Que desgracia, pensé que habíamos escrito un romance pero resultó ser una tragedia.
—Ann.
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Que desgracia, pensé que habíamos escrito un romance pero resultó ser una tragedia.
—Ann.
TRANSEÚNTE
un azud invisible murmura a lo lejos por una carretera que huele a adelfas a la derecha carretera de Inokashira un poste indicador grabado en 1722 (justo dos siglos antes de nacer yo) mirando a la izquierda vi a Taigyo adelantado a lo lejos iba a llamarlo cuando me atraganté cayendo en que ya no estaba en este mundo pasé la puerta y vi a alguien de antaño... noche de otoño
seis años antes 1716 en este mismo hito un hokku del maestro nacido en la aldea de Kema ahora no es otoño sino primavera tardía aquel alguien del pasado ¿sería un viejo conocido o uno que ya no estaba en el mundo? sea como sea de este mundo han partido uno tras otro todos los que conocía Gyogyo del grupo de renga de Taigyo falleció de pronto aquel mismo noviembre se van de este mundo ¿pero adónde? se vuelven polvo levantado en el cielo lejano un azud invisible olor de adelfas o quizá caminan ahora a mi lado pasé por la puerta un transeúnte yo también escribió aquel maestro del dieciocho él también...
Naka Tarō
El día comienza en tu piel.
Amanece. Tu cuerpo se encuentra tan cerca del mío como alguna vez te había soñado. Una luz tenue te ilumina y yo te contemplo, aún tú dormida. Mi mirada recorre con detalle la piel que las sábanas han dejado expuesta. Me resulta intrigante como la misma ternura que me inspiras al verte dormir también alimenta mis bajas pasiones.
Me pregunto que pasaría si mis manos se aventuraran a explorar bajo la tela que todavía te cubre, cuál sería tu reacción al percibir mi tacto. Las dudas se disipan cuando las ideas se transforman en acciones.
Con ritmo semi-lento mis yemas comienzan a posarse sobre tus caderas, se deslizan sobre ellas como queriendo memorizarlas, buscando refugiarse en tu calor. Tu sueño permanece invulnerable así que me atrevo a continuar con mayor intensidad, persiguiendo los contornos de tu cuerpo mis ávidas caricias circulan hacia tus nalgas bajando hasta tus muslos.
Es entonces cuando finalmente despiertas, tus manos instantáneamente apresan las mías y en lugar de detenerme son ellas las que ahora me guían por tus piernas para después escalar por tu vientre hasta detenerse sobre tus senos. Haces cerrar mis brazos para rodearte y pegarme a tu espalda desnuda, pudiendo sentir mi respiración en tu nuca.
Ahora te volteas hacía mí, en tu mirada puedo distinguir un toque de coquetería que al mismo tiempo roza en la timidez; tus manos ahora son las que se colocan sobre mi pecho y de inmediato te acurrucas en él.
Tu cuerpo está tan tibio y, piel con piel, se pueden percibir la intensidad de los latidos. Te abrazo. Mis dedos inquietos comienzan a dibujar palabras en tu espalda. Poso mi cabeza entre tu hombro y tu cuello y con la nariz te recorro aspirando tu aroma cual adicto, ocasionando que tus caderas choquen contra mí. Ya nuestras excitaciones son palpables. Un beso afilado se precipita sobre mi labio inferior, tus ojos me miran y me dicen: Deséame, desátame.
-Transeúnte
345
Te he nombrado esta noche entre sórdida oscuridad es tu voz, mi ansiedad, que muerde mis pasiones
Abrazando mi soledad percibo tus mórbidas manos mi silueta vas besando cubriéndome de humedad
Con el roce de nuestras sombras este deseo se inflama y bajo el filo de las bocas el silencio se desangra
Se perfuma la madrugada con el sudor de los cuerpos, del sueño escaparemos hasta que la piel nos arda.
Transeúnte
Naufragio.
Son esos ojos tuyos, de color profundo, de mar salvaje, que me adentran con cada ola que parte de ellos, en su corriente me atrapan y me hunden con cada embestida hasta que finalmente me escupen en las arenas de tus párpados. Así sucede cada día el naufragio en tu mirada.
-Transeúnte
He pervertido el umbral de tus sueños y, evocando a los vampiros, mientras duermes te he poseído, dejando en tu piel testimonio de que tu elixir de vida ha sido mío.
Transeúnte
Grabada en mi retina tengo tu entrepierna, dulce escuadra de piel, objeto de mis complacencias.
Transeúnte
Excitante es sentir el roce de sus labios en el borde de mi oreja, escuchar su voz confesando que se ha tocado teniéndome presente en sus pensamientos.
Transeúnte