La verdad es que no se por que os estoy contando esto. Es que son las tres y media de la madrugada y todos los demás de la casa están dormidos y yo estoy en la habitación de Josh con Tanze y el tiene ordenador, los dos tienen, nada menos que un Mac y no puedo recordar la contraseña para jugar. Pero he estado pensando en lo del blog que me dijo el señor Nicholls y en que, si escribes algo y lo lanzas por ahí, igual que en el público del béisbol de campo de sueños, podrás dar con tu gente. Probablemente vosotros no sois mi gente. Probablemente sois gente que ha cometido una errata al hacer una búsqueda de neumáticos rebajados o porno o algo así. Pero yo lo lanzó aquí de todas maneras. Por si da la casualidad de que os parecéis algo a mi. Porque estas últimas veinticuatro horas me han echo ver algo. Puede que yo no encaje del mismo modo que encajais vosotros en vuestras familias, exactamente, una fila de fichas redondas en sus perfectos agujeros redondos. En nuestra familia fichas y agujeros eran de otro sitio en un principio y están todos revueltos y un tanto torcidos. Pero esa es la historia. No se si será por estar lejos o por la intensidad de estos últimos días, pero he comprendido algo cuando mi padre se sentó y me dijo que se alegraba de verme y los ojos se le humedecieron. Puede que mi padre sea un imbécil, pero es mi imbécil y es el único imbécil que tengo. Y sentir el peso de la mano de Jess sentado a lado de mi cama en el hospital, oir sus esfuerzos por no llorar por teléfono al tener que dejarme aquí y ver a mi hermana pequeña, que está intentando ser muy, muy valiente en todo este asunto del colegio, aún que me doy cuenta de que sus esperanzas se han esfumado, todo eso me ha echo ver que formó parte de algo. Creo que formó parte de ellos. #UnomasUno (en San Fernando de Apure)