Talk To You Mañana
Otra de las razones por las que ni bien me levanto quiero que termine el día es porque a menos que tenga algo planeado, lease actividad que involucre alcohol y amigos, viaje, etc., me aburro; o más bien me da ansiedad que no pase nada.
Admiro a esa gente de campo que trabaja desde que sale el sol hasta que se pone, que disfruta de un mate mirando hacia al horizonte con una mirada de mil millas y así pasa sus días, sin cuestionarse si lo que está haciendo aporta a la evolución de su espíritu o persona, sin sentir que tendría que suceder algo más que no está sucediendo.
Hoy segundos antes de que yo pasara por determinada cuadra de la calle Yrigoyen en Martínez, un auto se estrelló contra un negocio. Rompió toda la vidriera y más. Cuando pasé el auto ya no estaba en el sitio y me parece una boludez esa gente que pregunta que pasó o que se queda mirando mientras el dueño del local junta los vidrios y escombros de lo que era su fachada. Hoy atenté contra mi naturaleza y pregunté, simplemente porque fue lo más emocionante de mi día; un accidente que le pasó a otro. Algo de lo que ni fui testigo. Lo siguiente más emocionante de mi día fue caminar por Martínez y que hubieran calles completamente oscuras porque había apagón. Soy fan de los apagones, me relajan y me reconforta que se pueda parar el mundo de esa manera tan fácil y simple, como cuando había apagón en la oficina y te mandaban a tu casa, o ni eso, ya sin internet no se podía trabajar. Mágico.
Quizás la vida son esos pequeños hechos de color, anecdotitititas que después ni recuerdo o no cuento a nadie porque no me parecen significativas y cada tanto algún hecho remarcable, pero siempre esperamos más y si no pasa hoy (¿por qúe no hoy?), pasará mañana. Siempre mañana.











