Cartas para decir adiós CCLXI
De lejitos te ves tan luminosa. Te siento como si hubiese descubierto un nuevo planeta y, de repente, todo el universo te contempla y te veo flotar, como en la nube nueve. Y quiero estar ahí contigo. Pero estoy relegado a las sombras, coqueteando con el peligro de desearte y no tenerte.
Estás prohibida como la manzana que nos mostró la serpiente. Prohibida como agua que corre y me encuentro sediento en este desierto de hielo.
Acercate, pequeña presa en cautiverio. Te tengo ante mis ojos. Acercate un centímetro, aunque sea para dejar de circundar tu orbita y sostener este lamento que me rompe de día y noche. Acercate para dejar de contemplarte. Acercate y dejad la inocencia detrás, y permíteme robarte el aliento, ser al último que veas al final.