Flor me paga cosas. Usualmente cuando salimos juntos, ahora pasó a otro nivel y ya me las paga sin importar si ella va a estar o no. Así fue el caso con la entrada al cine para ver La virgen de la tosquera. Pum tomá ¿La querés? Te la mando, es este lunes.
Regalo recibido y agradecido. Ahí estaba yo el lunes de carnaval feriado feriadísimo haciendo tiempo afuera de cinemateca, miré la hora y aun me daba tiempo para mear. Fui al baño y había fila. Y acá es donde se pone tosquera la cosa: aquellos hombres estaban esperando para entrar a los dos cubículos con puerta, mientras había dos mingitorios libres. Esta gente no puede estar esperando para cagar pensé, no toda. Deben de estar rotos (los artefactos, no las personas). Ahí fue que entró un tipo, vio lo mismo que yo y preguntó señalando los cosos "no funcan?", un par respondió que funcionaban a la perfección.
Simplemente no querían mostrar la pija. Ok, están en su derecho.
El que preguntó recibió la respuesta con alivio, y sin juzgar a nadie con la cara ni con la verga eligió un aparatejo de esos y se puso a mear. Se colocó en una posición que luego decidí imitar: un poco girado hacia la esquina de tal forma que casi meaba de frente pero no, de esa manera daba en el blanco sin que le vieran el sodape, respetando así el tsunami de pudor reinante, toda una lección con un solo gesto.
Como dije había dos cosos pero decidí esperar a que él terminara y así mear en el ya bendecido urinario, a empaparme de sabiduría mientras empapaba de meo. Me empecé a preguntar si yo podría orinar con toda esa gente ahí al acecho. No llegué a la mitad de ese pensamiento que ya estaba meando lo más tranquilo. Terminé, me fui y ellos aún esperaban. Creo que el respeto fue mutuo, no hubo miradas acusadoras ni despectivas, cada cual con sus creencias y ritos.
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