlo de algún modo, a mi no me podía engañar, lo conocía tanto que incluso cada pequeño gesto de su rostro, yo podía definirlo sin problemas. Un ejemplo de ello era su bendito tic de elevar una de sus cejas cuando se sentía curioso ante algo, lo hacía por inercia por lo que incluso el mismo desconocía aquella particularidad.
Ante el anuncio de tifones e incluso de un temporal que se avecinaba, no podíamos subir a la terraza por lo que sólo podíamos quedarnos dentro de la casa, hacia un poco de fresco pero la temperatura ambiente era la indicada. Tora se había refugiado en su cuarto donde tenía las consolas de videojuegos, todo bien ordenado e incluso tenía la nutria de peluche que le había obsequiado con tanto cariño, luego de nuestro viaje del FC del año anterior. Al comprobar que todavía quedaba tiempo antes de la cena, y que la misma la había preparado ya, decidí ingresar al cuarto.
Cargue dos tazas de un té que desprendía un aroma tranquilizante, podía oír como Tora se reía y parecía charlar con alguien, seguramente gente como él, que jugaban de a grupos online. Con su debido permiso, ingrese y deposite las tazas frente a él. Mi compañero de vida, me señaló que estaba hablando a lo que moví mi mano en señal de que no lo molestaría. Nuevamente aquella sonrisa apareció en su rostro, apaciblemente disfrute del té tranquilo, mientras lo oía hablar de cosas que sólo entendía la mitad, pero ello duro tan sólo unos minutos más. Tora se quito sus auriculares y me miró, antes de agradecerme debidamente por aquel sencillo gesto.
Pero claramente no había ido allí solo para tomar el té, aproveche que termino de jugar, para abalanzarme sobre él y abrazarlo muy fuerte. En un principio mi tigre se sorprendió pero pronto sus brazos me tonaron con confianza, me ayudaron a sostenerme de él.
- Me gusta más si podemos compartir el té así. — Mencione con una ancha sonrisa, besando el cuello ajeno, antes de incorporarme para tomar mi taza y darle otro sorbo al liquido caliente. El invierno había comenzado y el frio era evidente por lo que era mejor si podíamos abrazarnos.
- Espero tener muchos más días así contigo. A veces te extraño mucho.— Respondió él, con su voz susurrante en un tono tímido, que logró conmoverme, hasta el punto de tener mis propios ojos llenos de lágrimas, lagrimas que no podía mostrarle, pero a las que oculte depositando pequeños besos en su cuello.
- No puedo prometerte nada porque sabes cómo cambian nuestras agendas y lo mucho que me apasiona la música. – Me disculpe sintiendo más qué culpable, pero mis palabras siguientes murieron en mis labios, Tora las había acallado con un beso, tomándome dulcemente del mentón.
- - Sagacchi no tienes nada que decir. En los últimos meses no has hecho más hacerme feliz y rodearme de momentos únicos que sólo me hacen soñar más y más en el futuro a tu lado. Gracias por todo tu apoyo y todo tu amor.— Mencionó aquello con una sonrisa pintada en los labios.
Sin siquiera que decir claramente, debido a que mis palabras parecían atorarse en mi garganta, deposité la taza nuevamente sobre la mesa, y me abrace a él con fuerza, escondiendo mis lágrimas en su hombro, había sentido tanto miedo de perderlo, aquella mañana que recibí la noticia me sentí lo peor del mundo por no poder ayudarle y ni siquiera me atreví a verlo en el hospital, no tenía corazón para hacerlo. Me sentí tan incompetente, tan inútil. Saber que había logrado hacerlo feliz, incluso con días tan llenos de trabajo, me llenaba de una profunda emoción que mis propios ojos lo delataban.
Mi sollozo no pasaron inadvertidos para mi compañero, quién en silencio me acaricio la espalda para calmarme. Las palabras habían quedado obsoletas para expresar los sentimientos que nos desbordaban.
No podía calcular el tiempo en que había estado llorando en su hombro, sólo podía escuchar el tintineo de las gotas de lluvia que comenzaban a mojar el ventanal del cuarto de juegos, poco a poco mis lágrimas habían mermado y un suspiro escapó de mis labios. Mis ojos enrojecidos fueron observados por mi compañero de vida, atreviéndose a besar las pequeñas gotas que aún surcaban en mis mejillas.
- Te amo Takashi. Eres la mejor persona que he conocido. La única que me ha amado con tanta pasión y quién me ha cuidado como nadie. El mejor compañero que he podido conseguir en esta vida y quien espero seguir teniendo y amando en las próximas.—Ahí va de nuevo, Tora bloqueándome los sentidos con sus palabras cursis pero que hacían temblar mi corazón, nos fundimos en un cálido beso que fue bendecido por el sonido de la lluvia y de nuestros palpitantes corazones.
- Te amo, mi lindo tigre~- Pronuncie al terminar el beso, mientras lo abraza sin querer soltarlo.
I would go straight for Tora.
SIIIKE
Show & Tora | A9
cursed tora doesn’t die
Um, excuse me sir why are you so handsome??? 🥺
Another Cute ToraPon moment!
Tora: I'm going to play Momotaro Dentetsu.
Hiroto: Even though you said you're gonna play it with all of the members 😢
My ToraPon ass can't handle this!!!! 😭
REPLICA
La humedad era probablemente la protagonista del día, la lluvia que golpeaba sutilmente los ventanales de aquel café, depositando sobre la liza superficie pequeñas gotas que parecían estar dibujadas sobre el vidrio. Las mismas no permitían ver mucho hacia afuera, pero lo suficiente para ver a las personas pasar con sus paraguas, caminando de un lado al otro.
Un alto hombre esperaba sentado, en una mesa lo bastante apartada, observando el reloj en su teléfono celular y comprobando cada dos minutos la puerta, mientras su café perdía lentamente el calor, y el diseño dibujado con leche, ya era completamente difuso, aquello poco le importaba. Mantenía celosamente cerca su mochila, frunciendo sus labios cada tanto.
Para el hombre, los minutos eran eternos y parecían pasar tan lentos, que lo aturdían. Sus nervios le carcomían parte de su alma. Emitió un suspiro antes de poder terminar el café que ya había perdido el sabor, puesto que se había enfriado. Comprobó los mensajes en su celular, pero no tenía más que notificaciones vagas sobre las aplicaciones, pero ningún mensaje y mucho menos de la persona que esperaba. Volvió su mirada la puerta, comprobando que los clientes salían o entraban pero ni señales de aquel que tanto esperaba. Suspiro algo alicaído, antes de bajar su mirada durante unos pequeños minutos.
De pronto, la puerta principal de aquel establecimiento se abrió de par en par, dando paso a un muchacho delgado de estatura mediana, con la mirada baja y caminando con estilo pero sin ser galante, simplemente teniendo su propio ritmo. Guardo su paraguas, pispiando hacia todos lados, hasta encontrar a la persona que yacía esperándolo un buen rato. Se acercó a paso suave, tomando asiento frente al hombre alto, a quien saludo cortésmente con un pequeño asentimiento pero con una sonrisa picarona pintada en sus labios.
- Buenas tardes Takashi. — Pronunció, depositando la taza de café sobre el pequeño plato.
- Buenas tardes, Tora-shi.— Respondió con formalidad, mientras tomaba del centro de la mesa el menú para pedir algo, al mismo tiempo que se quitaba el piloto que cubría sus prendas de vestir. Su perfume llegó a las fosas nasales del más alto, quien de forma imperceptible se mordió los labios.
- Espero no haber interrumpido tus labores, sé que estás con mucho trabajo. — Se disculpo Tora , mientras llamaba al empleado para realizar un nuevo pedido.
- Tora-shi no te preocupes, estoy algo ocupado. Pero también ansiaba despejarme. — Señaló con tranquilidad, concentrando su atención poco después en trasmitirle al empleado su pedido, el cual se trataba de un té con un pastel de frutillas. Tora sólo agregó una copa helada. Cuando volvieron a quedar solos, el más bajo apoyó su mano ligeramente sobre la ajena. —Y aunque me cueste admitirlo, te he extrañado tigre. — Llamo al más alto con su apodo más cariñoso.
- No seas meloso y mentiroso, Saga. — Bromeó, puesto que recibir aquellas palabras aliviaban en cierto punto todos los nervios que le colmaban y que los disfrazaba con impoluta seriedad y tranquilidad. También empleo el seudónimo más conocido del bajista. – Sí continúas diciendo esas cosas, terminara por crecerte aun más la nariz.
- Eres un amargo. – Agregó risueño el menor de ambos, mientras se reía ligeramente. Movió su nariz de forma inconsciente (quizás ante el comentario soez del mayor), mientras acomodaba con su mano izquierda sus cabellos. — Lo que me impresionó es que me llamaras a una cafetería para encontrarnos. Cerca está el parque de diversiones donde tuvimos nuestra primera cita. — Recordó Saga. — Aparte de qué queda bastante más alejada de nuestros departamentos ¿Es por algo especial? – Preguntó intrigado, puesto que quizás entre tantas partituras había olvidado alguna fecha importante.
- Es San Valentín.- Contestó con simpleza el más alto. Agregando incluso más intriga en el menor, quién rápidamente respondió.
- Vamos Tora, nunca festejamos San Valentín. Al menos no de forma tradicional, nuestros trabajos no nos permite y...
- ¿Importa eso?— Corto tajante el más alto, clavando su mirada parda en los ojos chocolates de su pareja. — Quiero decir...Podríamos empezar a festejar desde hoy. – Propuso, bajando su mirada y sonriendo de forma nerviosa, gestos que no pasaron desapercibido por el menor.
- Oh...Pero no tengo ningún regalo. Tora-shi. Y más te vale que no aparezca alguna sorpresa de la nada, porque me retiro. — Exclamó con exageración, puesto que conocía los métodos de su novio, que siempre lo sorprendía con detalles y él siempre terminaba quedándose mal. Claro que conocía exactamente que Tora-shi no se animaría a algo muy público, puesto que no era tan simple, podrían reconocerlos. No eran tan famosos, pero sí lo suficientemente conocidos.
El más alto no alcanzo a responder, más que con una risa inquieta que termino perdiéndose en el horizonte cuando el empleado les trajo a ambos sus órdenes y se retiro en pocos minutos.
No tardaron mucho para disponerse a comer, el bajista se encontraba algo hambriento, debido a que apenas salía de trabajar y caminar bajo la intensa lluvia, incluso con el paraguas protegiéndolo, no había sido suficiente puesto que podía sentir el frio penetrar todos sus huesos. El té lograba calentar su cuerpo, al mismo tiempo que el pastel sabia tan sabroso que por unos cuantos minutos había olvidado incluso la conversación anterior. Las gotas mojaban los ventanales regalándoles una tonalidad distinta y hasta en un punto romántica. Saga estaba perdida en los sabores de su pedido, pero Tora a cambio estaba ensimismado por querer encontrar el momento justo, el momento de develar la verdadera razón de aquel encuentro. La decisión que había tomado, hacia unos cuantos días y que lograba incluso quitarle el sueño. Podía sentir su corazón latir estrepitosamente, agradeciendo que el ruido ambiente tapara aquellos latidos que parecían retumbar en sus oídos con fuerza y que lograban hacerlo temblar de emoción, miedo y hasta inquietud.
El guitarrista observo al pelinegro durante varios minutos, la música de fondo era tranquila; probablemente un clásico de los 80' que Saga conocía a la perfección puesto que podía sentir como movía uno de sus pies de forma rítmica. Personas pasaban por los angostos pasillos de aquella cafetería y algunas personas mantenían acaloradas conversaciones que incluso en medio de la vorágine de sensaciones que invadían a Tora, podía sentirlos confundirse con su propia respiración. Todos parecían estar inmersos en sus propios mundos. Incluido su novio, quién no dejaba de degustar el pastel.
Tora tomó un poco de su copa helada (misma a la que sólo le saco una cucharada), antes de atreverse a ponerse de pie, aprovechando que el menor mantenía una seria atención a sus alimentos y que el mismo se encontraba frente a él, para acortar la distancia y poder rodear la mesa, ubicándose junto al mismo y ponerse de rodillas. Lo había hecho de una forma tan rápida que ni siquiera entendía como lo había logrado.
- ¿Qué rayos, Tora-shi? – Pronunció al fin Saga, quién aun no entendía absolutamente nada. Y ni siquiera se había percatado de la situación hasta ver al más alto de rodillas junto a él. Tora saco del bolsillo de su pantalón una pequeña caja, podía notar el temblor de sus dedos antes de que el mismo abriera el estuche de forma muy suave, consiguiendo que el corazón del bajista se detuviera por unos microsegundos.
- ¿Quieres casarte conmigo?— Soltó el más alto de repente, en ese momento el mundo se paralizó por completo. Saga se quedo sin palabras y observo atónito la escena. Tora estaba con una pierna apoyada sobre el suelo, la otra semi flexionada y sus manos se extendían hasta cerca de él, con una pequeña caja donde un anillo brilloso sobresalía.
El más alto se quedo en aquella posición, sintiendo como el mundo se detuvo. A su alrededor todos observaban y hasta lograron quedarse callados, de forma repentina la música se detuvo y el tiempo parece haberse ralentizado. La respuesta no llegaba, puesto que Saga no podía mover ni un sólo músculo, su sorpresa era de tal tamaño que cuando logró mirar, dio un rápido vistazo a todas direcciones, sintiéndose el centro de la atención, (convengamos que estaba acostumbrado a ello, pero siempre sobre las tablas) pero ahora mismo era incluso más que cuando estaba sobre un escenario. Un repentino sonrojo se hizo presente y negó ligeramente, en una súbita reacción.
- No...— Tora sintió el mundo venirse abajo ni siquiera se atrevía a abrir los ojos o levantar la vista, mucho menos poder levantarse del suelo. – Lo puedo creer. — Completo la frase el menor, mientras buscaba en su bolso, sacando algunas cosas torpes. Todo era expectativa, hasta que el menor encontró un caja para mostrársela a Tora. — ¿Masashi quieres casarte conmigo?— Preguntó, logrando que el guitarrista elevara su vista con sus ojos brillosos, sin poder creerlo.
Ambos habían pensado lo mismo, e incluso pensaron en aquel 14 de febrero para comprometerse, aunque ninguno de los dos sabía de las intensiones del otro. La escena logró conmover a todos los presentes, quienes aun esperaban expectantes la respuesta definitiva. Aquello parecía un reality show, razón por la cual Saga y Tora no sabían cómo reaccionar.
El mayor, se levantó del suelo para abrazar a su novio, y responderle justo sobre du oído:
- Ya sabes mi respuesta, quiero casarme contigo. – El bajista lo recibió tembloroso entre sus brazos, sintiendo un enorme placer.
- Torashi sabes que también quiero casarme contigo. — Ante esa respuesta, el "público" presente aplaudió, mientras todos volvían a sus propias conversaciones y retomaban sus labores, dejando a la pareja disfrutar de su momento.
Tanto Tora como Saga, tenían sus mejillas completamente rojas, jamás pensaron en una declaración en público, generando tamaña situación, siendo la misma para ambos, por demás graciosa. Cada uno comenzó a reír, mientras no dejaban de abrazarse.
Restaron unos minutos antes de colocarse los anillos, respectivamente como sí se tratara de la ceremonia oficial del casamiento. Se sonrieron cómplices, antes de darse un pequeño beso algo tímido. A su alrededor todos habían vuelto a sus actividades o distracciones, mientras ellos parecían encontrarse dentro de su propia burbuja.
- Pensar que lo nuestro inicio por un simple beso robado en el escenario. – Exclamo risueño el más alto, observando al bajista de reojo.
- Mhm y porque tu dijiste que yo era el primero o único que te había besado así. – Recordó Saga, riéndose ante ese recuerdo. — Pensé que era sólo una broma pero lo decías tan convencido que me volví literalmente loco.- Confesó el bajista, ante la sorpresa del mayor.-
Aquel recuerdo los hizo reír y emocionar, puesto que jamás había pensando en llegar tan lejos como pareja.
Fin-
Luego de años de no animarme a escribir nada, he aquí un pequeño fic. Amo esta dulce pareja de ToraxSaga y lo seguiré amando por siempre. Gracias a todos los que lo lean!