Al fic Viuda Negra, posteado hace poco. No leer fuera de orden. Rape stuff. Para witchpaprika
Manuel se puso de pie, mirando satisfecho el cuerpo inerte del abusador. Miro a los alrededores, localizando su ropa y caminando hacia a ella, vistiéndose con calma.
Lo próximo fue fácil: colgar al tipo con su propia correa en el baño. Y falsificar una carta suicida en donde confesaba sus crímenes, gracias a cuadernos que encontró en la habitación. No era nada del otro mundo y un policía listo seguro miraría a través de su letra, pero no importaba. El celular con imágenes pornográficas de las víctimas era suficiente motivo para que calificaran el asunto de suicidio y se alegraran de que hubiese un violador menos en el mundo.
Terminado todo, Manuel eliminaba todo rastro de su presencia allí, y salía por la ventana, saltando hacia arriba, al techo del edificio. De allí comenzaba a saltar de techo en techo hasta posarse sobre una terraza que le dejaba ver la entrada a un bar.
Sonrió astutamente, y dentro de poco, estuvo caminando entre las personas, nuevamente actuando como mosca incauta cuando en realidad era la araña tejiendo su red. La viuda negra.
FIN
Mil perdones por la tardanza, espero te guste. En serio que no tengo excusa. Pero hey, espero guste xD
Resumen: Ten cuidado a quien dejas entrar a tu vida, aunque sea por un instante. Manuel tiene las experiencias para aconsejar eso.
Advertencia: Este fic contiene rape. Es un Chile/Ciudadano.
Notas: pagando trades, uno para witchpaprika
Viuda Negra
La primera vez que lo vi, fue en ese club nocturno. Él se paseaba entre la gente que bailaba cómo loca. Su forma de caminar era como si se deslizara entre las personas. Por la expresión en su cara, me parecía que ignoraba todo lo que ocurría a su alrededor, como si fuese algo a lo que estuviese más que acostumbrado. Eso fue lo primero que me atrajo a él. Lo demás, fue su apariencia, un buen cuerpo vestido de jeans negros y una chaqueta del mismo color. Arreglado, delicado, pero sin perder su masculinidad.
Me volteé a encarar al muchacho con el que había estado hablando, quien me estaba rechazando encantadoramente todo el tiempo.
—Ya perdiste tu oportunidad —le dije, sonriéndole con sorna y levantándome para seguir a ese joven con la genial chaqueta, de mismo color que la mía. Que puedo decir, el negro me queda bien.
Me apresuré a pasar entre la gente, temiendo perderlo de vista. Lo encontré justo cuando ya estaba saliendo del club.
—¡Hey! —Le llamé, poniendo la mano en su hombro—. ¿Ya te vas?
El giró su rostro, mirándome sin ningún tipo de expresión en particular. Pero wow, que falta de interés se le notaba.
—Adiós —fue lo que dijo, quitando mi mano de su hombro y siguiendo su camino.
—¿Me dices tu nombre? —insistí, caminando detrás de él.
—No.
—¡Por favor! —modulé mi voz para tratar de sonar encantador, pero sin llegar a ser latoso.
El se volteó a verme por encima de su hombro y sentí un escalofrío. Obviamente eso no funcionó.
—Deja de seguirme —dijo, y su orden pareció más una amenaza.
—Dime tu nombre y no te sigo más —le prometí.
—Manuel —respondió él.
Dicho eso, siguió su camino. Sonreí. Actuaba como si no le interesara, pero terminó diciéndose su nombre.
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Manuel ciertamente es especial. No puedo sacarme su imagen de mi mente. He sido rechazado antes, así es la vida. Pero eso sólo me hace olvidarme de mi blanco para ir por otro sin darle ninguna importancia. Esta vez si me importó, y mucho. Volví al club, tomé a otro chico, llevándolo a mi habitación. Pero no importaba cuantas veces me lo cogiera, era la cara de Manuel la que veía al hacerlo.
—Manuel…Manuel… —repetí para mí mismo, con los ojos cerrados, entrando y saliendo lentamente del muchacho, sujetando sus caderas con fuerza mientras oía sus gemidos de borracho.
Dejé a mi invitado de la noche en un motel y le pagué la habitación. No me gustaba dejarlos amanecer en mi casa, la quería limpia por si tenía que recibir más invitados. En este caso, preparada para recibir a Manuel, porque lo tengo que tenerlo en mi cama pronto o voy a enloquecer.
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Casi pego un brinco al techo de la alegría al verlo la noche siguiente en el club. Al parecer lo frecuentaba. Esta vez estaba sentado en la barra, mirando un trago que no se tomaba con una expresión seria.
Me senté a su lado y de inmediato trate de iniciar una conversación, para ser ignorado.
—Que sepas mi nombre no te da derecho a hablarme —me dijo sin recato alguno.
—¿Me recuerdas? —le pregunté.
—El acosador de anoche, si te recuerdo.
Reí un poco.
—Perdón, estaba un poco borracho y realmente me gustaste.
—Si estar borracho fuera una excusa, que felices se pondrían la mitad de los presos.
Volví a reír, encontrando el comentario realmente gracioso. Me presenté, y continué hablándole, pedí dos tragos y le pasé uno de ellos luego de una revisión rápida.
—No recuerdo haber aceptado una invitación —me dijo, mirándome de reojo.
—Hey, tampoco te estoy proponiendo matrimonio —le respondió, tratando de sonar relajado—. Lo más que puede pasar, es que bebas gratis y me dejes aquí. Así es la vida.
Por primera vez, Manuel sonrió. Un poco, pero fue suficiente para incendiarme por dentro. Y para rematarlo todo, aceptó mi trago.
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Minutos de tomarse el trago, Manuel empezó a abrirse un poco más. Finalmente me hacía conversación, y aprendí un poco de él. Estaba en la universidad, vivía sólo en su apartamento en compañía de su gato.
—Joder, que calor hace aquí —dijo de pronto, soltando un resoplido.
—¿Te sientes bien? —le pregunté, tratando de ocultar mi sonrisa al verle cabecear.
—Algo mareado —me dijo, paseando una mano por su frente—. Y con calor. Creo que mejor me voy.
—¿Te llamo un taxi? —le ofrecí, poniéndome de pie al mismo tiempo que él.
—Gracias —me dijo al verme teclear en mi móvil sin esperar su respuesta. Eso me confirmó que no vivía tan cerca del club cómo para irse a pie. Le ofrecí a esperar con él el taxi en la salida, a la otra cuadra del club.
No dijo que sí, pero tampoco se negó cuando empecé a caminar junto a él. Ambos nos paramos al otro lado de la cuadra, viendo a la gente ir y venir. Él esperaba por el taxi que nunca llegaría, yo por el momento en que la droga que puse en su trago surtiese efectos más potentes.
Manuel suspiró, tambaleándose un poco, mi oportunidad para tomarlo por los hombros con una expresión preocupada.
—Um, ¿quieres ir a mi casa? Vivo cerca. Y prometo no hacer nada, jaja —dije, sonando algo relajado y bromista—. Pero creo que algo de agua fría te vendría muy bien. Podemos volver a llamar el taxi desde allí.
—No, estoy bien —respondió Manuel, pero no parecía convencido de sus propias palabras.
—Pues a mí me pareces que va a vomitar —le dije con tono preocupado, casi alarmado—. Vamos, mejor en mi baño que en la calle.
Le apretujé un poco los hombros y empecé a caminar, y tuve que contenerme al ver cómo Manuel caminaba conmigo. Había sido una noche de espera, pero diablos que se sintió cómo una eternidad.
Apenas entramos lo llevé directo a mi cuarto, dejándole pasar a mi baño.
Manuel no pareció preguntarse por qué lo llevé al baño del cuarto principal en vez de al común, más bien me agradeció y se encerró en el mismo.
Yo atiné a decirle que iría llamando al taxi, para luego dejarlo en el baño y empezar a prepararme. Música, sabanas nuevas, esposas, lubricante, condones.
Cinco minutos después, abrí la puerta del baño con mi baño para encontrarlo dormitando recostado sobre la tapa del inodoro.
Sonreí, ayudándolo a ponerse de pie. Sonreí aun más cuando recostó su cabeza en mi hombro mientras le ayudaba a caminar.
Finalmente lo dejé caer sobre mi cama, y tuve que pausar un momento para verlo. Finalmente estaba ahí, con sus brazos extendidos, y una expresión hermosa, sobre mi cama, esperando por mí.
Me colocó sobre él, empezando a depositar besos sobre su cuello, mis manos trabajaron para abrir su chaqueta, dejando al descubierto la camiseta roja debajo de ella. No dudé en introducir mi mano en su interior, acariciando su torso, llegando hasta su pecho.
Manuel gimió y giró la cabeza, frunciendo el seño.
Fui más directo, le saqué la chaqueta, luego la franela. Finalmente abrió los ojos al momento en que le desabotonaba los pantalones.
—Me dijiste que… —empezó a decir, dándose cuenta de su situación. Su mirada se tensó un poco.
—Te mentí —le respondí—. Miento mucho. Es que no podía dejar que te me escaparas otra vez. Tú y yo vamos a divertirnos, Manu.
Me senté sobre su estomago mientras tomaba las esposas que ya estaban en la cama. Reí cuando Manuel empezó a manotearme débilmente, tratando de quitarme de encima.
Agarré sus manos sin dificultad, esposándolo y luego sujetando las esposas al agarre en el espaldar de la cama, eliminando así la última dificultad en su objetivo, teniendo ahora todo el cuerpo del joven para él.
—¡Déjame ir!—gritó Manuel, pero adormilado cómo estaba, no era un grito que la música no pudiese ahogar.
—¿Eres virgen? —le pregunté—. ¿Lo quieres suave o duro?
Me reí cuando me maldijo cómo respuesta, desmontándome de su estomago, terminando de desabrochar sus pantalones y bajándole el cierre. Tiré de ellos para sacárselos, obteniendo un par de débiles patadas en el proceso. Lo siguiente fue cortar sus bóxers rojos con un cuchillo. Me reí al pensar en que se tomaba la molestia de combinarse tanto. Estaría desgarrada, pero su prenda sería el recuerdo del encuentro. Terminé sugetando sus pies con las amarras al borde de la cama, dejándolo así extendido sobre la misma, solo para mí.
Me desnudé rápidamente, quitándome toda prenda y quedando ambos en mismas condiciones. Finalmente, me recosté sobre él, dispuesto a saborear el premio de todo mi trabajo.
Besaba sus labios, lamía su cuello. Mis manos paseaban por su cuerpo, sujetando, apretando. Movía mis caderas contra las suyas, frotando mi erección contra su miembro dormido. Ya no le prestaba atención a Manuel y sus gritos adormilados, él ya había tenido suficiente te mi atención. Ahora era mi turno de disfrutar.
Sonreí al sentir la erección de Manu finalmente despertarse contra la mía. Se estaba sintiendo bien, y esa era la prueba.
—Te voy a hacer aullar —le susurré, luego levantándome de encima de él. Rápidamente abrí un condón, busqué el lubricante y lo apliqué varias veces. Me coloqué de rodillas frente a la cama, unté mis dedos con lubricante de forma abundante y los introduje en medio de las piernas abiertas de Manuel.
Esta vez gritó con fuerza. Todo su cuerpo se tensó y sus intentos por soltarse se volvieron tan fuertes que seguramente se lastimó las muñecas. Dos dedos al mismo tiempo podían hacer eso con los poco experimentados. Genial, eran mis favoritos.
Los saqué de nuevo, y volví a entrar uno, pero más despacio. Su cuerpo intentó sacarlo, pero insistí.
—Tengo juguetes hechos para abrir culos cerrados cómo el tuyo —le avisé—. ¿Quieres eso? ¿Quieres que te ponga juguetes? Mira que si lo hago, tendré que tomarte fotos para el recuerdo. Si no quieres esto llegue al Internet, entonces deja de gritar y compórtate.
Manuel dejó de moverse y gritar, pero su cuerpo seguía resistiéndose. Estaba bien, ¿Dónde estaría la gracia si fuese fácil?
Seguí jugando con mi dedo dentro de él, añadiendo otro poco después. Luego el tercero.
—Oye, ya te entran y te salen cómo agua —le halagué—. Pero que buen putito eres, mira cómo ya te babea el pico.
Tomé su miembro con una mano, empezando a masturbarlo, parando un par de veces solo para continuar el trabajo dentro de mi boca. No acostumbraba a dar mamadas, pero Manuel se las había ganado.
Él giraba el rostro de un lado al otro, cerrando los ojos y mordiéndose los labios. Joder, que era demasiado bueno verlo así.
Quité las amarras en sus pies y subí en la cama, colocando sus piernas a cada lado, quedando yo en medio de ellas y con mi pico en mano, la cabeza ya tocando tentativamente la entrada de Manuel.
—Estamos haciendo un video Manu —le mentí—. Si te portas bien, te lo daré al final.
No esperé a ningún tipo de reacción, lento, pero de forma firme, oyendo sus gemidos y sonriendo ante ellos, penetré su culo.
No pude calcular cuánto tiempo pasó entre mis embestidas suaves y el momento en que empezó a cogerlo de verdad. Sencillamente estaba demasiado absorto en cómo se sentía el culo de Manuel para poner atención a eso.
—¿Te gusta?! —Le preguntaba, acelerando mí ritmo—. ¡Claro que te gusta! Todos los putos son iguales. Se la dan de serios al principio, pero lo único que quieren es mi pico entre sus piernas.
Era orgásmico verlo gemir entre dientes a cada una de mis embestidas, retorcerse mientras mis manos tocaban todos sus puntos sensibles. Iba a hacer que se corriera.
—Si tratas de correr, pongo el video en Internet —le amenacé, tomando pausa para soltar las esposas del agarre en el espaldar de la cama. Le hice voltearse, y me coloqué sobre él. Ahora estaba aun más adentro de él, ambos lo sentíamos y ambos gritamos por ello.
Me iba a correr, lo sentía.
—Me voy a correr —le avisé—. Me voy a correr dentro de tu culo, Manu.
—Sácalo —susurró bajamente—. Por favor, sácalo.
—Me vengo, me vengo…
Lamí su cuello, jadeando y dejándole sentir mi aliento mientras me corría.
Manuel sollozó un poco, quedándose quieto.
—Tú también —le dije, saliendo de él y tomándolo del hombro para hacerlo voltearse. Reí al ver su erección totalmente erguida. Comencé a masturbarlo, haciéndolo quejarse y retorcer su cuerpo en protesta. Pero no pasaron diez segundos antes de que Manuel se corriera sobre su pecho.
—Maldito —dijo suspirando, parecía que iba a romper a llorar en cualquier momento.
—Manu, tú y yo vamos a divertirnos mucho —dije, mientras me acercaba para darle un beso en la mejilla. La noche era joven. Y yo me imaginaba cogerlo de pie contra la pared. Presionar con lo del video y hacerlo darme una mamada, luego volver a cogerlo, pero esta vez con dejar que fuese Manuel quien se sentase sobre su pico y se cogiera a sí mismo. Después de la primera cogida, todos se ablandaban. En ese sentido, Manuel no era especial.
—No lo creo, ya perdí el interés —respondió Manuel, recuperando ese tono autoritario que tenía antes.
Lancé un gemido ahogado al sentir algo estrechar mi garganta. El mundo comenzó a dar vueltas, y cuando me di cuenta, estaba contra el piso, Manuel sentado encima de mi pecho, y su mano sobre mi cuello, apretándolo con fuerza.
—Bueno, eso fue entretenido —decía calmadamente—. Ustedes los pervertidos realmente son buenos juguetes.
No sabía que decir o que pensar. El mundo se había volteado y ahora era Manuel quien tenía el control. ¿Y la droga? ¿y las esposas? ¿Por qué no podía quitarme esa mano de mi cuello por más que tratase de zafarme?
— ¿Te ves confundido? Veamos, cómo te lo digo… —Manuel me sonrió con malicia, y empecé a temblar—. Entiendo que elijas chicos para drogarlos y aprovecharte de ellos porque crees que nunca hablarán. Después de todo, son heterosexuales y deben proteger esa identidad. Los abusas, haces que hagan todo lo que pidas y los dejas por ahí tirados. Nadie se entera. Un crimen perfecto. Pero yo soy un país, yo si me voy a enterar si hay un maniaco aterrorizando a escondidas parte de mi gente. Y tomaré cartas en el asunto
Manuel se encogió de hombros, riéndose un poco. Era una risa siniestra.
—Y que mas puedo decir, ¿quizás me excita un poco este tipo de sexo? La violencia, el descontrol, el engaño de hacerme el indefenso cuando realmente pude romper tu cuello cuando quisiese…
Mis ojos buscaron por toda la habitación, pero lo único que podía ver era el techo y a Manuel. Papeé con una de mis manos los alrededores del suelo, en busca de encontrar algo con que golpearle. Me topé con algún tipo de tela, y vanamente se la tiré a la cabeza. Ahí fue cuando vi rojo.
—Negro y rojo —dijo, sacándose su franela de la cabeza y lanzándola detrás de sus espaldas—. Los colores de la viuda negra.
Fue allí cuando finalmente entendí lo que estaba pasando: Manuel era una trampa. Y mientras hacía mi propio plan, sin darme cuenta, caí en su telaraña.
—Dicen que antes de morir, la última memoria es una imagen. Mírame bien, infeliz —me dijo, mientras la presión en m cuello aumentaba. Sentí que podía desmayarme en cualquier momento—. Puedes llevarme contigo, como la memoria de quien te asesinó.
Mi última memoria, fue un sonido, y la cara de Manuel desapareciendo de forma borrosa.
FIN
Y pagando trades…finalmente. No advertí de ese plot-twist, espero les haya gustado xD Y si encuentras faltas ortografías, me dices en donde. O si les gustó y llegaron a leer esto completo.
El pedido: “Manu because is my bitch pero desde la perspectiva de un ciudadano normal que esta obsesionado con el ( porque a mi me encanta las relaciones país-ciudadano que se dan en hetalia) y que sea tipo acosador y bueno, como siga lo dejo a tu elección (puede ser bien sangrientamente explicito o pervertido explicito o ambos xD)“ No me pedían rape específicamente, y cómo Manu es un país, pude jugar con eso.
El trade era a cambio de mis ancestros (cuatro trainos jovenes plus dos grandes) Gracias al cielo sólo me pagó cuatro adelantado y ahora ya puedo empezar a pagar back, so unpausando esto. Ask me for the epilogue later.
Esto fue del evento de trades de la comunidad. Para witchpaprika. Estoy terminando una secuencia de fics que también le debo, y uno de ellos tiene que ver con este, así que lo pongo.
El tema es: Sebas a lo Dorian Gray.
El Cuadro
Sebastián dormía en su cama en medio de la noche, frunciendo el seño de tanto en tanto. Despertó abriendo los ojos de par en par, y sentándose sobre su cama. Miró a su alrededor, y suspiró. No podía decir que había tenido una pesadilla, más bien un sueño extraño. Sus sueños empezaban a volverse muy extraños.
Alejó las sabanas de su cuerpo desnudo, saliendo de su cama y caminando con paso calmado hacia las puertas de la habitación. No tenía caso intentar volver a dormir nuevamente, no por un tiempo.
Abrió las puertas de par en par y cerró los ojos al encontrarse con una fuerte luz. Cubrió su rostro con una mano y emitió un gruñido suave.
—Buenas noches, señor —dijo su mayordomo, quien sostenía una lámpara. Joven, pero increíblemente rápido para adaptarse. Era la única persona en su casa que conocía de sus desvelos y le ayudaba a pasarlo lo menos desagradable posible.
—Buenas noches — respondió Sebastián, bajando su mano de su rostro conforme sus ojos se acostumbraban a la luz.
Su mayordomo le ofreció una bata para cubrir su cuerpo, y la aceptó de inmediato.
—¿Qué hora es?
—Tres de la mañana.
—Ya veo. Disculpa la molestia, pero por favor, prepara el carruaje para llevarlos —pidió Sebastián, mirando por encima de su hombro de vuelta a la cama.
En ella, se podían divisar los cuerpos de dos personas que dormitaban allí. Para Sebastián, había otra razón para despertar a media noche. A veces debía despachar invitados.
—¿Son prostitutos? —inquirió Luciano.
Sebastián le sonrió con condescendencia.
—No seas tonto. Uno de ellos quiere ser músico. El otro un gran cocinero. Déjalos descansar un poco más, sus cuerpos no estaban acostumbrados a todo lo que hicimos. Luego, hazlos salir. Oh, y dales algunos víveres y unas monedas por las molestias.
—Entendido. ¿Algo más?
—Si —El tono de Sebastián cambio de ser despreocupado a lúgubre—. La llave del estudio.
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Sebastián entró al estudio, y cerró la puerta tras sí. El olor a rosas que invadió su nariz le hizo inhalar fuertemente, ensanchando su pecho. Caminó hacia el interior de la habitación, desechando la bata que su mayordomo le había dado en el camino. No tenía porque temer a una intrusión, pues sus sirvientes estaban más que advertidos de nunca adentrarse en esa habitación. Y sólo había una llave.
El estudio estaba casi vacío. Había un cómodo sofá, cerca de la chimenea, la cual ardía, iluminando tenuemente la habitación. Junto al sofá estaba una pequeña mesa, la cual contenía un canasto de flores frescas.
En la pared frente a la chimenea, cerca de la puerta, estaba el único objeto valioso del estudio, quizás de toda su casa: su retrato.
Sebastián se sentó en el sofá, apoyando su codo en uno de sus brazos y su cabeza en su mano. Miró al retrato fijamente, y sonrió a medias.
Había pasado un año desde que ese retrato había nacido, y en ese tiempo, él se había convertido en la antítesis de casi todo lo que reflejaba la pintura. Su retrato era cándido, él era frívolo. Su retrato era inocente, para él, pecar era algo que hacía todas las noches. Su retrato era pureza. Él había sido manchado, y lo había disfrutado cada segundo.
—Cuanto te odio… —murmuró sin cambiar su expresión. Si, odiaba su retrato. Lo detestaba por ser un reproche continuo al estilo de vida que había elegido. Y por recordarle la vida ingenua que había llevado hasta entonces.
Sin embargo, Sebastián no podía evitar sentirse fascinado por él. Nadie podía, pero el modelo era el peor afectado.
Sebastián se reacomodó en el sofá, recostando la cabeza en uno de sus brazos y subiendo las piernas sobre el otro, colocando sus manos sobre su estomago. El sueño llegó mientras aun, con el rostro ladeado, observaba la pintura.
Cuando despertó, tenía una manta tapando su desnudez. El buen Luciano, siempre pendiente de él. Era terrible ser un sirviente enamorado de su señor.
Sebastián se levantó, mirando como los rayos del sol ya empezaban a penetrar por las ventanas. Se envolvió en la manta y caminó hacia la puerta. Su habitación ya debía estar deshabitada.
Llegó hasta la puerta, la abrió, y se giró a ver el cuatro a su lado. ¿Cuánto pasaría para que empezaran a notarse diferencias físicas? ¿Y qué tan lejos podría ir en contra de todos los conceptos que la pintura representaba?
Eran respuestas que solo alguien podía dar: el tiempo.
Sebastián sonrió para sí. En ese momento, nada de eso importaba. Porque ese cuadro y él aun tenían un concepto en común, el que realmente importaba: hermosura.
Los años siguieron pasando, y Sebastián seguía alejándose del concepto de su retrato. De su pasado. Entonces fue la pintura empezó a cambiar. Al principio fue algo casi imperceptible, sólo cuando se examinaba de cerca podía notarse. El rostro empezaba a envilecerse, marchitándose víctima de los excesos de su dueño.
O así lo percibió Sebastián, quien horrorizado, cubrió la pintura con una manta gruesa. La llave del estudio quedó exclusivamente en su posesión. Su odio por el cuadro fue cambiando por temor. La pintura seguía cambiando, mientras él seguía con el mismo rostro angelical, algo que espantaba a la sociedad en general, y especialmente a sus sirvientes, siendo la excepción Luciano, cuyo amor lo había cegado incluso a las manipulaciones más obvias por parte de su amo.
Si alguien le hubiese preguntando por lo que más deseaba, la respuesta hubiese sido: destruir ese cuadro.
Pero nunca lo haría. Sería su guardián hasta el final. Porque había algo que temía mucho más que a ese cuadro: vejez. Si la pintura no cargaba con sus pecados, entonces estos volverían a él.
Y Sebastián prefería vivir con miedo, que vivir sin belleza. Porque podía soportar el miedo. Podía controlarlo. Pero no podría vivir con ese abominable rostro.
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—¿Te quieres pudrir? —le dijo con agresividad al retrato, apretando los puños—. Pues púdrete tú solo. Púdrete eternamente.
Sebastián se sorprendió ante sus últimas palabras, que salieron sin siquiera pensarlas. Empezó a reír bajamente, pero pronto pasó a reír a carcajadas.
—¿Voy a ser joven eternamente? —le preguntó a su retrato, con un brillo de emoción en sus ojos que recordaba a la demencia—. Entonces será mejor que encuentre otro lugar para vivir, aquí ya están por quemarme en la hoguera. Si, hora de conocer que tiene el mundo para mí.
Sebastián caminó hasta la puerta con paso decidido, la abrió y pasó hasta el umbral. Luego cerró los ojos y bajó un poco el rostro, empezando a hablarle al cuadro.
—Por favor, sigue cargando con mis culpas. Con mis enfermedades, con mis excesos... Con mi vez. A cambio, prometo disfrutar por ambos el por toda la eternidad.
Sebastián abandonó el cuarto, cerrando la puerta con llave.
Esa noche, Sebastián durmió como hacía mucho no lo hacía. Ya no sentía miedo. Tenía una eternidad por delante. Este era su pago por ser el guardián del cuadro maldito.
FIN
Debo aprender a resumir, debo aprender a resumir, debo aprender a resumir. Agh. ¡Espero te guste, bruja!
Yo me tomo el asunto de los trades MUY en serio. no me gusta que me dejen plantada, pero tampoco me gusta plantar a la gente. En especial cuando hay mucho tiempo de sobra (hey, por mas uni que tenga, no deja de ser verdad que gasto mucho tiempo libre haciendo nada...por ejemplo, escribiendo esto).
So, Estoy haciendo una lista de trades que debo, nomás para tener una referencia por razones que doy abajo. Si no ves tu nombre aquí, pero tenemos algo, pleeeeeease...dimelo. Porque es probable que tenga el wip por algún lado.
Anyway y los nominados son..
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Kura: seven sinners. Stuff. Admito que mi problema es que no logro encontrar donde carajos guardé las notas a mano. Eso y mi manía de empezar nuevo stuff sin terminar, cosa que pretendo eliminar porque es estúpido as shit. So yeah, back to that.
Cyda: she paid me like a lot time ago. No entiendo como aun me habla. El amor es ciego. Argenmex of course.
Cocky: Oh, el mas reciente. Ya tengo las referencias, so, not bad. .
Cherriku: Un demon AU del evento. El único que debo del evento *actualmente orgullosa de eso*
Haru: Un Argentina, RD siendo un par de tontos. I dig that. Este actualmente está escrito a mano, pero es dificil explicar delante de la gente porque estoy escribiendo de mi cuaderno a la pc. Also, no recuerdo cual cuaderno, de nuevo. Researcgh.
Mmmm, oye, al final y no debo tanto. Estoy mejor que algunas tardosas que aun deben del evento. Who is laughing now, bitches?!
Pero si, si no apareces en esta lista y tenemos algun trade pendiente, por mensaje, por correo, por maldición vudú, hacémelo saber.
La razón por la que estoy recolectando deudas es porque planeo hiatus masivo. Nada de nada, solo sentarme en la pc a escribir.
Sencillamente necesito salir de esto. Tengo mas cosas en el horno -regalos de cumples que se me atrasan, proyectos especiales, ganas de hacer mas trades porque extraño al Greg no hecho por mí- y no quiero que esto estorbe ni se ponga mas viejos.
Poqrue soy débil. Y porque realmente no tengo idea como titular esto, se aceptan sugerencias. Here you go cocky.
Sin título
Martín se dejó caer sobre el sofá, mientras Daniel se quejaba de lo pesado que era llevarlo a rastras de vuelta a la casa. Siempre era lo mismo luego de una noche de juerga, porque Martín no sabía cuando parar de empinar el vaso.
—O dejas de beber o bajas unas libras, porque si no, me rompes la espalda —comentó.
—Totalmente, debo bajar unas libras —respondió Martín—. Lo vengo diciendo desde hace rato, pero todos me miran como loco. ¿Ves? Te lo digo, eres el único que me entiende, Dani.
—Gracias, aunque eso sería más conmovedor si no se lo hubieras dicho al cantinero, al portero y al maniquí de la tienda que pasamos para volver. Al que por cierto, invitaste a una cita.
—¡JAjajajaja, eres un puto loco! —exclamó Martín, echándose hacia atrás en el sofá.
Daniel sonrió en medio de un suspiro, sentándose al lado de su primo.
—Cuando estas borracho, tu eres solo puto.
—hey —dijo Martín, enseriándose de golpe y mirando a su primo fijamente—. Eso es ofensivo.
—Es la verdad, puto —le respondió Daniel, sosteniéndose la mirada.
El duelo de miradas se mantuvo unos segundos hasta que Martín lo rompió con una risa.
—Aaaw, cuando me miras así me dan ganas de besarte, ¡besito, besito! —dijo Martín, poniendo sus labios en trompa y tirando varios besos sonoros al aire mientras se iba acercando a Daniel.
—“No pares, no pares” —rogaba Daniel dentro de sí, ansioso. Su corazón latiendo con tana fuerza que bien podría atravesarle el pecho. Todas sus alarmas sonaban ante el ataque improvisto. Uno que no habría esperado en un millón de años. Pero si deseado, en definitiva.
Daniel juntó sus labios, imitando Martin y se acercó, haciendo contacto con los de su primo. El plan elaborado en un nanosegundo era imitarlo, y cuando Martin se alejara asqueado porque el beso con el que bromeaba si sucedió, Daniel se burlaría entre risas y todo pasaría como una broma.
Pero el contacto con los labios de Martín provocó un vacio en su mente. No poia, noo veía y no podía sentir nada aparte de la tibieza de los labios de Martin sobre los suyos.
Tan concentrado estaba sintiendo, que no notó que Martin no se alejaba de un salto, gritando improperios. Martín parecía estar igual que él: mirándolo sin realmente verlo, perpetuando el contacto.
—“No” —dijo Daniel cuando Martín empezó a acercarse más, a entrar dentro de su boca en un beso más profundo. Y Daniel empezó a corresponderle, revelando lo que tan bien había ocultado durante tanto tiempo.
Cuando el beso finalmente acabó, Daniel ya no podía ocultar su mirada anhelante de su primo. Martín no podía estar tan borracho cómo para ignorar los sentimientos en esos ojos.
Marín se abalanzó sobre Daniel en un abrazo, posando su barbilla en el hombro de su primo.
—Yo también —fue todo lo que dijo.
Y eso era todo lo que Daniel necesitaba escuchar para corresponderle.
Hurran los ratos de cordura de mi PC. Also, no se como quitarle ese formato donde la linea tiene un tabs-lock-
Tonto.
No tenían nada en especial. Sólo sexo. Apenas un mes de compartir el dormitorio, empezaron a tener relaciones. Nada planeado, al menos no conscientemente. Un par de bebidas, uno que otro coqueteo bromista y de pronto tenían una relación informal.
Gemidos, palabrotas, clímax. Luego Luciano se echaba sobre Daniel echando resoplidos para luego rodarse a un lado a descansar.
También pasaba que Daniel ponía las piernas de Luciano sobre sus hombros, y lo embestía con tal fuerza que Luciano tenía que pedirle que disminuyese su ímpetu. Y eso que Lu no era precisamente virgen. Pero Daniel apenas y disminuía su ritmo, y Luciano debía conformarse con apretar las sabanas y correrse en medio del placer y el dolor. Definitivamente Daniel sabía lo que le gustaba.
Era una buena relación, compañerismo, amistad y sexo animal cuando se necesitaba. Hasta que un día, pasó algo que Luciano no vio venir, o al menos no lo esperaba tan pronto.
—Échate agua fría —fue la respuesta de Daniel ante sus avances, golpeándolo con una de las almohadas de la cama y haciéndole caer en el colchón.
—Mmmm, interesante. Acabas de rechazar el sexo, eso significa que mataste a alguien o tienes una cita —comentó Luciano, mientras abrazaba la almohada y veía a Daniel empezar a moverse por la habitación. Ahora que lo notaba –ahora que su erección no era su prioridad-, Daniel estaba cambiado para salir—. Bueno, ¿Dónde enterraste el cuerpo?
—Jajá —dijo Daniel, mientras tomaba su móvil—- Pues resulta que si tengo una cita.
La sonrisa de Luciano disminuyó considerablemente, pero no desapareció.
—¿En serio? —preguntó, tratando de que su tono de voz no sonase afectado—. ¿Con quién?
—Julio —respondió—. Luego te cuento, solo estaba esperando las ocho para salir. ¡Deséame suerte!
—Sí, suerte.
Pero Daniel ya se había ido. Jodidamente rápido. Quizás demasiado.
Luciano se quedó solo, sintiéndose extraño. Sentía que algo le estaba molestando, pero no estaba seguro de que era. Bueno, dado a que el sexo ya no era una opción, decidió ver televisión, y pronto pasó de eso a revisar su teléfono y luego a mirar por la ventana de su dormitorio hacia el campus, para ver si había algo interesante. Y no, no lo había.
Pero el sentimiento extraño lo perseguía.
—“Estoy molesto por la cita” —pensó para sí mismo, porque no era tonto. Y quizás también tenía una espinita por el rechazo –súper amable, pero aun rechazo- de Daniel.
Pero cómo no era tonto, Luciano también pensaba que todo eso era ridículo. ¿Qué razones reales tenia para estar molesto? EN primera, Daniel y él nunca habían tenido algo serio. La idea le pasó por la mente varias veces, pero la desechó por considerarla inapropiada, que dañaría el momento se excusaba. Segundo, era una cita, no el viaje de luna de miel. Podrían no volver a salir y quedar como amigos. Nada del otro mundo. y si al final seguían saliendo, ¿Qué le importaba a él? Era solo un miembro o culo para que Dani follara y viceversa. Era la razón por la que tenían la relación que tenían. La única ventaja de la misma.
Si Daniel lograba entrar en una relación completa, lo menos que podía hacer era alegrarse por él.
Y a pesar de la lógica de todo su razonamiento, Luciano no podía alejar ese sentimiento. Ese que ya sabía que nombre darle: celos.
Estaba celoso, y no podía evitarlo.
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—¿Cómo te fue? —preguntó Luciano en cuanto Daniel pasó por la puerta. Luego, claro de fingir estar viendo televisión desde la cama y no esperándolo.
—Saldremos de nuevo el domingo —respondió Daniel, dejándose caer en la cama y suspirando. El suspiro de los que iban en camino a enamorarse.
—Genial —respondió Luciano, apagando el televisor—. Creo que nuestros días de juego están por terminar.
—Sí, puede ser —asintió Daniel—. Veamos como sigue.
—Bueno, entonces…
Luciano se montó a horcajadas sobre Daniel mientras se sacaba la remera. Sabía que había sido una buena idea ver televisión sin pantalones—. Mejor vamos teniendo la despedida.
Daniel pareció dudar por un segundo.
—Vamos —instó Luciano con una sonrisa lasciva, moviendo sus caderas sobre el regazo de Daniel, frotándose contra su regazo—. Antes de que se vuelva serio, mejor tener un último.
Daniel sonrió y con eso Luciano supo que si tendría acción esa noche. Bajó su rostro y pronto estuvo mordiendo los labios de Dani.
Daniel por su parte, paseó sus manos por la espalda desnuda de Luciano, introduciendo una de ellas dentro de sus bóxers, acariciando un glúteo de su compañero para luego apretarlo con fuerza.
Luciano interpretó esta caricia cómo la señal para ir preparando el culo. Y eso estaba bien, dejaría a Daniel hacerle todo lo que quisiera. Y luego el demandaría el mismo favor.
Lo que nunca le diría sería hablar de sus celos ni de cómo tal vez podía estar sintiendo algo por él. Porque para su desgracia, Luciano no era tonto. Sabía que algunas cosas eran mejor no decirlas.