Viuda Negra
Resumen: Ten cuidado a quien dejas entrar a tu vida, aunque sea por un instante. Manuel tiene las experiencias para aconsejar eso.
Advertencia: Este fic contiene rape. Es un Chile/Ciudadano.
Notas: pagando trades, uno para witchpaprika
Viuda Negra
La primera vez que lo vi, fue en ese club nocturno. Él se paseaba entre la gente que bailaba cómo loca. Su forma de caminar era como si se deslizara entre las personas. Por la expresión en su cara, me parecía que ignoraba todo lo que ocurría a su alrededor, como si fuese algo a lo que estuviese más que acostumbrado. Eso fue lo primero que me atrajo a él. Lo demás, fue su apariencia, un buen cuerpo vestido de jeans negros y una chaqueta del mismo color. Arreglado, delicado, pero sin perder su masculinidad.
Me volteé a encarar al muchacho con el que había estado hablando, quien me estaba rechazando encantadoramente todo el tiempo.
—Ya perdiste tu oportunidad —le dije, sonriéndole con sorna y levantándome para seguir a ese joven con la genial chaqueta, de mismo color que la mía. Que puedo decir, el negro me queda bien.
Me apresuré a pasar entre la gente, temiendo perderlo de vista. Lo encontré justo cuando ya estaba saliendo del club.
—¡Hey! —Le llamé, poniendo la mano en su hombro—. ¿Ya te vas?
El giró su rostro, mirándome sin ningún tipo de expresión en particular. Pero wow, que falta de interés se le notaba.
—Adiós —fue lo que dijo, quitando mi mano de su hombro y siguiendo su camino.
—¿Me dices tu nombre? —insistí, caminando detrás de él.
—No.
—¡Por favor! —modulé mi voz para tratar de sonar encantador, pero sin llegar a ser latoso.
El se volteó a verme por encima de su hombro y sentí un escalofrío. Obviamente eso no funcionó.
—Deja de seguirme —dijo, y su orden pareció más una amenaza.
—Dime tu nombre y no te sigo más —le prometí.
—Manuel —respondió él.
Dicho eso, siguió su camino. Sonreí. Actuaba como si no le interesara, pero terminó diciéndose su nombre. ——————————————————————————————————————
Manuel ciertamente es especial. No puedo sacarme su imagen de mi mente. He sido rechazado antes, así es la vida. Pero eso sólo me hace olvidarme de mi blanco para ir por otro sin darle ninguna importancia. Esta vez si me importó, y mucho. Volví al club, tomé a otro chico, llevándolo a mi habitación. Pero no importaba cuantas veces me lo cogiera, era la cara de Manuel la que veía al hacerlo.
—Manuel…Manuel… —repetí para mí mismo, con los ojos cerrados, entrando y saliendo lentamente del muchacho, sujetando sus caderas con fuerza mientras oía sus gemidos de borracho.
Dejé a mi invitado de la noche en un motel y le pagué la habitación. No me gustaba dejarlos amanecer en mi casa, la quería limpia por si tenía que recibir más invitados. En este caso, preparada para recibir a Manuel, porque lo tengo que tenerlo en mi cama pronto o voy a enloquecer.
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Casi pego un brinco al techo de la alegría al verlo la noche siguiente en el club. Al parecer lo frecuentaba. Esta vez estaba sentado en la barra, mirando un trago que no se tomaba con una expresión seria.
Me senté a su lado y de inmediato trate de iniciar una conversación, para ser ignorado.
—Que sepas mi nombre no te da derecho a hablarme —me dijo sin recato alguno.
—¿Me recuerdas? —le pregunté.
—El acosador de anoche, si te recuerdo.
Reí un poco.
—Perdón, estaba un poco borracho y realmente me gustaste.
—Si estar borracho fuera una excusa, que felices se pondrían la mitad de los presos.
Volví a reír, encontrando el comentario realmente gracioso. Me presenté, y continué hablándole, pedí dos tragos y le pasé uno de ellos luego de una revisión rápida.
—No recuerdo haber aceptado una invitación —me dijo, mirándome de reojo.
—Hey, tampoco te estoy proponiendo matrimonio —le respondió, tratando de sonar relajado—. Lo más que puede pasar, es que bebas gratis y me dejes aquí. Así es la vida.
Por primera vez, Manuel sonrió. Un poco, pero fue suficiente para incendiarme por dentro. Y para rematarlo todo, aceptó mi trago.
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Minutos de tomarse el trago, Manuel empezó a abrirse un poco más. Finalmente me hacía conversación, y aprendí un poco de él. Estaba en la universidad, vivía sólo en su apartamento en compañía de su gato. —Joder, que calor hace aquí —dijo de pronto, soltando un resoplido.
—¿Te sientes bien? —le pregunté, tratando de ocultar mi sonrisa al verle cabecear.
—Algo mareado —me dijo, paseando una mano por su frente—. Y con calor. Creo que mejor me voy.
—¿Te llamo un taxi? —le ofrecí, poniéndome de pie al mismo tiempo que él.
—Gracias —me dijo al verme teclear en mi móvil sin esperar su respuesta. Eso me confirmó que no vivía tan cerca del club cómo para irse a pie. Le ofrecí a esperar con él el taxi en la salida, a la otra cuadra del club.
No dijo que sí, pero tampoco se negó cuando empecé a caminar junto a él. Ambos nos paramos al otro lado de la cuadra, viendo a la gente ir y venir. Él esperaba por el taxi que nunca llegaría, yo por el momento en que la droga que puse en su trago surtiese efectos más potentes.
Manuel suspiró, tambaleándose un poco, mi oportunidad para tomarlo por los hombros con una expresión preocupada.
—Um, ¿quieres ir a mi casa? Vivo cerca. Y prometo no hacer nada, jaja —dije, sonando algo relajado y bromista—. Pero creo que algo de agua fría te vendría muy bien. Podemos volver a llamar el taxi desde allí.
—No, estoy bien —respondió Manuel, pero no parecía convencido de sus propias palabras.
—Pues a mí me pareces que va a vomitar —le dije con tono preocupado, casi alarmado—. Vamos, mejor en mi baño que en la calle.
Le apretujé un poco los hombros y empecé a caminar, y tuve que contenerme al ver cómo Manuel caminaba conmigo. Había sido una noche de espera, pero diablos que se sintió cómo una eternidad.
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Apenas entramos lo llevé directo a mi cuarto, dejándole pasar a mi baño.
Manuel no pareció preguntarse por qué lo llevé al baño del cuarto principal en vez de al común, más bien me agradeció y se encerró en el mismo.
Yo atiné a decirle que iría llamando al taxi, para luego dejarlo en el baño y empezar a prepararme. Música, sabanas nuevas, esposas, lubricante, condones.
Cinco minutos después, abrí la puerta del baño con mi baño para encontrarlo dormitando recostado sobre la tapa del inodoro.
Sonreí, ayudándolo a ponerse de pie. Sonreí aun más cuando recostó su cabeza en mi hombro mientras le ayudaba a caminar.
Finalmente lo dejé caer sobre mi cama, y tuve que pausar un momento para verlo. Finalmente estaba ahí, con sus brazos extendidos, y una expresión hermosa, sobre mi cama, esperando por mí.
Me colocó sobre él, empezando a depositar besos sobre su cuello, mis manos trabajaron para abrir su chaqueta, dejando al descubierto la camiseta roja debajo de ella. No dudé en introducir mi mano en su interior, acariciando su torso, llegando hasta su pecho.
Manuel gimió y giró la cabeza, frunciendo el seño.
Fui más directo, le saqué la chaqueta, luego la franela. Finalmente abrió los ojos al momento en que le desabotonaba los pantalones.
—Me dijiste que… —empezó a decir, dándose cuenta de su situación. Su mirada se tensó un poco.
—Te mentí —le respondí—. Miento mucho. Es que no podía dejar que te me escaparas otra vez. Tú y yo vamos a divertirnos, Manu.
Me senté sobre su estomago mientras tomaba las esposas que ya estaban en la cama. Reí cuando Manuel empezó a manotearme débilmente, tratando de quitarme de encima.
Agarré sus manos sin dificultad, esposándolo y luego sujetando las esposas al agarre en el espaldar de la cama, eliminando así la última dificultad en su objetivo, teniendo ahora todo el cuerpo del joven para él.
—¡Déjame ir!—gritó Manuel, pero adormilado cómo estaba, no era un grito que la música no pudiese ahogar.
—¿Eres virgen? —le pregunté—. ¿Lo quieres suave o duro?
Me reí cuando me maldijo cómo respuesta, desmontándome de su estomago, terminando de desabrochar sus pantalones y bajándole el cierre. Tiré de ellos para sacárselos, obteniendo un par de débiles patadas en el proceso. Lo siguiente fue cortar sus bóxers rojos con un cuchillo. Me reí al pensar en que se tomaba la molestia de combinarse tanto. Estaría desgarrada, pero su prenda sería el recuerdo del encuentro. Terminé sugetando sus pies con las amarras al borde de la cama, dejándolo así extendido sobre la misma, solo para mí.
Me desnudé rápidamente, quitándome toda prenda y quedando ambos en mismas condiciones. Finalmente, me recosté sobre él, dispuesto a saborear el premio de todo mi trabajo.
Besaba sus labios, lamía su cuello. Mis manos paseaban por su cuerpo, sujetando, apretando. Movía mis caderas contra las suyas, frotando mi erección contra su miembro dormido. Ya no le prestaba atención a Manuel y sus gritos adormilados, él ya había tenido suficiente te mi atención. Ahora era mi turno de disfrutar.
Sonreí al sentir la erección de Manu finalmente despertarse contra la mía. Se estaba sintiendo bien, y esa era la prueba.
—Te voy a hacer aullar —le susurré, luego levantándome de encima de él. Rápidamente abrí un condón, busqué el lubricante y lo apliqué varias veces. Me coloqué de rodillas frente a la cama, unté mis dedos con lubricante de forma abundante y los introduje en medio de las piernas abiertas de Manuel.
Esta vez gritó con fuerza. Todo su cuerpo se tensó y sus intentos por soltarse se volvieron tan fuertes que seguramente se lastimó las muñecas. Dos dedos al mismo tiempo podían hacer eso con los poco experimentados. Genial, eran mis favoritos.
Los saqué de nuevo, y volví a entrar uno, pero más despacio. Su cuerpo intentó sacarlo, pero insistí.
—Tengo juguetes hechos para abrir culos cerrados cómo el tuyo —le avisé—. ¿Quieres eso? ¿Quieres que te ponga juguetes? Mira que si lo hago, tendré que tomarte fotos para el recuerdo. Si no quieres esto llegue al Internet, entonces deja de gritar y compórtate.
Manuel dejó de moverse y gritar, pero su cuerpo seguía resistiéndose. Estaba bien, ¿Dónde estaría la gracia si fuese fácil?
Seguí jugando con mi dedo dentro de él, añadiendo otro poco después. Luego el tercero.
—Oye, ya te entran y te salen cómo agua —le halagué—. Pero que buen putito eres, mira cómo ya te babea el pico.
Tomé su miembro con una mano, empezando a masturbarlo, parando un par de veces solo para continuar el trabajo dentro de mi boca. No acostumbraba a dar mamadas, pero Manuel se las había ganado.
Él giraba el rostro de un lado al otro, cerrando los ojos y mordiéndose los labios. Joder, que era demasiado bueno verlo así.
Quité las amarras en sus pies y subí en la cama, colocando sus piernas a cada lado, quedando yo en medio de ellas y con mi pico en mano, la cabeza ya tocando tentativamente la entrada de Manuel.
—Estamos haciendo un video Manu —le mentí—. Si te portas bien, te lo daré al final.
No esperé a ningún tipo de reacción, lento, pero de forma firme, oyendo sus gemidos y sonriendo ante ellos, penetré su culo.
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No pude calcular cuánto tiempo pasó entre mis embestidas suaves y el momento en que empezó a cogerlo de verdad. Sencillamente estaba demasiado absorto en cómo se sentía el culo de Manuel para poner atención a eso.
—¿Te gusta?! —Le preguntaba, acelerando mí ritmo—. ¡Claro que te gusta! Todos los putos son iguales. Se la dan de serios al principio, pero lo único que quieren es mi pico entre sus piernas.
Era orgásmico verlo gemir entre dientes a cada una de mis embestidas, retorcerse mientras mis manos tocaban todos sus puntos sensibles. Iba a hacer que se corriera.
—Si tratas de correr, pongo el video en Internet —le amenacé, tomando pausa para soltar las esposas del agarre en el espaldar de la cama. Le hice voltearse, y me coloqué sobre él. Ahora estaba aun más adentro de él, ambos lo sentíamos y ambos gritamos por ello.
Me iba a correr, lo sentía.
—Me voy a correr —le avisé—. Me voy a correr dentro de tu culo, Manu.
—Sácalo —susurró bajamente—. Por favor, sácalo.
—Me vengo, me vengo…
Lamí su cuello, jadeando y dejándole sentir mi aliento mientras me corría.
Manuel sollozó un poco, quedándose quieto.
—Tú también —le dije, saliendo de él y tomándolo del hombro para hacerlo voltearse. Reí al ver su erección totalmente erguida. Comencé a masturbarlo, haciéndolo quejarse y retorcer su cuerpo en protesta. Pero no pasaron diez segundos antes de que Manuel se corriera sobre su pecho.
—Maldito —dijo suspirando, parecía que iba a romper a llorar en cualquier momento.
—Manu, tú y yo vamos a divertirnos mucho —dije, mientras me acercaba para darle un beso en la mejilla. La noche era joven. Y yo me imaginaba cogerlo de pie contra la pared. Presionar con lo del video y hacerlo darme una mamada, luego volver a cogerlo, pero esta vez con dejar que fuese Manuel quien se sentase sobre su pico y se cogiera a sí mismo. Después de la primera cogida, todos se ablandaban. En ese sentido, Manuel no era especial.
—No lo creo, ya perdí el interés —respondió Manuel, recuperando ese tono autoritario que tenía antes.
Lancé un gemido ahogado al sentir algo estrechar mi garganta. El mundo comenzó a dar vueltas, y cuando me di cuenta, estaba contra el piso, Manuel sentado encima de mi pecho, y su mano sobre mi cuello, apretándolo con fuerza.
—Bueno, eso fue entretenido —decía calmadamente—. Ustedes los pervertidos realmente son buenos juguetes.
No sabía que decir o que pensar. El mundo se había volteado y ahora era Manuel quien tenía el control. ¿Y la droga? ¿y las esposas? ¿Por qué no podía quitarme esa mano de mi cuello por más que tratase de zafarme?
— ¿Te ves confundido? Veamos, cómo te lo digo… —Manuel me sonrió con malicia, y empecé a temblar—. Entiendo que elijas chicos para drogarlos y aprovecharte de ellos porque crees que nunca hablarán. Después de todo, son heterosexuales y deben proteger esa identidad. Los abusas, haces que hagan todo lo que pidas y los dejas por ahí tirados. Nadie se entera. Un crimen perfecto. Pero yo soy un país, yo si me voy a enterar si hay un maniaco aterrorizando a escondidas parte de mi gente. Y tomaré cartas en el asunto
Manuel se encogió de hombros, riéndose un poco. Era una risa siniestra.
—Y que mas puedo decir, ¿quizás me excita un poco este tipo de sexo? La violencia, el descontrol, el engaño de hacerme el indefenso cuando realmente pude romper tu cuello cuando quisiese…
Mis ojos buscaron por toda la habitación, pero lo único que podía ver era el techo y a Manuel. Papeé con una de mis manos los alrededores del suelo, en busca de encontrar algo con que golpearle. Me topé con algún tipo de tela, y vanamente se la tiré a la cabeza. Ahí fue cuando vi rojo.
—Negro y rojo —dijo, sacándose su franela de la cabeza y lanzándola detrás de sus espaldas—. Los colores de la viuda negra.
Fue allí cuando finalmente entendí lo que estaba pasando: Manuel era una trampa. Y mientras hacía mi propio plan, sin darme cuenta, caí en su telaraña.
—Dicen que antes de morir, la última memoria es una imagen. Mírame bien, infeliz —me dijo, mientras la presión en m cuello aumentaba. Sentí que podía desmayarme en cualquier momento—. Puedes llevarme contigo, como la memoria de quien te asesinó.
Mi última memoria, fue un sonido, y la cara de Manuel desapareciendo de forma borrosa.
FIN
Y pagando trades…finalmente. No advertí de ese plot-twist, espero les haya gustado xD Y si encuentras faltas ortografías, me dices en donde. O si les gustó y llegaron a leer esto completo.
El pedido: “Manu because is my bitch pero desde la perspectiva de un ciudadano normal que esta obsesionado con el ( porque a mi me encanta las relaciones país-ciudadano que se dan en hetalia) y que sea tipo acosador y bueno, como siga lo dejo a tu elección (puede ser bien sangrientamente explicito o pervertido explicito o ambos xD)“ No me pedían rape específicamente, y cómo Manu es un país, pude jugar con eso.
El trade era a cambio de mis ancestros (cuatro trainos jovenes plus dos grandes) Gracias al cielo sólo me pagó cuatro adelantado y ahora ya puedo empezar a pagar back, so unpausando esto. Ask me for the epilogue later.













