Lo había anticipado cómo #RecomendaciónCultural. Y ahora, después de ver la puesta del sábado #27septiembre de 2025, en el Teatro Nacional de Cuba, confirmo el éxito de las presentaciones que en estos días ha hecho la compañía Danza Contemporánea de Cuba, para celebrar el #66aniversario de su fundación.
El programa contempló, dicha provoca siempre al verla, el regreso de la antológica #Súlkary, de Eduardo Rivero, un auténtico clásico de la historia de la danza en #Cuba. Y también de #PurpleFools (Los tontos morados), del italiano Mauro de Candia, quién, hasta dónde tuve noticias, reside en Berlín.
La novedad fue el estreno universal de #KatharsisMorphé”, coreografía de George Céspedes.
Con #PurpleFools, Mauro de Candia hace gala en el uso de recursos expresivos bien establecidos en la danza contemporánea. Logra que los mismos alcancen una fusión perfecta con los de otras manifestaciones artísticas, como los de los mimos y los clowns. No hay manera de ver las costuras, la suya es una obra de tejido fino, en ese sentido, una obra de orfebre. Lo hace, además, con una bien colimada ludicidad, en las intenciones y las formas, pero a la vez audaz, con un lenguaje corporal que puede ser comprensible en cualquier latitud.
Esta excelente coreografía De Candia es una de esas piezas que confirman el acierto, ya asentado en los años, de abrir la principal compañía de danza contemporánea de nuestro país al aporte de creadores foráneos. Hace bien #DCC en mantener esta pieza en su repertorio, por muchas razones, por su calidad entre ellas, lógicamente, pero también por su carga de humor, a veces cáustico, que se aviene muy bien al temperamento e intensidad expresiva de los bailarines cubanos.
La obra exige un histrionismo contenido, pero lleno de agudos matices, un reto clave para solventar, en las dimensiones de un teatro, el juego irónico al que recurre el coreógrafo para decir su verdad. En general los bailarines que subieron a escena lo logran, pero algunas de las bailarinas requieren aún poner mayor empeño dramático. No basta con haber ensayado los movimientos, hay que estar inmersos todo el tiempo en el personaje.
En algunos breves instantes, en los que era necesario, percibí falta de sincronización de movimientos entre dos o tres bailarinas. En puestas anteriores ese aspecto había sido logrado en modo meticuloso.
La banda sonora, que mezcla la música de Hoffenbach, Rossini, Vivaldi, Mozart, Shostakovich, Bach y Ponchielli, tiene algunos momentos deliciosos.
El diseño de vestuario, a cargo del propio coreógrafo, es funcional. Casi me atrevería a decir que es un componente sutil del divertimento caustico buscado por De Candia.
#Súlkary fue la segunda pieza en subir a escena. El magisterio de su coreógrafo, el tiempo y los diversos públicos la han consagrado como obra primordial de la danza contemporánea en nuestro país. Entre sus valores y con una originalidad que sigue atrapando admiración de distintas generaciones, está la fusión fabulosa de raíces que hoy son vitales en las venas de nuestra identidad, provenientes de la África madre, en especial naturalezas de bailes yoruba y arará, incorporados a la técnica de danza moderna cubana.
Tuvo Súlkary su estreno mundial el 13 de mayo de 1971, en la sala García Lorca del hoy Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Más que una excelente obra, es una cordillera soberana de clímax danzario, que subyuga de punta a cabo, sin mengua, a públicos cambiantes, distantes en el tiempo y las geografías, pero siempre sorprendidos ante una exaltación perfectamente elaborada de la cópula y la fecundidad.
De los seis artistas en escena, dos bailarinas y dos bailarines estuvieron muy bien. Es de agradecerles la entrega artística, el compromiso al asumir una obra que es un exigente clásico. Con mis fuertes aplausos les expresé el disfrute que tuve al verlos bailar. Y cuando lo hacía, era imposible no recordar a otros protagonistas precedentes.
Para quienes hemos visto varias veces esta obra, en mi caso, desde finales de los años ’70, y disfrutamos de los bailarines que fueron pioneros en su interpretación, es difícil dejar de referenciar, por ejemplo, a Luz María Collazo, con sus cualidades danzarias exhibidas con un porte y hermosura mítica. Y claro, imposible olvidar la magistral asunción de Isidro Rolando Thondike (verlo en una de las fotos que acompañan este texto) en el rol de la figura masculina central; la suya era casi una transfiguración real-maravillosa, diría Alejo Carpentier. Isidro bailaba esa obra como poseído por fuerzas y razones muy profundas. Su ejecutoria en Sulkarí fue y sigue siendo consustancial y referente indispensable para entender y lograr la excelencia en su interpretación.
Creo, por otro lado, que el diseño de luces, a cargo de Ramiro Maceda, es virtuoso componente de la exquisitez y la eficacia en el impacto que sigue causando Sulkary. Y es especialmente efectiva en ese momento en el que el fondo del escenario se plaga de un rojo que es sangre de vida henchida y sobre las tres parejas descienden halos de luz azulada, justo en el instante de la cópula, con ese fálico rol de los bastones desde la profundidad de los cuerpos apuntando a la inmensidad de lo supremo. Puro magisterio metafórico para la escena cubana.
Por último, aplausos, aplausos, aplausos fuertes para esa banda sonora, grabada, a cargo de la orquesta folclórica de Danza Contemporánea de Cuba. Es la apoteosis extraordinaria de las fuentes africanas que hoy conforman la intangibilidad identitaria que nos hace cubanos.
Para el cierre de la noche, llegó #KatharsisMorphé. Una vez más, George Céspedes gesta una obra importante.
El diseño de luces, a cargo de Guido Gali, es de una efectividad protagónica.
Con esta pieza el cuerpo de baile logró una exhibición impresionante de sus dotes técnicas y de su fuerza. El elenco se lució tanto en sus facultades individuales, como de conjunto. Y ello pone en evidencia un compromiso y una disciplina en la entrega como artistas.
Cuando se les ve, moviendo casi sin respiro sus cuerpos en esa apoteosis rítmica y en ese final casi quietos, sobrecogidos ellos, mirando al público y al horizonte indefinido, mientras la voz y la música de Santiago Filiú ocupa todos los resquicios del espacio, no puede uno dejar de agradecer, también sin pausa, el tener en Cuba una compañía que es cima y forja de la danza contemporánea por estos lares latinoamericano-caribeños.
Aunque en algún momento Santiaguito decía que la oscuridad no quiere ilusión, yo creo que, en la penumbra del teatro, está noche, el aplauso rotundo del público agradeció a Danza Contemporánea de Cuba por espolear una vez más la ilusión, que sobrevolaba allí como aquel gorrión inesperado.
En general, creo que fue un acierto el ordenamiento de las tres piezas del programa, sobre todo por los equilibrios estilísticos y las respectivas densidades temáticas.
Me quedan algunos apuntes… después completo y reviso. Mientras tanto, voy publicando y reiterando mis #Felicitaciones a #DanzaContemporáneaDeCuba, en su 66 aniversario.
#Fotos de: Yuris Nórido Ruiz Cabrera, Ángel Ernesto González y de JoCarlos Ruiz
Danza Contemporánea de Cuba
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