Esta semana cumplí dieciséis y mis expectativas no pueden ser mejores: Quiero vivir mi vida a pleno! Cumplir con todos mis sueños. Me encantaría iniciarme en el moldelaje y conocer al amor de mi vida. No sé cómo va a suceder todo eso pero se que sucederá.
Colegio Michael Haams, Vicente López, Buenos Aires.
Eran las seis en punto de una tarde como cualquier otra, cuando sonó el timbre de salida. Las alumnas del colegio privado de la esquina de la calle Gaspar Campos empezaron a cruzar el portón principal vistiendo el uniforme tradicional de color azul de corbata y jumper. Entre ellas, se encontraba Carolina Álvarez, una jóven de rasgos armoniosos y una fresca actitud de rebeldía. Se reía con sus amigas, todas con una mochila de nylon de distintos colores colgando del hombro derecho.
Del otro lado de la calle repleta de coches y un autobus estacionado, estaba Rodrigo Olivera, oculto entre los árboles. Vestía una campera negra de cuero gastada y un pantalon de jean ajustado; observando la escena de la salida con una mirada fría y analítica. Con una cámara de fotos en la mano, miró por el lente retratando un primer plano de la sonrisa dulce de Carolina. En ese momento, el guardia de seguridad del colegio, parado junto a la garita de la vereda de enfrente, notó los movimientos extraños del hombre de aspecto imponente y mirada oscura. Se acomodó el cinto y se dispuso a cruzar la calle con paso firme mientras que Rodrigo continuaba concentrado en su tarea.
Una de las amigas de la joven, "Majo", codeó a Carolina y le señaló hacia el frente.
_ ¡Caro, mirá allá! Hay un tipo con una cámara profesional... ¡Te está sacando fotos a vos! Capaz que es un cazatalentos de Pancho Dotto.
Carolina miró hacia el frente y al corroborar la sorpresiva situación, hizo un gesto de modelaje con una mirada pícara mientras sus amigas saludan a la cámara, riéndose.
El guardia se acercó hasta Rodrigo y lo frenó de mala manera, poniéndole una mano en el pecho.
_ ¡Ey, pibe! ¿qué hacés acá con eso? Circulá! No podes sacar fotos, volá!- dijo chocando las palmas.
En ese momento, Carolina cruzó la calle corriendo; sorteando los coches y dejando a sus amigas atrás.
_ ¡Espere, no lo eche! No está haciendo nada malo... - se dirigió al guardia mirando al chico guiñandole un ojo . Rodrigo bajó la cámara embelesado por la belleza de Carolina, sosteniendo una mirada magnética.
_ Para nada, agente. Solo capturo la belleza de la jóven, mi nombre es Rodrigo Olivera; trabajo para un estudio de modelaje.
El jóven metio la mano en el bolsillo de la chaqueta y le entregó un carnet de fotógrafo profesional al guardia que lo observó algo perplejo.
_ Está bien- le comunicó-. Podés quedarte pero basta de fotos.
El guardia le devolvió el carnet y cruzó de nuevo la calle.
_ ¿Cómo te llamás?- preguntó Rodrigo aún ensimismado-.
_ Carolina- dijo ella hipnotizada por el porte y la mirada penetrante de Rodrigo-.
_ Tenés un ángel increíble. Si te interesa hacer un book, llamame. El estudio es privado, está en Núñez, no muy lejos. Te dejo mi tarjeta.
Rodrigo extendió una tarjeta comercial con su nombre y dirección y ella la leyó.
En ese mismo momento, el micro escolar tocó bocina. Las amigas de Carolina le gritaron desde la puerta del bus para que se apurase. Carolina dio un paso atrás, guardando la tarjeta en el bolsillo del blazer.
_ Me tengo que ir...- se disculpó Carolina con una sonrisa y los cachetes ruborizados-.
_ Entiendo. Pero llamame.
_ Sí.- respondió ella tímidamente-.
Carolina se dio la vuelta y se apresuró a alcanzar la puerta del autobús antes de que arrancara.Luego se sentó junto a sus amigas del lado de la ventana, emocionada. El micro se puso en marcha y ella permaneció con las manos pegadas en el vidrio observando a Rodrigo desde arriba mientras el vehículo se alejaba.
_ ¿Qué pasó?, ¡Contanos todo!- preguntó una de las chicas una vez que Carolina se volvió hacia ellas.
_ Es un fotógrafo profesional, quiere que vaya a su estudio.- respondió Carolina con la mente en las nubes-.
_ ¡Guau!, ¡Caro! ¡Es tu gran oportunidad!- señaló Majo.
_ Además ...está muy fuerte! - añadió su otra compañera con picardía-.
Diez minutos mas tarde, cuando el bus estacionó momentáneamente frente a la vereda de la casa de la Calle Arévalos, su padre Ernesto se hallaba tallando la madera del armazón de un violín en el taller del fondo de la vivienda. Carolina bajó del vehículo de forma atropellada, atravesando la reja y luego la entrada principal tomando la escalera que conducía a su habitación.
La joven tiró la mochila en el piso de parquet y se sambuyó sobre el mullido acolchado de flores de su vama; abrió la gaveta de la mesita de noche y tomó su diario íntimo entre sus manos:
Acabo de conocer al amor de mi vida y al hombre que me va a ayudar con el mi futura carrera de modelo. Se llama Rodrigo y está re fuerte!