Mierrrdaaa, ya me tragué de un treinton 😭😭
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he loved her too early and she loved him too late
Márcio Fogaça de 22 anos, e Thalita Madeira de 20 anos, acabaram morrendo em um trágico acidente que aconteceu no início da noite desta sexta-feira (26), no bairro Portão, em Curitiba, capital do Paraná.
Márcio Fogaça de 22 anos, e Thalita Madeira de 20 anos, acabaram morrendo em um trágico acidente que aconteceu no início da noite desta sexta-feira (26), no bairro Portão, em Curitiba, capital do Paraná.
As vítimas ocupavam uma moto quando acabaram se envolvendo em uma colisão com um veículo Jeep Compass que era ocupado por uma mulher. Márcio acabou morrendo no local já Thalita chegou a ser socorrida e levada ao Hospital do Trabalhador, mas devido aos graves ferimentos ela não resistiu e morreu. Os corpos foram encaminhados ao Instituto Médico Legal de Curitiba. A morte dos dois jovens geraram…
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I choose passing out instead of passing classes
my friend
traga
Pienso en un verso de Olga Orozco, viene a mí mientras busco algo más en el cajón o en el bolsillo. “Puede crecer en ti como la mordedura de la lepra”. Empiezo a hablarle y una ansiedad me hace cosquillas en la garganta. "Hablar” es incorrecto. Todo ocurre por escrito. Le escribo. Tecleo a toda velocidad y no es suficientemente rápido. Hasta que todo se congela. Una palabra. Podría ser cualquier palabra, podría ser apenas una interjección. Y me quedo estática frente a la pantalla. De fondo Chet Baker, porque claro que he vuelto a las mismas canciones como vuelvo a los mismos errores. Me parece sentir una opresión que ha remplazado las cosquillas, una opresión en el esternón. Como ya la conozco no me corta la respiración de tajo, apenas hace que inhale mucho más despacio, exhale mucho más despacio, disminuya el movimiento de los dedos. Lentamente mi cuerpo entero va pesando y puedo notar cómo se hunde un poco más en el colchón. Me agarro el estómago y lo giro como un trapo que tengo que escurrir y me lo vuelvo a acomodar para no sentir su vacío. Es hambre, sí. Pero no de pan. Es hambre de quien alimenta.
Una migaja y puede crecer en ti como la mordedura de la lepra. Un gesto, inocente monstruo. Y entonces me viene la urgencia de confesarme. No sé si se me ocurre que a si voy a ser absuelta de ser yo, cuántas repeticiones habré de hacer de qué oración para disolver lo que con tanto hábito he ido creando. Esta oscilación. Esta urgencia. La mandíbula desacomodada de tanto masticar un discurso inútil. Me enseñaron a querer los que no saben. Madre cuya piel se mantiene fría y Padre que siempre busca otro calor y yo que solo quiero el abrigo, la saciedad, he aprendido a conformarme con poco. La mandíbula desacomodada de seguir y seguir volviendo a lo mismo. O tal vez porque la apreto demasiado en la noche, con un miedo que se me mete por la pierna derecha, que es la torcida, y no me deja extenderme mejor. Hay heridas que no puedo abrirme porque están entre el tendon y el músculo, no las puedo exhibir al sol de la piedad, hay heridas que no sé bien dónde están y no puedo tocarlas para hacerles sana que sana y cerrarlas después. Entonces las rodeo con lenguaje, y el lenguaje las mantiene contenidas hasta que el lenguaje mismo hiere y yo insisto en él. No puedo no insistir. Otra migaja, por favor, otra miagaja, con la lengua afuera esperando la comunión y trago solo el aire y eructo. Me agarro el estómago y me lo vuelvo a acomodar, muevo un poco el diafragma y los pulmones se ajustan solos. Hambre de quien no extiende la mano, hambre de la mano, del contacto, hambre de juntarse como los animales se juntan y se muerden y se aman.
Este fervor de alguna espera, la de poder volver a existir en otro, la de verse desde afuera, la de la lengua que enseña la lengua y se vuelve al origen sin palabras.