Umbralejo: un pueblo del sueño
Digamos que por suerte o desgracia, mas desgracia que suerte, tengo que ir dos veces al año a Umbralejo. Yo voy con mi familia en el coche y me siento un poco como Frodo Bolsón ¿no? Ese pobre desgraciado que abandona el paraíso para ir al infierno solo por llevar un anillo que podía haberlo vendido en el ‘’compro oro’’ que hace esquina con la comarca y con el dinerillo haberse ido de elfas con Sam y con Bilbo, pero bueno. Mi ‘’anillo’’ son mis abuelos y si alguien sabe donde los puedo vender... llamadme.
nada mas entrar a Umbralejo ya me quiero ir, así que entro en el juego del soborno: - Papá, te juro que si damos media vuelta hacemos maratón de todos los documentales de Felix Rodriguez de la Fuente - pero nada.
- Mamá, si damos media vuelta te prometo que te llevo de publico al próximo Sálvame Deluxe, en primera fila- pero nada de nada .Ahí empiezan mis superchachi vacaciones en Umbralejo, un pueblo del sueño.
Nada mas poner un pie en el suelo, la angustia invade mi ser, vosotros no sabéis lo que es vivir sin cosas tan vitales como puede ser la electricidad, el agua y por supuesto la cobertura.
Mi madre me lleva a rastras, cogiéndome el brazo, mientras yo lloraba la muerte de mi inseparable y gran amigo WiFi, siempre en nuestros corazones♥.
Se que muchos de vosotros estaréis pensando ‘’Recorcholis Marta, algo tendrá Umbralejo’’. Pues si, algo tiene, ancianos del periodo cretácico, en peligro de extinción debido a la caza furtiva por sus valiosas pieles arrugadas a lo papada de Esperanza Aguirre. Una prestigiosa universidad estadounidense con nombre impronunciable, investigó cuales serian los seres vivos que sobrevivirían a una bomba atómica y estos fueron: las ratas, las cucarachas y los abueletes de Umbralejo.
Uno de los encantos del pueblo son los temporales. Tan pronto te conviertes en Frosty el muñeco de nieve en invierno, como en verano te desintegras totalmente.
Una tarde un viejo amochó, se quedo con la pata tiesa, tenia 106 años, para los vecinos de Umbralejo murió joven, aun estaba en la flor de la vida. Claro, esto fue una situación crítica, en el pueblo no hay cementerios ni nada, porque como allí no muere nadie. La última paisana umbralejonense que murió fue doña Australopihtecus Afarensi, Lucy para los amigos. ¿No sabéis quien es Lucy? Si hombre, si, la bisabuela de Jordi Hurtado.
Bueno, pues entre pitos y flautas decidimos dejar al abuelete al sol y una hora después ya era polvo para plumero. Umbralejo S.A, tu crematorio natural de confianza.
Algo que caracteriza al pueblo es su arquitectura. El término ‘’ladrillo’’ es algo totalmente desconocido para los habitantes umbralejonenses. De arriba a abajo, de norte a sur, de este a oeste, absolutamente todo el pueblo está hecho de piedra, en todas su variantes: pizarra, arenisca, cuarcita, caliza, granito, mármol y por supuesto, cantos rodados. Luego esta el arquitecto que diseño el pueblo, ese gran genio. Todos los edificios son exactamente iguales los unos a los otros. El primer día que llegue a Umbralejo, decidida a dar una vuelta por las maravillosas calles de ese encantador pueblo, pues me perdí. Así que guiada por mi instinto y mis dotes exploradoras forjadas viendo programas de supervivencias tales como Dora la Exploradora, llegué a lo que creía que era mi casa. Timbré, y una señora con cara de asco, odio, ira... me abrió la puerta, yo estaba en plan ‘’toma ya, a la primera, hola abuela ¿que tal?’’ Pero no era mi abuela. Yo dije: - Perdón, lo siento, me he confundido, pensé que era mi casa - a lo que la señora me contesta.
- ¿Está ciega? ¿No ve que es el ayuntamiento? Póngase gafas - a lo que yo la dije.
- ¿No ve usted que llevo lentillas?
- ¿Como voy a distinguir sus lentillas?
- ¿ Y como voy a distinguir yo la iglesia del Mercadona cuando todos los edificios son exactamente iguales?
Total, entre timbrazo y timbrazo llegue a mi casa y ¡LA CENA ESTABA FRÍA! ¡FRIIIIIIIA! Así que suponiendo que yo llegue al pueblo en junio, me había tirado buscando mi casa cinco meses.
La gastronomía de Umbralejo es como Umbralejo en si... una mierda. Pero si que tiene algo bueno, el vino. Una nochevieja nos reunimos la familia, como es lógico. Recordemos que en el pueblo no hay electricidad, así que el vino estaba calentorro y de ese modo no entra bien. De hecho creo que somos la única familia en España que seguimos tomando las uvas guiados de un reloj de pared y de los golpes del cazo contra una sartén propinados por mi tía la borracha.
Total, para enfriar el vino podíamos salir a la calle y coger un tempano de hielo que cuelgan del techo, pero el vino enguachinado está asqueroso, así que opte por coger la botella y sacar el brazo por la ventana cinco segundos. El vino quedó de lujo, pero mi brazo se quedó tieso, no puede doblarlo durante un día entero, parecía un muñequito de playmobil.
La vuelta al cole no es tan dura cuando dejas atrás Umbralejo.
Si os van las aventuras y las emociones fuertes, visitad Umbralejo, pero recordad, en el pueblo todo se magnifica.