La noticia de que Pandora y Dante se iban a casar había salido en todos y cada uno de los periódicos de la ciudad. Ni siquiera a las afueras se pudo salvar de enterarse de aquella “trágica” noticia. Magda desde el momento en que había terminado con Dante siempre mantuvo la esperanza de que él podría regresar por que sabía que su único y su verdadero amor era ella y nadie más. No tenía nada en contra de Pandora, pero cada vez que veía alguna foto de ella le quería romper el cuello por meterse entre ella y Dante. Claramente la culpable de todo había sido ella. Jamás se percato de que Magda con el paso del tiempo se había vuelto demandante, celosa, manipuladora y una completa obsesiva. Aquellas pequeñas cualidades se habían más presentes cuando buscaba la forma de enterarse de toda la vida de Dante, desde los lugares que frecuentaba seguido, para poder verlo a la distancia, hasta los horarios en los que se encontraba con Pandora en su departamento, solo para torturarse con la simple idea de que seguramente estarían encamados en ese preciso momento. Después de dos largas semanas, cuando entre tiempos supo que Dante pasaría la noche en su departamento, decidió que era el tiempo correcta para visitarlo y hacerlo ver... que estaba muy equivocado y que con quien debería de estar comprometido era con ella. En cuanto el chico entro a su departamento Magda llegó a la puerta del lugar para tocar el timbre un par de eces, ansiosa, demostrandolo en cada vez que se mordía el labio inferior, en como jugueteaba con sus dedos sobre su ropa y como veía a todos lados sin poder enfocarse en algo. Cuando la puerta abrió le regalo la sonrisa más grande y amable de todas, casi sentía la necesidad de besar al chico pero se contuvo demasiado, no podía arruinar todo tan rápido. -Hola Dante... espero que no te moleste mi visita.-