C O L O M B I A.
Julio 18, 2017.
Cuando el sol se ocultó y las estrellas cubrieron el manto oscuro del cielo, aquella noche de verano en tierras colombianas, no solo el calor se hizo presente. Las personas más importantes del país latino, del continente entero, se presentaron para brindarle al novato dueño del club su apoyo incondicional y el impulso necesario a través de las redes.
En el otro extremo del amplio salón, Samuel contenía su envidia tras haber escuchado suficiente de la conversación de un completo desconocido a sus espaldas; Según él, esa noche no pretendía serle infiel a su esposa, pues estaba tan enamorado de ella que pretendía salir de la inauguración antes de que la “verdadera fiesta” comenzase y los bailarines hicieran finalmente lo suyo.
Samuel se recordó a sí mismo que el amor al final del día terminaba siendo una espada de doble filo. No hacía mucho, él también había soñado con la felicidad en una pareja, un camino de dos que se hiciera más fácil de transitar. Sin embargo, rápidamente debe tragar la ponzoña, Sofi se acerca con una sonrisa resplandeciente y dos botellas de la mejor cerveza.
Sofía, sin embargo, desde siempre prefirió las aventuras pasajeras, las que suelen darse en fiestas como esas donde ninguno se conoce y al finalizar la noche y haber intercambiado más que un par de miradas, bailes y besos, ni siquiera son capaces de retener los nombres. A ambos la vida les cambia al conocerse; Sofi que nunca buscó estabilidad en las relaciones, conoce a Samuel, un idealista romántico pero sediento de aventuras y la necesidad de un cambio abrupto en su rutinaria existencia.
Ninguno es capaz de darle un título al vínculo que llevan alimentando hace ya un par de meses, pero a Samuel le encantaría dejar de compartirla abiertamente. No obstante, es demasiado egoísta y tampoco quiere perderla, así que continua, encuentro tras encuentro. A veces son dos mujeres, a veces el invitado es otro hombre.
Liesje movía sus caderas como una experta bailarina oriental y sin pensárselo demasiado, Samuel le indicó con un gesto de su cabeza a Sofía que observara aquellos movimientos. Ninguno la conocía, a pesar de que ellos dos se movían dentro del ambiente nocturno, nunca habían visto a esa mujer jamás. En un silencioso pacto, un plan que ni siquiera habían detallado, Sofía se montó sobre un despistado Samuel besándolo con un apetito voraz; si querían llamar la atención de la bailarina frente a ellos, aquello no estaba funcionando.
Ofuscada pero no abatida, la rubia se pone de pie y directamente camina hacia ella. Tenía que conocerla, si Samuel se había fijado en ella, entonces, le daría lo que no le había pedido. Cuando las luces blancas comenzaron a parpadear en el estallido de la pista musical, Sofía se encontró a Liesje sola, sujetándose el cabello y con los ojos cerrados mientras bailaba. Aprovechando el momento y tentada por la fina seda de su camisa, la agarró de la cintura y la tomó entre sus brazos recargándose sobre su espalda haciendo que siguiera los nuevos pasos lentos de la colombiana. No pasaron demasiados segundos hasta que Liesje se recuperó del estupor y sin dejar de moverse logró voltearse encontrándose con una mirada profunda y una sonrisa llena de malicia y caminos que instantáneamente quería recorrer junto a ella esa noche.
En el instante en el que las luces cambiaron y todo se volvió rojo y azul, Sofía solo terminó siendo una especie de espejismo, un recuerdo que, aunque fuera de lo más nítido, sólo habitaba en su memoria. La castaña observó con detenimiento entre todos aquellos cuerpos y guiada solo por su instinto, se adentró entre los pasillos oscuros de un club que desconocía y recién abría sus puertas. Muchas eran las áreas todavía inhabilitadas, entre plásticos, cortinas, pintura fresca y herramientas de construcción, la luz de su celular la terminó llevando hasta una pequeña habitación sin puerta y cálidamente iluminada por una conexión eléctrica demasiado precaria. En el único mueble del espacio cuadrado, un sofá viejo, Samuel y Sofía se besaban descaradamente. Se mordían los labios y sus lenguas jugaban a acariciarse entre gemidos y muchísimo, pero muchísimo calor.
Liesje se quedó expectante, en algún punto hasta deseando ser invitada a esa especie de fiesta privada. También se había sentido extraña, demasiado extraña observando una escena tan íntima como si de una voyerista se tratase, pero ya no podía salir de ahí, especialmente cuando Sofía la había visto y el brillo en sus ojos azules fue por primera vez visible para ella. Tenía el corazón acelerado, desbocado. Si bien, hasta entonces había estado únicamente entregada a la música, ahora mismo, mientras se terminaba de desabotonar los últimos botones de su camisa sin poder creérselo, quería hacer un intercambio; quería solamente entregarse a ellos.
Esa extraña mujer se acercó a ella, la hizo girar de nuevo y la obligó a dar unos pasos hacia atrás mientras la mantenía pegada a su cuerpo atrayéndola de la cintura. Ella no se lo impidió en absoluto, de hecho, era demasiado agradable sentir su contacto a pesar del pesado calor que los acompañaba. Con la punta de los dedos, la rubia le rozó el borde de los pechos todavía cubiertos por el sostén y entonces descendió pausadamente sobre su piel produciéndole más de un escalofrío. Pasándole una de sus manos por entre los pechos hasta el cuello, Sofía logró que se diera la vuelta para observarla de frente bajo la abierta admiración de Samuel.
Si Sofía era una cazadora, esa noche Liesje quería ser cazada mil veces. A la neerlandesa la inundó una oleada de deseo. Sus pechos ansiaban ser tocados, sus pezones estaban completamente duros y erectos… Entre las piernas, le latía un pulso húmedo y caliente. Despacio, la desconocida inclinó la cabeza y llevó los labios a su cuello golpeándolo con el calor de su aliento y un leve soplido intencional. ¡No la conocía de nada! Se recordó estúpidamente Liesje y aun así deseaba con desesperación sentir la pasión de sus labios, sentir lo mismo que había sentido Samuel tan solo hacía un minuto.
Un fuerte temblor sacudió el cuerpo inamovible, caliente y expectante, solamente sus labios se movieron, murmuraron un nombre, entonces las pupilas de aquellos ojos que la observaban llenos de deseo, se dilataron, y todo el azul de los ojos se extinguió para siempre cuando todo alrededor se volvió de color negro.










